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LA LEYENDA Y LA V E R D A D D E L COW- BOY me refiero, tan lejano ya y aun tan p r ó x i mo, era casi siempre analfabeto. N i que decir tiene también que el aumento de las comunicaciones en el país, tanto f é r r e a s como estradales. y sobre todo las últimas con el aditamento del automóvil, ha cambiado por entero el sentir y la ambición del antiguo coHi- froy- centauro, infundiéndole aspiraciones de un orden superior y apetencias frecuentes mucho m á s complicadas que las con que a n t a ñ o se contentara... E l F o r d acabó con el potro salvaje y el centauro. E r a de esperar. H o y el coui? oyismo desciende hacia M é jico, como a n t a ñ o subiera desde M é j i c o- -d e los territorios que a este país pertenecieran y le fueran arrebatados por N o r t e a m é r i c a- -en dirección de la alta California. Nortea m é r i c a le expide hoy las sobras de su r u deza, ya desalojada por su intensa c i v i l i zación material, de igual suerte que- -al decir de los modernos turcos, que de ello se quejan amargamente, pidiendo protección aduanera contra tal invasión- -expide sus existencias de viejos chaqués y pantalones rayados, fabricados en masa, hacia T u r quía, ya que, en su ansia de europeización, este país ha de verse necesitado de tales piezas de indumento a bajo precio. L a vida del cow- boy ha dejado de ser novela para convertirse, con conocimiento cabal del trabajador, en fatiga sin interés y sin futuro codiciable. E l muchacho e n é r g i c o que antes, por falta de las comunicaciones, no tenia m á s salida para su actividad y e n e r g í a que adherirse ai rancho m á s p r ó x i m o y aceptar el jornal ya dicho, hoy, con su comarca cruzada por toda suerte de caminos, logra trasladarse inmediatamente al pueblo o ciudad m á s cercanos por unos centavos, ve cómo la vida bulle con singular vivacidad y en continuo ajetreo y aprende cómo cualquier j o r n a l por modesto que sea, duplica y aun a veces triplica el que ya alcanzara en el rancho, doble, a su vez, del de treinta d ó lares con que antes le eran pagados sus servicios. De tal suerte, la vida campera pierde su forzosa atracción, pues una sirena mucho aun se creyera feliz con los treinta dólares mensuales que obtenía, como m á x i m a soldada. A falta de solicitaciones del ambiente y viviendo en pleno campo, a. distancia casi siempre grande de poblado, el horizonte de su vida quedaba limitado por el de las lejanas m o n t a ñ a s que cerraban las planicies donde pacían los ganados del amo, por las que le era dado correr a su sabor a lomo de caballo en pos de las descarriadas reses o por simple alborozo físico. Esta libertad de acción, siempre obediente a ciegas iniciativas del instinto casi salvaje, hacía del com- boy un verdadero centauro, sólo plácido con su caballo y sólo complacido por las proezas que, gracias a su habilidad y a l a bravura de la bestia, pudiera realizar. D e aquí el orgullo que le hacía considerarse superior al simple labrador, de cuyas actividades se mofaba diciendo ufanamente al patrono que le proponía un trabajo a g r í c o l a corriente: Busque usted gentuza que se lo h a g a yo manejo el ganado hmidle cows) N i que decir tiene que el cow- boy a que SALTO D E CARNERO DE UN POTRO CERRIL MONTADO POR E L C O W B O Y MORRIS W E I D E MAN DURANTE LA SERIE INTERNACIONAL DE RODEOS E N NUEVA YORK U PELIGROSO SALTO DESDE UN CABALLO A U N TORO, PARA COGERLE POR LOS CUERDOS Y DERRIBARLO NA es l a leyenda. M u y otra l a realidad. L a leyenda ha sido en gran parte, en su mayor parte, alimentada por el c i n e m a t ó g r a f o L a realidad la determina la vida, cada d í a m á s difícil, del cawb. oyismo. E l cozí -boy- -que hemos de traducir por vaquero, si queremos darle su exacto significado- -está pasando a la historia en cuanto personaje de novela dinámica. Nortea m é r i c a lo ha cultivado con una finalidad que p u d i é r a m o s decir de propaganda, como casi todas las que allí son perseguidas. L a vida del com- boy, agitada en l a intensa acción campera, era, en el sentido espiritual, todo quietud, por ausencia casi total de incentivos, hasta comienzos de este s i glo. L a escasez de comunicaciones en los Estados Unidos- -aunque inferior a la de otros países, superior dada la extraordinaria extensión del t e r r i t o r i o s- h a c í a que el cow- boy viviese en el rancho en que trabajaba como en un verdadero desierto, y que, por tanto, se aviniese perfectamente y