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MADRID- SEVILLA 28 D E E N E R O D E 1 930. NUMERO SUSCRIPCIONES Y SEVILLA DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O V 3 P É SIMOS N. 8.452 ANUNCIOS: MUÑOZ CERCANA A TETUAN, EXTQ B OLIVE, S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. -que eso es- de matricularnos en una de esas Universidades donde se enseñan cosas que el seso atrapa y la sangre no consiente, y de mirar la estatua de la Libertad, en su cubo avizorador, sin entender que ese bulto es Gabriela Austral inaugura hoy su colabo- verdad de palpar para la familia yanqui y ración en ABC. Por encima del elogio está una bufonada para los extraños. el nombre de esta mujer, que ha puesto lo P o r todo esto el chileno caminador se quemás noble de su alma al servicio de un apos- da sin la mota solar del trópico en la miratolado educativo. Maestra. Lucila Godoy, da, y no hay americano efectivo con la i g que ha glorificado el seudónimo de Gabriela norancia de la tierra caliente. E l desperdicia Mistral, vive consagrada al magisterio do- la ocasión de conocer el trópico precisamencente; primero fué en una humilde escuela te en esas Antillas donde su contacto no esrural de su Patria chilena; luego, en valio- calda y es menos mortecino, en estas bandesa colaboración con el egregio pedagogo jas frutales- -aquí el café, cerca la pina, al Vasconcelos, para la reforma de la enseñan- lado la caña, todo junto y cumplido como en za en Méjico, y antes y después en la tribu- una bandeja- y, ribeteando el contorno, el na, en la poesía lírica, en la Prensa periódi- mar refrescador de la palmera de nuestra ca. Méjico ha dado a mi grupo escolar el piel. Pierde también el viajero de la prisa nombre de esta abnegada educadora, cuyos un español donoso y pulido que se habla allí libros sirven de texto en las escuelas de His- y que nadie quiere cambiar por l a lengua panoamérica. De su españolismo certifican con golpe gangoso de cadena del inglés. el orgullo con que evoca su ascendencia vas- Pierde de ver unas ciudades blancas, de arca, el fervor d, e su actuación como profeso- quitectura feudal, pero gaya, que hizo allí ra de español y la devoción con que habla el español jovializado por la luz y el aire de España, así en pn- osa fluida como en es- jóvenes. Y pierde de gozar la hospitalidad trofas donde el vino nuevo fermenta en án- fácil y bella como la hoja de su plátano, foras clásicas. Su vida, que fué rudo- com- que es la antillana, una manera de recibirbate hasta que apareció su primer libro, De- nos que convence de la consanguinidad y solación, trocóse desde aquel punto en mar- como la cual yo no conozco otra que la chicha triunfal. Ángel de la Guarda de la Re- lena. (Algún cubano me dijo, y yo no lo he pública de Chile así llamó Eugenio d Ors olvidado: Usted se siente bien aquí porque a Gabriela Mistral, y doña Blanca de los los pueblos más españoles de la América Ríos la considera como un apóstol que, sin son Cuba y Chile aplastar las flores de. los caminos que hueIgnoramos el trópico nosotros los del Sur, lla, los deja líenos de semilla de enseñanza, de suavidad de virtudes y de esplendor de pero esto no nos impide estar siempre hablando de él como de una cajita hedionda, belleza... donde está encerrado un monito obsceno, Bien venida sea a estas columnas de una guacamaya desatentada de su propio A B C la aportación de la escritora inspira- color y unas guayabas fundidas; todo ello dísima, que ha. lanzado gallardamente dos en revoltura fea de olores contrarios... E l trópico americano es cosa más sólida afirmaciones formidables. En su autobiografía dijo: España tiene mucho que hacer que un fruto pasado y más seria que el tití en América todavía Y en vibrante saluta- del Brasil... Por ejemplo, la fuerza, listada de negro, pero al cabo una fuerza, de Beción a sus hermanos de España declaró: nito J u á r e z la ordenación, puesta a códigos Os fué dada por Dios una virtud tremenda: y gramáticas, pero al cabo ordenación, de el ganar el botín y abandonar la tienda; Bello, y en buena parte, dígase lo que se perder supieron sólo España y Jesucristo, y él mundo todavía no aprende lo que lia visto. quiera, el hombre- Bolívar, magnífico de imaginación y de eficacia, como un plantío de Las Antillas han vivido, yo no sé si muy cafeto o de cacaos esenciales. Cualquier día olvidadas de nosotros o muy olvidadas por un estudiante h a r á su tesis de. Historia cori nosotros, a pesar de ser ellas la linda cintura este rubro, y no habrá torcido el fierro de de las dos Américas- -cintura descalabrada ninguna verdad. Bolívar, un aspecto del Trópico. Naturalmente, otro es, no sólo un como lá unión de ambas. S i n embargo, no están mucho m á s lejos aspecto del trópico, sino él mismo, José que la Costa Rica, a la cual nos sabemos en Martí. Y o soy el trópico bueno me consu pedagogía y su política como nuestra testaría, si me