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INTERIOR D E L A V I L L A B E L L E C- R D E SALÓN D O N D E T U V O LUGAR LA PRIMERA ENTREVIST A D E S. M E L R E Y C O N SUS ALTEZAS LAS ARCHIDUQUESAS DE AUSTRIA L a Regente viuda. l as circunstancias, cuando murió el M o narca, eran críticas, agravadas por no haber dejado el Rey descendencia masculina. E l 25 de noviembre de 18 comenzó la Regencia. L a Reina, cubierta con el velo del dolor, juró ante las Cortes, llevando cogidas de la mano a las dos infantitas. Y es que la augusta señora quiso aparecer desde aquel, día ante su pueblo con doble corona, la de Reina y la de madre. Principió su actuación en las funciones de Gobierno concediendo un indulto a todos los que sufrían penas por delitos políticos cometidos en el reinado anterior. E l primer acto diplomático de la Regencia fué la recepción de la Embajada del Sultán de Marruecos. E s a entrevista fué emocionante en extremo. L a Reina, al contestar al discurso del embajador, tuvo que interrumpirse algunos momentos porque la pena embargaba su ánimo. Motivos sobrados había para ello; en el patio de Palacio p i a f a b a n los caballos que enviaba el Sultán como regalo al M o n a r c a fallecido. E l 17 de mayo de 1886 nació nuestro actual Soberano. A los dos años de este acontecimiento se inauguró la Exposición Universal de Barcelona, magnífica y e s plendorosa, a la que l a Regente prestó su más entusiasta y decidido apoyo. Diez años. íranscj rje. ig SiCese- téiiz suceso cuando doña María Cristina p a s ó por la terrible amargura de las guerras coloniales. L a noche antes de hacerse pública la fatal noticia de nuestro desastre, la R e i na, completamente s o l a l a pasó orando ante una imagen del Sagrado Corazón. E n aquellas horas de angusV I E N A LLEGADA D E L DUQUE D E B A I L E N A L PALACIO IMPERIAL, PARA tia, su excelso espíritu crisP E D I R E N N O M B R E D E S. M E L R E Y D A L F O N S O L A M A N O D E S A L T E Z A tiano, impregnado de la fe REAL LA ARCHIDUQUESA CRISTINA que inspiró toda su vida, re- al que abrazó efusivamente. Poco tiempo lnró la felicidad a la joven Soberana. Antes, de cumplirse los seis años de su matrimonio m u rió D A l f o n s o en el Palacio de E l Pardo. Cuando la Reina- que espiaba anhelante l o s m o v i mientos del enfermo, oyó decir al doctor Riedel que todo había terminado, comprendió la terrible realidad, cayendo desplomada a la cabecera de la cama, pero se sobrepuso i n m e d i a t a m e n t e dando las órdenes pertinentes del momento. E l Rey, poco antes de mar i r mostró ¿seos a e abrazar á sus hijas, pero cuando éstas llegaron ya había muerto. L a Reina, que no se separaba del cadáver de su esposo, en cuyas manos colocó un crucifijo y un rizo de su cabello, quiso cumplir los deseos del malogrado M o n a r c a haciendo pasar a las huerfanitas a la cámara mortuoria y, sentándolas en la cama donde yacía el cadáver de su padre, las hizo que lo abrazaran, costando gran trabajo separarlas de allí, ya que querían esperar a que papá se despierte Dícese que la Reina, dando muestras de su esforzado ánimo, lavó y vistió el cadáver del M o n a r c a ayudada solamente por el doctor Camisón. Desde el momento que el Rey expiró, s u esposa no quiso separarse de él n i de sus hijas, y cuando conducían el cadáver desde E l P a r d o a M a d r i d detrás de la comitiva oficial iba un carruaje ocupado por la atribulada viuda, acompañada de las princesitas. L a pérdida del M o n a r c a llenó de dolor el alma gigante de l a Soberana, de la cual dijo Cánovas lo siguiente: D o ñ a María C r i s t i na tiene, además de la Corona que ostenta, otras tres coronas, que deben infundir el más profundo respeto y la admiración más inquebrantable: la corona de l a virtud, l a de la juventud y l a del dolor. M A D R I D L L E G A D A D E L TREN R E A L A L PABELLÓN C O N S T R U I D O E N L A CASA D E C A M P O P A R A A P E A D E R O D E SUS A L T E Z A S I M PERIALES iitmnMSHiti iitríiíHire 1 muíraí mi 11 (limiTl 1