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ABC. M A R T E S 4 D E F E B R E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 32 drid ha caído sin excusas, ha sido arrollado, esta es l a r a z ó n de su d e r r o t a por un grupo m á s v a l i e n t e más d e c i d i d o más audaz y Pero aún así nos extraña mucho que la Cultural obtenga en su campo tritmfos tan resonantes. Sión, el portero, tuvo de todo. Unas cosas muy buenas y jugadas malas, como las que ocasionaron los tantos primero, tercero y quinto. Estimamos que su flaco son las salidas. Los zagueros, muy deficientes, especialmente el derecha. Buenos el centro medio y medio izquierda. Moro, práctico, a pesar de su feo estilo. A l final se agotó. E n el ataque destacó muy por encima del resto el sevillano Leoncito, que jugó un gran partido e impuso siempre el juego raso. Luego Chaco y Rubiera. E l ex vienes Vázquez, con sus cuarenta años, poco podía hacer eis el centro del ataque, y ya quizás en ningún sitio. El arbitro. -El Sr. Navaz se ha propuesto no eclipsar las glorias del que por su valor mereció el sobrenombre de Calamidad del Islam. Varios partidos le hemos visto, y hemos sacado la consecuencia de que Navaz no sale de ningún campo protegido por los del tricornio. Su error de bulto fué el goal de desempate, que concedió al Sevilla. Sin duda pensó que al anularlo una lluvia de bastones se iban a agitar en el aire. Y con él no va eso. S i el goal concedido hubiera sido el quinto o el sexto, siendo siempre una injusticia, no hubiera tenido importancia. Pero siendo el tanto de desempate hay que convenir en que fué una injusticia manifiesta con los leoneses. A u n que luego en el segundo tiempo pasara por alto el juego sucio que sacaran a relucir los forasteros, tal como un puñetazo de Chaco a Sedeño. Cultural. -Sión; Castilla, Pepín; Cráneo, Moro, Sión II; Pantalera, Chaco, V á z quez, Leoncito y Rubiera. Sevilla F. C. -Eizaguirre; Monje, Sedeño; Rey, Abad, A r r o y o Roldan, Benítez, Campanal, Cafreño y Brand. E l A t h l é t i c d e B i l b a o vence al R e a l M a d r i d p o r tres tantos a dos más rápido. Ciertamente que todas estas cualidades representan armas inmejorables, frente a las que sería ridículo inventar p o lémicas. Mas, la causa esencial de la decepción de las gentes fué presenciar cómo ese M a d r i d vencedor del Barcelona en la inspirada jornada de ocho días antes, sucumbía por f a l t a de arrestos, por sobra de prudencia. E l A t hlétic, ya que no de juego, había venido a Chamartína dar una lección de bravura, y el premio justísimo era el triunfo. Impresión de juego. E l campeón vasco conserva, a través de la temporada, las características que le legaron sus equipos mayores. Intenta influir sus líneas de esa savia artística, de esa suprema distinción del dominio de la técnica; pero los hombres fuertes, resistentes, intrépidos, saltan por encima de todo eso, que les parece convencionalismos, olvidan las lecciones del. entrenador, y ganan los partidos más difíciles, eclipsando a los grupos que se dicen representantes de las otras normas de juego. Sus defensores, la crítica que le sigue, afirman que el once vasco es ahora una suma ponderada de aquella pujanza vasca, y de un acuerdo inteligente del fútbol científico. Nosotros confesamos que en los partidos que durante la temporada hemos visto a los leones de San Mames, frente al Barcelona y frente al Madrid, su éxito ha sido conseguido exclusivamente merced a aquellos entusiasmos, de los que hacen derroche. Esta prueba de Chamartín ha sido decisiva han ganado un partido, para ellos esencial, porque han superado en velocidad a los rivales, porque les han empequeñecido en bravura. Son gestos inapreciables; pero en fútbol hay más. N o lo que hemos visto el domingo: por la línea delantera athlética, porque no saben hacerlo, y por la madrileña, porque no se lo permitía la codicia de los medios rivales. Anular el esfuerzo contrario significa un mérito tan subrayable como la creación propia. T a l vez el Athlétic saliera a la pista preocupado por la obsesión de deshacer, antes que por el afán de hacer. Si fué así, la táctica le dio admirable resultado, porque su línea media es hoy la mejor de la Península, y a su choque se descompuso, medrosa, la de los atacantes madrileños, y se