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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOm m s SEXTO, ABC Impresiones de A r t e N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOW k k SEXTO. VARIOS RETRATOS DE MUJERES guramente ha de ven i r p a r a ella, como para todos los human o s y q u e se llama amor, alegría, tristeza, muerte, pero que la bella, impasible, no parece creer la alcanzará, jamás. L a garra soberana del divino L e o n a r d o se posó sobre las obras de todos sus discípuJos, y les impuso su reposada p e r f e c c i ó n su encanto p e r t u r b a dor, la e s p i r i t u a l i d a d misteriosa de los rostros, la elegancia i n superable y punto menos que sobrehumana de las actitudes. A s í se ve en el retrato de una desconocida q u e pintó L u i n i E s una mujer alta, esbelta, que se acomoda en un sillón, donde sus manos, delgadas y finas, se apoyan en los largueros. Está vestida de o b s c u r o con rico traje severo, donde sólo blanquean estrechas t i r a s de batistas, bordeando los pulsos y el seno. U n a cadena de oro se a n u d a debajo de su garganta y se hunde después en el pecho, m i e n t r a s medio velando el recatado descote, caen, volanderas, transparentes y finísimas, las dos puntas de un velo b l a n c o q u e cubre la cabeza y revuela sobre la frente, adorno sutil y espiritual que amó mucho el de V i n c i E l rostro no es bello, mas está revestido de g r a n e n c a n t o L a retratada ya no es muy j o v e n y e n t r ó p r o b a b lemente en la treintena, que para las mujeres de e n t o n c e s era como el principio de ja vejez, pues en aquella época se vivía con ritmo a c e l e r a d o E l mentón, irregular y voluntarioso; la boca, triste, con su iniciada sonrisa; la nariz, los ojos algo irónicos y como desencantados, revelan una vida interior muy intensa, muy profunda, donde sabe D lla S i m o n e t t a fué amada por batidro Botticelli. H a bremos de c r e e r l o y seguir la t r a d i c i ó n por más que su tipo de belleza no responde al que prefería el ilustre amador, ya que nada hay más distinto de la hermosura atormentada, espiritual y casi dolorosa de las diosas y de las mujeres boticellescas, q u e los discretos y semi- apagados hechizos de ¡a linda Simonetta. I C E N que la be- L a retrató Botticelli de perfil sobre un fondo c l a r o d a n d o frente a la luz de un invisible ventanal. E s tá la joven colocada, sencillamente, algo doblado el cuerpo, q u e cae hacia atrás, plegado el brazo mansamente, escondiendo la mano. U n traje, modesto de tela, borroso de matiz, p o b r e de adornos, la viste, y sólo un cordoncillo negro, que ciñe el largo cuello y baja sobre la blanca piel, suple las joyas, collares, c a d e nas y brinquillos que canto amaban las mujeres de entonces. El perfil de S i m o netta se recorta con el dibujo preciso y algo seco de los primitivos flamencos. Es d e u n a inocencia tan absoluta, que casi podría llam a r se b e b e r í a E l mentón, un poco mac i z o la boca, dulce y sumisa; la nariz, algo alargada, avanzan hacia el mundo con dulzura pasiva, y el ojo, grande, rasgado, es de una lealtad tan serena y confiada, que desarma todo nial deseo. E l welo, rubio- obscuro, se recoge en crenchas s i métricas, dejando entrever entre sus m e chones algo de la piel blanquísima. Telas rojas y Mancas se retuercen, formando c o m o un gorro sencillo en lo alto de la cabeza, y así, inmóvil, en quieta expectación, a g u a r d a Simonetta algo que se- BOTTÍCELLI. RETRATO D E LA BELLA SIMONETTA
 // Cambio Nodo4-Sevilla