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MADRID- SEVILLA. 7 DE FEBRERO DE 3 930. NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SIMOSEXTO N. 8.461 g OLIVE. SUELTO R E D A C C I Ó N P S A D O D E S A N S E B A S T I A N SUSCRIPCIONES Y A N U N C I O S M U Ñ O Z maravilla por venir, creo en la necesidad béis comenzado a existir por vuestra cuenta. Yo, pecador, he sido uno de los m á s entusiastas anunciadores de vuestro advenimiento. L e esperaba, le deseaba, había tenido la presunción de prometer y prometerme en vuestro nombre: ¡H a r á n esto! ¡D i r á n esto! Sí, mujeres de España, amigas m í a s con vida real, de la que ha de ser pomo debe ¡Seguirán este y aquel sendero... 1 Y no era curiosidad apasionada os miro vivir. Recuer- ser. Pero he dejado de creer definitivamen- así. ¡Y no ha sido a s í! H a b é i s hecho, estáis do que un tiempo- -rhace tan poco en realidad, te en la eficacia del precepto y en la nece- haciendo cosa muy distinta. L o inesperado, y, sin embargo, me parece que han transcurri- sidad de la doctrina. S i en e l proceso de la lo diferente, lo inverosímil. L o s hombres, do siglos- -tenía la costumbre de escribiros vida hay ley- -pienso que síj aunque no sé vuestros paladines de buena voluntad, os veen tono- ¡os dioses me perdonen! -ligera- cuál sea- -la traemos disuelta en la sangre, mos avanzar y perdemos un poco la cabeza. mente magistral. Acusóme contrito de mi arraigada en la carne, infusa en el alma, y Nos vienen impulsos de gritaros: Así, n o! culpa. ¡P e r d ó n! ¡P e r d ó n! Consejos, adver- lo único necesario para aprenderla es hacer ¡Por ahí, no! ¡Habéis equivocado el camino! tencias, máximas, postes indicadores en el el silencio en nosotros y fuera de nosotros, Y seguramente, lo que hay i, ue gritar es: inevitable camino que lleva del nacer al mo- para permitirle que dicte y poderla entender. ¡Habíamos errado en la previsión! ¡H a b í a r i r ¡Presunción lamentable! ¡L o que ha mos sido profetas ignorantes! ¡Nos engañó N o sabemos nada y pretendemos dar lec- el demonio, que dictaba nuestra profecía! debido, por lo menos la Vida, señora mía y ción. Estamos fatigados por lustros de exis- Habíamos soñado, al soñar en vosotras, l i ¡vuestra, reírse de m i desaforada pretensión Perdón! ¡Perdón! N o m á s cátedra, ami- tencia, y queremos ceñir a nuestro paso tar- bertadas y activas, un sueño de. madurez gas; no m á s consejo, no m á s pedagogía. do el empuje impaciente de la sangre j o- cansada, de cordura cobarde. Y vosotras lle ¿Para qué, si la V i d a se complace en perder- ven... Disfrazar de experiencia nuestro can- gáis armadas de las armas invencibles de l a nos y en salvarnos, precisamente, siempre, sancio y de sabiduría nuestro escepticismo... infancia inconsciente. Sois lsi vida que triunY a para ver de cerca, hemos menester, el fa, como siempre, a pesar de la manida L ó portel camino inesperado e inimaginable? auxilio de prestados vidrios, y pretendemos Sí; además, tenemos todos el convenci- en los ojos del alma clarividencias e infali- gica. Y no sois la V i r t u d como quisimos miento vital de que los preceptos sirven bilidades. ¡N o por cierto! Pienso que, al prever. Y no sois la austeridad serena. para los otros pero son absurdos cuando acercarse al medio siglo, es necia toda men- Y no sois arca y arcano, portadoras de de nuestra interesantísima persona se trata. te que no ha logrado al merios aprender lá vida, dictadoras de ley, como nosotros, ¿N o somos cada u n o- l a excepción prodi- lección de la santa humildad. Si jcunessé sa transgresores dé todas las leyes, nos habíagiosa de toda regla? ¿N o merecemos, por lo vait, si vicillesse pouvait ¡S i supieran, mos complacido en soñar. N o parece tamexquisitamente diferenciado de nuestra ca- los jóvenes, si los viejos pudiesen... Ton- poco que queráis ser maestras ni que estéis lidad, el privilegio en todos los terrenos? tería disfrazada de profundidad. S i la j u- dispuestas a caer de rodillas ante la majesL o que es culpa en los otros, ¿no es, en el ventud pudiera saber, es decir, si anteviese tad de vuestro renaciente matriarcado. N o caso propio, magnífica, soberbia, prodigiosa las realizaciones, siempre distintas de las an- sois la Antorcha. N o sois el Equilibrio. Sois emancipación espiritual, liberación conscien- ticipaciones, como al anticipar ama su sue- ese algo terrible y admirable: la Realidad. Por eso en estas cartas no os podré aconte del prejuicio, afirmación de nuestra su- ño, desesperaría miserablemente, y perdería perior y libérrima personalidad? L a H u- el gusto del inefable procurar. Si la vejez sejar. Os quiero aprender. D i r é lo que veo. manidad entera es masa amorfa. H a y de- pudiese, recaería en las locuras mozas sin P r e g u n t a r é ¿Qué significa? T a l vez a vosrecho a legislar para ella, hay deber- ¿dón- el hechizo de la cegadora ilusión, y repetiría, otras y a m í pueda servirnos de algo la prede iríamos a parar si no? -de marcarle ca- con