desdibujó la de los medios merengues. Detrás quedaba una defensa en la que Quesada fué sombra de sí mismo. P o r eso resultó el Madrid vencido sin atenuantes. E l encuentro que, a priori, era de líneas de medios, en el campo resultó de una sola de ellas: la athlética frente a todas las demás. Afirmando el éxito vasco, consignaremos, no sólo el triunfo de los norteños, sino también el fracaso del eje del grupo central, en el que Prats, Esparza y Peña resultaron barridos. S i por juego espectacular quiere enten- Madrid 3, 2 tarde. Decepción. Pocas veces se sentirá un público tan defraudado como el domingo último el de Chamartín. Numerosas excepciones: cuantos devotos athléticos se trasladaron a l a Corte, a fe que no perdieron su viaje para presenciar el triunfo de los vascos. L a muchedumbre, esa afición representada por treinta m i l espectadores, que en la jornada última eran madridistas, sufrió uno de los más crueles desengaños del amor propio maltrecho, roto. Porque nada importaría, en suma, el resultado de la polémica, si el Madrid, como tantas otras veces, hubiera sido vencido por un equipo superior, por un grupo que le aventajara en ese fútbol de clase que con mejor fortuna practican cada día estos bandos de la primera división pero n o el M a- derse el de brillantez, el partido último defraudó a los istas tanto como a ios aficionados. Desde el punto de mira de l a intrepidez, los amigos de las emocionan fuertes gozaron de frecuentes plazos ele sugestión: vertiginosidad, rapidez, bravura, choques impresionantes, escapadas de motocicletas lanzadas... Tal la impresión del match. Quien asistiera para comprobar la existencia del juego científico español o, más bien, del atribuido a los delanteros madridistas, afirmará sin rodeos que le han engañado. Aquel que todavía siga pensando en la posibilidad de la hegemonía de la furia, contemplando esta furia vasca se hará ilusiones de obtener nuevos éxitos en los campeonatos mundiales. E l fútbol es así. Cuando parece que una fórmula ha caído, su representante más genuino la esgrime altivo y le lleva al triunfo. L a cuestión sería lograr fundirlas; pero en eso, aunque nos lo afirmen por todos los leones de San Mames, mientras no acertemos a verlos en las oportunidades precisas, seguiremos sin creer. El partido. -Cuando un lance tiene un solo matiz, la explicación es bien sencilla. Empujada la vanguardia athlética por su poderosa línea de medios, los bilbaínos chocaron furiosamente con los madridistas. D u rante el primer tiempo fué una verdadera, brava. y noble pelea, que no admitió otras fases que la de la rapidez más extraordinaria. Las energías se desbordaron, y el esfuerzo no fue de un hombre, sino de los veintidós, en movimiento constante y en carreras endiabladas. Pero en este plazo vióse ya cómo el eje central no respondía a las exigencias del momento, que. ciertamente eran excepcionales, aun más con un ataque rojiblanco tan diestro para tirar conio decidido al chocar. E l desquite vino en el segundo tiempo, apenas el Madrid, en una ofensiva feliz, marcó el primer tanto, a los cinco minutos. Fué un arranque maravilloso de Rubio- Olaso, que éste concluyó con un centro cplocadísimo. Lazcano, bien situado, remató con la cabeza, y la pelota, precisada, llegó suavemente a la red. N o se hizo esperar la respuesta. Fué una escapada de Gorostiza, uno de los mejores y más veloces extremos que han pisado los campos españoles, que cruzó el terreno, salvando a Prats y Morera, y desde cerca disparó un shoot fulminante, que V i d a l no supo contener. Luego, desc liciada la línea blanca local, los athléticos, en empujes valientes, fueron dueños de la situación, hasta que Gorostiza concluyó otra brillante fuga, y al cabo de ella, mal Quesada en la intervención, que debió ser rápida, y peor Vidal, con susto incomprensible, logró el segundo tanto, a los doce minutos de juego, que elevó más, si cabe, la moral de los forasteros. P o r esto, la situación continuó favorable a los vascos, dueños del entusiasmo y el acierto que proporciona la confusión enemiga. IMIPM 1 i i IÉ sil É m Wl SPs n o 4 miiEmii EE riTiirTritniTriFmtnure tatjrz nriuiiimctLiEIIIÍ Wk 11 1 IK 3 S 9 JST HEimEEHrmi n m mn ti un n i n i in i COLCHONES Y ALMOHADAS GR individuases, ptas. latrimonio, ptas. 6! 88I B R