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A B C. SÁBADO i. D E F E B R E R O D E 1930. E P I C I O N D E ANDALUCÍA. P A G 6 idor coraje, avanzaron hacia los revoltocoa las manos crispadas, fiero el rosprestos los brazos, dispuestos a deshaa las harpías que no cesaban en sus mes. oinbres caducos y jóvenes ardorosos, liede entusiasmo, corrieron para ayudar en iiagna lucha a D Nicolás, el cual, sin irse, siguió gritando con voz de trueno: gua, a j j u a l mientras, para entretener n. íHa insostenible, administraba en los is anatómicos algunos puntapiés certea las feroces púgiles del ejército i n n esto muchas mangas de riego, enchu a en puntos estratégicos, comenzaron a v: ir, medie Lozoya por minuto, sobre la tud rebelde, la cual, al advertir que -miente se le ametrallaba sin piedad, húmedos proyectiles, abandonó el calille batalla a todo correr, a Historia, maestra de los humanos, afirqr. e Demóstenes perdió su escudo en ronca; nunca fué lo mismo hablar que r. Los talones de las airadas ninfa? gnl- an sin cesar los glúteos, al huir del tusado diluvio que las imponía una pena- Tonzosa. asado el peligro, D Nicolás se puso al liiro, hecha trizas y jirones, la bandera iosa, y, a paso redoblado, entró triun: c en el su ón de Conferencias, en donde pretendientes, mangantes, ostras y canatos le aplaudieron con verdadero írene hasta, según un testigo presencial, cuya erencia guardo en depósito, aunque no su virtud, le felicitaron los bustos mareos de los doceaüistas allí presentes y mtos. en balde aseguran los químicos, bajo mentó de retortas y alambiques, que el agua es el mejor disolvente que se conoce. ¡Aristón hidor! como escribió el poeta griego. RAFAEL COMENGE T A L K 1 ES Viento del Ebro Vengo de pasar unos días en la Rio ja, huésped del Ateneo de Logroño. Dos veces ocupé en ese tiempo su tribuna, y la segunda, que hablé de Santa Teresa, lo hice desde un pulpito que procede de Nájera, la corte del antiguo reino de Navarra. Esta fué precisamente la frase de un anciano momificado, que al oírnos decir entre dientes: ¡Vaya un poblacho! refiriéndonos al barro y las disminuciones que se observan en no respetados edificios de la gran época najerina, descubriéndose o, mejor aún, descortezándose del chapeo, murmuró -Señor, no es un poblacho... E s la corte del antiguo reino de Navarra... Luego, al pasar por una tabernilla, que era un túnel ciego con unas pipas y una luz eléctrica digna de ser aceite v mecha de candil, como nos retuviese aquel grabado o cuando menos inspiración de tal, el tabernero y sus amigos nos ofrecieron una jarrita de vino, que aceptamos, bebiéndola en el tufo del aire, en una atmósfera acida por efecto del tinto, que con igual asnereza había amoratado la boca de los toneles. U n poco más allá, la plazuela donde todavía subsiste Santa M a r í a la Real, y cuando nosotros llegamos, un lego repartía pan de hogazas y una cesta de huevos a los pobres, y así que hubo a todos abastecido, acu- dió a los viajeros, que al pie del enorme y policromado escudo, con el águila bicéfala del Emperador, contemplábamos subyugados el medieval episodio. E n fin, ya comprenderéis lo d e m á s examen del calado renacentista en el claustro gótico, recuento de las tumbas de los Reyes de Navarra, la subida al coro, en el que un viejo fraile, arrodillado y puesta la cogulla, con la barba sin afeitar, como de muerto pintado por nuestros viejos pintores ascetas, contemplaba el retablo del altar mayor, empequeñecido por la distancia, al fondo de la estirada bóveda de piedra obscura. L o preside la imagen de la Virgen que descubrió en una cueva el príncipe que iba cazando con su halcón... Así unos anticuarios hallaron en este coro, que llega a enternecer con su delicada belleza, resumida como en una flor la planta, en el sitial de! prior, ya torcido e incompleto, especie de telaraña que cristalizase, una inefable pintura de Memling, juguete de la primitiva escuela flamenca, y se la llevaron. Y otros expoliadores, no de los de la francesada, sino ciudadanos honorables como los que suelen figurar en las fuerzas vivas de una localidad, descabezaron las figurillas de la sillería, empleando lo robado en los bastones, como puño. S i comenzamos a señalar deterioros y atentados, va para largo la cosa. H e ahí, por ejemiplo, un caserón que hasta ayer mismo enmarcaba sus góticas ventanas con unos azulejos del siglo x v azulejos desaparecidos, sin que el ladrón se cuidase ni de enlucir la pared. Pero nada como la procacidad arquitectónica de un Banco, el cual ha ido a establecer una sucursal en Nájera, a orillas del río, casi en el puente, y está ahora atiborrando l a fachada de mármoles y fantasías decorativas, con tal alarde de ordinariez y riqueza, que es para desconfiar del establecimiento; no debe de m I V U i A fjO. S X ABIOS ¡ná. s discreto y fino. ¡nniea tersura incom ISOSAS j vi J co e m p a s t e s i i i resee: iraieiitos. t. i; í, c c n- ir lfí, 3 pts. de lí jo, 4,50. para rrlü- lav, C 2 tS. JABÓN DEL Q V 5: 0 Y TO r oa E s e l jabón p s r l e c t o d toüetSe ílo s e d e s h a c e n i a b i a r e d a e n 9 a J a b o n e r a c o n s e r v a n d o- h a s t a e 5 f i n a l d e l a pastilla todas sus propiedades beneficiosas para i a piei. Neutro Untuoso Perfumado según tamaño, A 1 xijüMtn y K- LI. per- DETERGENTE Precio de la pastilla, 0,35, 0,75 y 1,25. t o d a s sin parecería JVHl. UÍVd. j 7 y 12 pesetas. Madrid F a b r i c a d o p o r PERFUMERÍA F L O R A L I A S A Méjifto
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