egoísmo seco y repugnante, los juveniles gunta leal. -G. M A R T Í N E Z S I E R R A minos y señalarle límites... ¡P e r o nosotros! gestos apasionados... ÍYo, y acaso el otro yo, que es cómplice ac ¡S i juventud supiera... ¡L a juventud tual, si pasajero, de nuestra quintaesencia- sabe, la niñez sabe! Todo lo que después da actividad sentimental, ¿n o estamos he- hace olvidar ía doctrina prudente de los anchos del carbón excelso que plasma y cris- cianos i No os estremece de pavor ver a taliza, no el barro humano, sino el sobre- un chiquillo trepando a un árbol, colgándohumano diamante? ¡O h alfarero brujo, que se a las ramas, haciendo columpio de su elásasí sabes poner en cada vaso frágil el gra- tica fragilidad? N o le g r i t á i s ¡E s t á s loco! E l ilustre poeta J. Iarquina nos no de locura que le hace, siendo idéntico a ¡Baja, insensato! Tenéis miedo al posible envía l a a u t o c r í t i c a de El monje todos, considerarse único! Illanco, que publicamos fuera de resbalón. ¿P o r q u é? ¿H a b é i s ya olvidado l a sección correspondiente para no Cuando pensé en un día de humildad- -tal la tranquila inconsciencia, con que, a sus aplazarla. vez la lluvia de un noviembre gris había años, -hacíais como él, bien seguros de no desleído parcialmente el susodicho grano de resbalar? H o y tembláis porque empieza a Con El monje blanco me he propuesto insensata autoestimacióii- cuando sentí, faltaros firmeza en el andar hasta su cami- llevar al teatro una pura fantasía de poeta. m á s bien, lo deleznable de m i magisterio, no llano, y queréis imponer la prudencia de E s t á concebida a modo de una leyenda p r i decidí no volveros a escribir. ¿A qué iban vuestro vértigo a la serenidad de su cabeza mitiva, y realizada en el semi- mundo, muy a sonar palabras de maestro saliendo de los firme. Es que hay leyes- -gritáis- -de grave- real y muy artificial, mitad vida y mitad labios de un convicto de haber andado a dad, de peso, de resistencia. E s que si. las milagro, carne y estilo, que nos dejan enciegas buscando, sin hallarla, la salida del viola puede, estrellarse. trever ciertos retablos italianos, anteriopropio laberinto? ¡N o más cartas de dómi (Hay leyes, cierto... L a s vuestras... Pero res al llamado Renacimiento; por ejemplo, ne, menguado consejero! existen otras. Las que ahora sabe él, las que aquellos inefables y minúsculos que sirven ¡N o m á s cartas... Y sin embargo, era supisteis cuando erais como él y se os han o l- de zócalo y desenvuelven el tema central, del beato Angélico. tan suave a mi corazón la costumbre de vidado. N o temáis. N o se estrella. L a infancia en La Anunciación, hablar con vosotras en sinceridad absolu- sabe cuánto le es necesario. Y a i r á olvidando, H e procurado desarrollar los momentos t a! Nunca, amigas, ni en una sola línea, ya i r á olvidando... a fuerza de aprender. capitales de la acción intensísima, v a os he dicho cosa que no haya tenido por ¿A q u é viene todo esto? A deciros, muje- riada y dramática, tratándolos como asunverdad. J a m á s os he mentido, si a veces res, amigas tan amadas, -que, si se reanuda la to de sucesivos Retablos. E l conjunto de me he engañado. Clarividencia ha podido correspondencia, camlian radicalmente los todas estas tablas, creo que daría al especa faltarme, nunca buena fe. Cuando os acon- papeles. Desciendo desde hoy de mi- modesta tador perfecta idea de la representación sejaba: ¡C o n s t r u i d! creía firmemente en cátedra y me siento en un banco de alumno. que asiste, aunque llegara mal o no llegal a maravilla de las futuras edificaciones. Repito: Apasionadamente os miro vivir. Con ra a sus oídos la voz del poeta. Quiere esto Cuando os he gritador ¡L u c h a d! estaba sinceridad confieso que no pocas veces me decir, que se b buscado, cómo medio exconvencido de la necesidad de la conquista. desconcertáis. Recién llegadas a la vida p ú- presivo de la realización de El monje blanY no quiero decir, en modo alguno, que blica, a medias libertadas de la esclavitud co, además de la poesía hablada, la P í a s- mi fe haya cambiado. Soy, como siempre secular, sois como niños que acaban de rr tica, elemento capitalísimo de toda representación teatral. N o una plástica simlo fui, futurista consciente, es decir, empe- cer. Ruidosamente, tumultuosamente hV e plemente auxiliar y decorativa; en alguna dernido soñador que se quiere evadir de la invadido los campos todos de la- activ 1 ocasión, mucho m á s la plástica como desilusión de lo presente en la no fraca- masculina. E n el deber, en el placer: s único resorte dramático, en- la marcha presada todavía ilusión del futuro. Creo en la roto las frágiles barreras de la tradicnwrtfer N U E V A S C A R T A S A L A S del esfuerzo para hacerla presente... Y a más de. futurista, sigo, tercamente, siendo MUJERES feminista. M á s allá del misterios- misterio para mí, varón- -de vuestra esencia, quiero Os miro vivir... esperar, mujeres, que está la clave de ia AUTOCRÍTICA El monje blanco