oyese. Esto es cosa de conpalma. L a Habana casi vale Río Janeiro, tarla y explicarla en otra ocasión, sin prisa. como estampa tropical. Puerto Rico conoce Los antillanos de esta generación de la desla terrible experiencia de ver batida su san- gracia, por su parte, tampoco tienen gran gre española con espátula norteamericana gana de ir a ver lo que su sangre hace y- -experiencia que debe interesarnos muchí- logra en el Sur. Dicen que, siendo ya la simo, porque el batidor, en el ensayo, está Cuba y el Puerto Rico unos barrios de mirando con un ojo la isla y con el otro el Nueva Y o r k soltados en el mar, mejor es ir Continente- Santo Domingo es la A n t i- allá a entender m á s o menos al mayordomo 11 a menos fojeada por nosotros, a pesar de del Caribe, y allá me los he encontrado yo, que, en cualquier tiempo, ha prestado maes- en la ciudad con l a imaginación en cemento tro al S u r fosé María de Hostos, antes, a armado, peleándose el día y la noche con el Chile; Pedro Henríquez Ureña, hoy, a la A r- carácter norteamericano, pero bien avenigentina. dos en la pieza del buen hotel, cuyo amoCon todo esto, se viaja poco y nada desde blado de laca blanca y cuyas llaves de agua la América de! Sur hacia las Antillas. So- les obedecen al antojo de calor o de frío; mos muy vanidosilios v no quebramos el iti- allí he conversado con ellos y me han dado nerario P a n a m á- N u e v a Y o r k por quedarnos su tragedia, reducida a comino de chiste en. n guna de ellas; llevamos una gran p r i- criollo... (E l confort es. el anti- Plutarcp de isa de- sonambular por la Quinta Avenida este mundo. ANTILLAS A Don Teodoro Aguilar Los que siguen educándose, a Dios gracias, la cara vuelta hacia Europa, vienen a Francia, y por el prejuicio que se les ha metido de la invalidez de E s p a ñ a en cualquier orden, y por su disgusto de sensuales hacia el mal viajar, y e l h o t e l i t o menesteroso de la ciudad pequeña, hasta éstos se saltan la España de nuestra coordinación. De ida y regreso, dos veces, dan l a zancada encima de aquélla, que es nuestro oráculo de respuesta precisa, la única capaz de descifrarnos y de decirnos lo que somos, de mostrarnos juntas nuestra excelencia y nuestra roña, que suelen estar en el mismo migajón de costumbre, y la única capaz de afirmarnos, con la vista de las coyunturas testarudas de su historial, el hueso ablandado del trópico. Francia enseña otros menesteres: ordena la menta greñuda o báquica que le traemos, hasta una limpieza de dados, y suele ponernos la agilidad del buen jugador; comunica normas regulares, y a veces salubres, y enseña honestidad intelectual. Pero en l a última aldea española, viendo una mujer que arregla la mesa y sirve dos platos pobres y medulares con una dignidad y una caridad- -las dos cosas juntas- -de Reina que no suelta su viejo gesto, o, aunque l a pobre mujer se desinterese de nuestra mesa- y diga no m á s un proverbio sobre la honra y los dineros que tiene la edad de España, con esas dos grecas recibidas de ella sabremos más de nosotros que al acabar un curso de cultura española, el de M Martinenche, o el de otro, en la Sorbona. P a r a las Antillas españolas hay dos tratos que frecuentar y dos argollas donde enganchar el cable del origen, para que no vaya a caérseles al m a r E s p a ñ a y la A m é r i ca del Sur. Parece que M a r t í haya sido el único antillano que miró hacia el Sur, trabajó para el Sur e hincó un poco de influencia en nosotros. La Nación dos veces t o m ó y guardó para sí dos grandes artesanos literarios del T r ó p i c o ambos le, sirvieron a lo rey, y ella sirvió a ambos dándose cuenta de quiénes eran, a lo patrón lucido: Rubén D a r í o y Martí. La Nación decidió del destino artístico, que era un destino europeo, del n i caragüense; ella le cirnió la paja y el ballico rurales; le dio la apostura y un pocoel justo desplante del regenerador de la lengua que él había de volverse, y después le hizo el bien sin precio de mandarlo a Europa y de sostenerlo allá bastantes años. Muchas veces, dando y dando vueltas a la suerte imbécil que nos hizo perder a nuestro Martí- -bellota de Rubén, nó olvidarlo- yo he pensado en que un viaje a la A r g e n tina le hubiese salvado para l a lengua, que era su única patrona legítima. L a estimación fuerte de los extraños le apuntara mejor el contorno de su personalidad; él se habría visto; él habría entendido que su encargo era de. americanidad y no de enteco antillismo. Se cumpliera tal vez esa gesta de la lengua que llanfaiv modernismo por obra. de capitanes mellizos, uno de ellos el que nos faltó, tenía digitales m á s americanas que estampar en la empresa. Poseía Martí cierta. fuerza inocente, que a Rubén, como el -iejó indio que era; y adobado a una Europa vieia también, le faltaba e n poco ó e n m u c h o M a r t í t r a í a cierta fogosidad y x i e r t á ternura, adámica una y l a otra aa;
 // Cambio Nodo4-Sevilla