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más seductora, l a de lá ciudadana, llama a su antro a l hombre nuevo y deseoso de conocer, y una existencia más llena de afanes, si se quiere, pero también más rica en emociones de toda clase y en posibilidades ignoradas e inconcebibles en el campo. L a cerrazón del horizonte agreste o montañoso impedía hasta ahora filtrarse en el ánimo del cow- boy el más tenue rayo de ilusión l i b e r a d o r a H o y el tren, el autobús, la radio y el cine han hecho de él u n inquieto constante, u n rebelde definitivo, u n enemigo irreducible del campo que antes amara. ¿Qué queda, p u e s del cow- boy que tanto hemos visto y aplaudido en el cine? L a leyenda. ¿Q u é e s p e r a n z a le sigue r e s e r v a d a s i enamorado de las per i p e c i a s de la vida c a m p e r a q u i e r e no amoldarse a la exigüidad de su actual remun e r a c i ó n? U n a sola, precisamente el cine. Pues ya no hay verd a d e r o s c o w- b o y s de tipo heroico más que en el cine... pagados, no a dólar por día, s i no a miles de dólares d i a r i o s a l g u n o s de ellos, como T o m M i x lo ha sido, por ejemplo. M a s para ese b r i- liante p o r v e n i r h a y que ser un verdadero as de la equitación, un desbravador sin miedo v sin torpeza, extraordinario; u n l a z a d o r prodigioso, u n acróbata consumado, un hábil boxeador, dadas las proezas c i n e m á t i c a s que su c u a l i d a d d e hombre casi s i e m p r e providencial, de especie de L o h e n g r i n con zahones y s o m b r e r o de e n o r m e s alas, le obliga a e x h i b i r d e continuo en el momento en que la imaginación del escenarista y la ducha imaginación c r e m a t í s t i c a del productor consideran oportuno para dotar a una película de i n f a n til a r g u m e n t o de l a máxima i n t e n s i d a d J i dramática. jor, otra salida: l a de las exhibiciones c i r censes, máxime si ha llegado a ser un buen lazador. Y en los Estados Unidos, los concursos de las series internacionales de r o r deo como allí llaman a estos espectáculos, celebrados en los enormes estadios, también larga y minuciosamente ensayados, y que, en realidad, n o son más n i menos peligrosos que cualquier otro arriesgado ejercicio del va desapareciendo. E l campo está siendo desertado en los Estados Unidos, sobre todo en éste su aspecto de industria pecuaria, por los mismos hijos de los viejos ganaderos, que prefieren también, sin que en ello puedan poner remedios los padres, buscar en las ciudades mejor oficio y mayor remuneración que el susceptible de conseguirse con el cozvboyisifto. A s í es de observar en aquel país cómo, actualmente, el oficio de cow- boy, sobre el que tacitas nov e l a s sentimentales y generosas se ha escri- to, y que ha suministrado argumentación tan rica durante l a r gos años para las escenas miles de veces repetidas del jar west, deja de ser desempeñado, abandonado casi por completo, por los hijos del país y a beneficio de los mejicanos y aun de i n d i v i dúos de los países de E u r o p a oriental, especialmente eslava, dispuestos a aceptar cualemier trabajo por cualquier nrecío. H a y además, la cultura. E l antiguo cozvboy, a n a l f a b e t o c a s i siempre por dificultades de la enseñanza, d e t e r m i n a d a s por la falta de comunicaciones, se ha hecho ya letrado. H a p o d i d o asistir a las escuelas, que, hasta en los burgos más remotos, h a establecido la A d m i nistración norteamericana; y con la acumulación de las sugerencias y las solicitaciones que t a l a d r a n s u ánimo por m e d i o d e los modernos progresos, que aun los más pobres pueden proporcionarse, ha sentido el anhelo de ennoblecer su condición, la ambición de mejorar de fortuna. Esta n o b l e a m b i ción, que todo norteamericano siente; este admirabie h o r r o r de la pobreza, que hace de su país el más audaz y p r o g r e s i v o del mundo- -y que yo quisiera para los 25 millones de mis compatriotas en vez de la resignación mendicanTORO B R A V O te que les aqueja- ha hecho desaparecer el clásico cozv- boy, incitándole a escalar posiciones económicas y sociales de superior categoría... Y como én Norteamérica- -más que en ningún otro país- -la fortuna está a merced del que con tesón y trabajo la persigue, no es extraño ver el cow- boy convertido en millonario, en profesor, en ministro, n i aun en jefe del Estado. Sin ir más lejos, en el actual Gabinete uno de los ministros es un antiguo cozvboy: el ministro de la Guerra, M r Patrick J Hurley. Las palabras o t a que este antiguo cozvpuncher ha explicado en na reciente entrevista cuándo y cómoNsíjbo de decidirse a abandonar su arriesgado oScio, merecen ser citadas. porqueNk; ellas se deduce el triste y real fin que al cowboyisino en general le A s í las escenas de cowboyismo que en el JOHNN Y S C H N E I D E R H A C I E N D O EQUILIBRIOS SOBRE U N cine hemos visto- -que clásico circo de caballos que deleitó las tary a van disminuyendo en número- -han sido des de nuestra niñez. hechas en ranchos especiales que para tal Y como a todos, ni aun a los simplemenobjeto poseen las Empresas cinematográficas te hábiles cozv- boys les es dado brillar de yanquis, sin que en la mayoría de los casos ten mágica manera en las pantallas de los se haya tratado de verdaderos cozv- bois o cines n i en las elipses de los inmensos esex cow- bois, sino de simples actores, perfectadios, al cozv- boy corriente sólo le queda la tamente adiestrados en equitación y entrepoquedad (que aquí sería gran largueza) del nados con un trabajo y ejercicio constanjornal máximo de óo dó ares mensuales, que tes en la práctica de tal deporte, siendo cada boy puede lograr, y que ningún norteameescena sensacional, bajo su apariencia de ricano que se estime considera suficiente reflagrante delito o milagrosa salvación, promuneración, de su trabajo, medio bastante ducto de innúmeras repeticiones y ensayos para satisfacer sus necesidades sociales, cada con todos los trucos habidos y por haber. L o día mayores, aun en el relativo aislamiento cual no quiere decir que carezcan de mérito, pampero. pero sí que hay que considerar sólo el que se deriva de una cultivada habilidad g i m L a frase despectiva de yo guardo el ganástica, sin espontaneidad n i ingenua branado que antes decía el, cozv- boy, ya no se vura, como la película pretende hacer creer. sigue diciendo, porque; en verdad, el cowL e queda a l cozv- boy otro remedio; meboy de procedencia verdaderamente yanqui
 // Cambio Nodo4-Sevilla