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LLEGADA A L PALACIO DE EL PARDO D E LA FUTURA REINA, ACOMPAÑADA D E SU MADRE, LA ARCHIDUQUESA ISABEL, Y DE D. ALFONSO XII cordaría la santa noche del Monte de los Olivos, y ante la magnitud del sacrificio de todo un D i o s abandonado y escarnecido, ofrecería por España y el T r o n o de su amado niño- Rey la. tristeza, la soledad y el dolor en que su alma se anegaba. Como ejemplo de renunciamiento, hijo de su alma procer, vamos a relatar el siguiente hecho de la Reina viuda. Poco después de la guerra de Cuba, y con motivo de la reconstitución financiera, entró una mañana en la regia cámara el ministro de- Hacienda y, hablando acerca del presupuesto, d i j o T e n go mi obra casi terminada, pero me faltan dos millones de pesetas; uno lo conseguiré fácilmente, el o t r o L a Reina no titubeó: E l otro es fácil de l o g r a r- -d i j o- quítelo usted de m i lista c i v i l Efectivamente, durante nueve años que duró aún la Regencia la Soberana dejó de cobrar aquella respetable suma. E l 17 de mayo de 1902, al cumplir el Rey los dieciséis años, recibió la Corona de manos de su augusta madre, teniendo el gesto nuestro M o n a r c a de otorgarla el título de Reina consorte. L a Historia d e m u e s t r a que casi todas las Regencias han sido períodos calamitosos. Doña María C r i s t i n a con su elevado espíritu, supo sobreponerse a las circunstancias, y nadie en absoluto puede honradamente s o s t e ner que deliberadamente h i ciera u omitiera algún acto que fuera en perjuicio de la Patria. Siempre tuvo un concepto exacto de la dignidad real española, y a que, como dice el padre M a r i a n a l a Corona de España no tolera postergaciones, pues en lo temporal no tiene superior en el mundo Muchos sinsabores sufrió durante la Regencia la augusta señora, pero tuvo la ACTO DE RECIBIR LA BENDICIÓN NUPCIAL SS. MJÍ. D. ALFONSO XII Y DONA satisfacción de ver que. coMARÍA CRISTINA DEL PRELADO OFICIANTE, EMINENTÍSIMO SEÑOR CARmo escribe el conde de la M o r t e r a a pesar de todas DENAL PATRIARCA DE LAS INDIAS las calamidades, la efusión en el alma nacional respecto a sus Reyes era mucho más honda, sincera y alentadora en 1902 que en 1885; A l cesar en. su Regencia pidió al Papa para ella y su hijo la bendición, y en la carta que escribió al R o m a- no Pontífice pudo decir con legítimo orgullo que tenía la satisfacción de haber hecho al Rey buen cristiano y buen caballero La Reina madre. Este es el título sucinto y elocuente con que el pueblo español llamaba a la augusta señora. Título el que más pudo enaltecerla y s e g u r a mente, el que ella más agradeció en vida, y a que, como dijo el gran. T i r s o de M o lina, sol es el materno amor. Que todo lo bueno engendra. N o encomendó a m a n o s ajenas la formación moral de nuestro Soberano ella moldeó su corazón de manera ejemplarísima, para hacerle digno sucesor de nuestros grandes Reyes; por: eso el pueblo español siempre tendrá una deuda de gratitud con aquella egregia Reina, ya que a todos nos hizo partícipes de su herencia dándonos un Rey prototipo del caballero cristiano. Todas las madres españolas debían i m i tar su ejemplo, ya que, como dice fray L u i s de León, entiendan las mujeres que si no tienen buenos hijos gran parte dello es porque no Sos son ellas enteramente sus madres L a caridad también fué otra de las características de doña. María Cristina, pero la ejerció sin bombos ni platillos, ya que l a augusta señora sabía que la verdadera caridad cristiana está reñida en absoluto con todo lo que sea ostentación v vanidad. E n M a d r i d acudía asiduamente a la Casa de Matronas, al A s i l o de Lavanderas y a la Casa de Salud de Santa C r i s t i n a allí MADRID. TENTATIVA DE REGICIDIO CONTRA SUS MAJESTADES, A L REGRESAR A PALACIO, EN LA TARDE D E L 30 DE DICIEMBRE D E 187O
 // Cambio Nodo4-Sevilla