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MADAMA VINET MUKSTRA S ü ROSTRO SIN VANIDAD NI V A NAGLORIA E N ESTE RETRATO PINTADO POR FLANDRIN H i p ó l i t o F l a n d r i n pintó a madama Vinet sencillamente vestida de negro, sin m á s j o yas que un modesto broche, que prende su pañoleta bajo la garganta. U n a cofia de encaje abre sus alas tras los mechones blancos de la cabellera. M u y lejos están las perlas y los a r m i ñ o s de las Reinas ostentosas y de las ocultas. Madama Vinet muestra su rostro sin vanidad ni vanagloria, sin que i n tente disimular las arrugas, n i l a marchitez de su cutis, ni el cansancio triste de los ojos. De su boca afable y casi sonriente parece fluir una gran bondad, una ilimitada e i n mensa bondad, que debe acoger todo dolor con las palabras que consuelan, que alivian, que pueden curar. L a s manos, invisibles en el retrato, y que muchas veces dicen tanto como las facciones, seguramente eran también bondadosas, y, aunque estuviesen arrugadas, curtidas, ásperas al tacto por las l a bores no evitadas, a m p a r a r í a n las penas y secarían las lágrimas. Lejos, muy lejos están las perlas y los a r m i ñ o s de las que reinaron. MAURICIO L Ó P E Z R O B E R T S Marqués de la Torrehermosa. jetado, y elevado a l a viuda del poeta Scarron hasta el nupcial t á l a m o regio. E s t á l a Reina de F r a n c i a sentada en una cómoda silla, cubierta de terciopelo. U n traje holgado, a modo de arcaico ropón, cubre e i cuerpo castamente. S u tela es rica y labrada, y las mangas r e m á t a n s e con vuelos de Holanda y anchas pulseras de amatistas. U n joyel, de donde cae enorme perla, se aplica junto al descote, blanco y firme a ú n Las manos son bellísimas, finos los dedos, impecables las m u ñ e c a s L a diestra apóyase sobre el corazón, y la izquierda sostiene un libro de preces. U n amplio manto dé terciopelo préndese en los hombros y muestra en discretos pliegues el blanco espesor del arm i ñ o regio. Dice l a t r a d i c i ó n que L u i s X I V tuvo empeño en que este a r m i ñ o se pintase, para que así pudieran las gentes comprender la alta categoría de l a retratada. Este manto reúnese en el busto con un velo, que cubre la cabeza, y entre los dos recuadran el rostro de la esposa del R e y S o l L a Maintenon es mujer de hermosura algo deshecha por los a ñ o s (una incipiente papada invade el cuello, sube hasta el mentón, amenaza sumergirlo en grasa) L a boca es m á s bien grande, y se cierra con un voluntarioso gesto de autoridad, apretado el fino labio superior sobre el inferior, algo m á s humano y carnoso. L a nariz, que tal vez fué bella antes de l a época del retrato, pesa y cae un poco, mientras los ojos, grandes obscuros, que debieron ser chispeantes y casi maliciosos en tiempos pasados, al presente miran serios? reconcentrados, huidos, al parecer, de ellos, todo regocijo y toda alegre afabilidad. Y al lado de la Maintenon, sobre el rico tapete de una mesa, un reloj de are na, simbolo de las volubles mudanzas de la fortuna, mide con su rubia arena la huida del tiempo y su aniquilación en el pasado: LUINI, RETRATO D E UNA DAMA DESCONOCIDA. E L ROSTRO NO ES BELLO, MAS ESTA REVESTIDO DE UN GRAN ENCANTO. LA RETRATADA Y A NO ES MUY J O V E N Y ENTRO PROBABLEMENTE E N LA TREINTENA, QUE PARA LAS MUJERES D E ENTONCES ERA COMO E L PRINCIPIO DE LA VEJEZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla