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A B C. V I E R N E S 7 D E FEBRER; Ó D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 C R I T I C A Y N O T I C I A S D E LIBROS La España del Cid por D Ramón M e n é n d e z Pidal, ¿Qué ha pasado aquí? E r r o r Otros libros. cía que dio al imperio de la Ley, en términos que era siempre vencedor para el servicio de la ley y de la equidad: el vencedor que nos pinta el Cantar de Zamora en la Jura de Santa Gadea, que no es el de la tizona y la loriga, sino el brazo fuerte y triunfa! que, decidido a cumplir el deber j u rídico, se lo impone al Monarca. M i l veces invicto, el Cid no hubiese sido el C i d glorioso sin esos tributos a la obediencia de la ley, al homenaje para lo justo; a la moralidad y mesura en el dominio sobre el vencido; a las normas del gobernante de i n telección hacia el futuro, en las concesiones a los moros. (Punto de arranque y lección para la convivencia futura. N o podemos seguir al hilo los capítulos de este tomo, tan nutrido y denso. Digamos en cuatro palabras lo. demás. Se dedica una parte al estudio de los reinos españoles, con el ocaso del sueño imperialista de León. Otra parte, la octava, a los A p é n dices, que son adiciones documentales, manantial cuantioso y seleccionado, del que destacan como especies jugosas el cartulario, los documentos de pleitos, instituciones, etcétera. Vienen luego de las fuentes coetáneas los cronicones nacionales, y es de mencionar el que alcanza y registra la muerte del C i d los Cantares de gesta; textos precursores de la Crónica general; textos cristianos tardíos, textos árabes tardíos... Y por último, la carpeta aneja de mapas. Este atlas es, sobre interesante, curiosísimo, porque en él quedan estampados pormenores de fechas y de subdivisiones imposibles de retener en la memoria (como tampoco puede serlo el cuadro de genealogías cidianas. E l primer mapa nos muestra el orbe cristiano y el orbe musulmán en el año 1000; el segundo, España cincuenta años después, en la infancia del C i d el tercero, a la muerte de D Fernando I el cuarto, a raíz de la toma de Toledo; el quinto y el sexto, la Cristiandad, el Islam y España, cuando terminaba el siglo x i el séptimo mapa, la España que quedaba a la muerte del Cid. Todavía hay otro mapa, minucioso y sugerente, de la región morisca de V a lencia, en toda la franja costera, meridional. Varias horas de lectura no son bastantes para que nos aventuremos a m á s amplia noticia. E l lector se ha de contentar con el índice somero. Hemos intentado únicamente anunciarle esta segunda parte de lar- hermosa obra de D Ramón Menéndez Pidal, suma y alarde de una labor personalísima de investigación, compulsa y crítica; tan personal, que en juicios substanciales se distancia de nuestros autores, sin excluir en E l vinculo del héroe y del pueblo, que algún punto a Menéndez Pelayo. Nadie el pirronismo y la cidofobia del pasado silas mueva... Pero Menéndez Pidal pueglo pretendieron romper sigile indisoluble. de tomar alguna vez las armas de R o l d a n -Por qué? Externamente, porque fué el catedrático de valentía Pero por el hecho i F. S- O. concreto y circunscrito del valor físico, del í ¿Qus H A PASADO A Q U Í? por D Francisarrojo, del empuje bizarro, e l- C i d no huco Villanueva. -Después del éxito de púbiera llegado a nosotros los españoles como blico y de Prensa que tuvo su libro recenalgo fundamental y siempre vivo, a través tísimo, El momento constitucional, el señor de la poesía épica, del Teatro, y en el univerVillanueva se dedicaba a preparar ún nuevo so a través de la literatura de varias lenvolumen para proseguir la crónica de la guas. (No es menester el añadir de qué modo Dictadura en estos meses últimos, a partir tan magistral expone y sintetiza el autor esta de la sentencia militar que absolvió al separte. Y a es sabida su erudición insupeñor Sánchez Guerra. Y en ello estaba nuesrable, su documentación sobre la matro distinguido colega, cuando sobrevino la teria. L a verdadera causa de que el C i d caída del dictador. Periodista antes que se entrase hasta l a entraña popular y nada, y periodista, por lo tanto, en estos y siga vivo para el alma de los pueblos, es libros políticos, que son crítica, juicios, coque tuvo heroísmos m á s delicados: los que mentarios, pero al hilo de la información, dan el valor nacional y el valor humano, de apeló al alcance el Sr. Villanueva, y tal consecuencias m á s perdurables. F u é su concepto de la justicia; su servicio recto y per- como se incluye, ya en la platina, un suelto o telegrama de última hora en la forma s o n a r a la justicia; la e x a l t a c i ó n y primaLA ESPASA DEL CID. -La Editorial Plu- tarco ha dado hace pocas semanas el segundo tomo de esta magnífica obra, en que don R a m ó n Menéndez Pida! -huelgan los adjetivos- -recoge como en ánfora toda el zumo copioso de sus alambicados y fervorosos esludios, añejos y presentes, sobre el C i d en n realidad, en la historia y en l a poesía. Admirable, sabia y honda labor, toda ella relacionada por l a misma corriente espiritual, y toda ella henchida por el mismo sentido crítico, del m á s dilatado horizonte, que de un lado toma luz de lo épico, y llega en el otro a las m á s puras y elevadas concepciones de la ética y de l a esencia del Derecho público, en las semillas del juez y del legislador. E l volumen prosigue, de. un modo diestramente encadenado, el proceso histórico, recobrando la figura del C i d en Albarracín. Los pasos del Campeador dejan, uno a uno y cada uno, su huella característica, con el relieve del significado, del alcance y del designio; no sólo con su efecto externo y escueto. Así, en lo de Valencia, sobre todo lo conocido y narrado del episodio, queda flotando sobre la sobria referencia del suceso el valor del discurso ante los notables moros y la enseñanza de los ejemplos, cual en la renuncia de las dádivas o presentes de un dinero producido en infames exacciones o en r a p i ñ a s del mando; como en l a devolución de bienes y de botín, aunque bien ganado. Brillan asimismo sobre la. fortuna del adalid l a prudencia y sabiduría del caudillo en el Estatuto. L a vida privada, la influencia árabe en l a pequeña corte... todo tiene el mismo hallado fulgor que nos esclarece el fondo de las acciones y aun de las actitudes y ademanes. Mehéndez Pidal cala en el esfuerzo y en el logro de la empresa del C i d para ligar toda 1 a trayectoria a un pensamiento capital. N o escudriña en esa obra de reconquista para ponderar exclusivamente las alternativas y vicisitudes y el triunfo material, sino para dar l a evidencia de un significado profundo y antecedente en la visión y el empeño de una España unitaria. M á s t o d a v í a en la divisa de las Cruzadas. E l C i d fué en Occidente lo que las Cruzadas en Oriente. Y a ser longevo, hubiera consolidado el dominio de la Cartaginense. A l fundar el principado de Valencia, personificó con victoria gloriosa la idea de los cruzados. E l señorío valenciano fué el rompeolas de la marea almoravide. E l la detuvo cuando amenazaba llegar al Aragón. E l salvó a Europa. que espera la estereotipia, metió la noticia en las últimas p á g i n a s con lo que encuadernado el libro vertiginosamente, hizo la competencia a los diarias al disparar la bomba de la crisis. Solo que los periódicos no experimentaron tanta sorpresa, o supieron disimularla en los epígrafes. E n el epígrafe titular es en lo único que el autor del volumen se olvidó de su calidad profesional. Todo M a d r i d lo sabía; todo Madrid, menos él. Por lo demás, el interés del libro no está en el alcance informativo, ni podía estar, y menguado fuera su éxito si en ello estribase. L o interesante y enjundioso es la referencia diestramente matizada de la etapa desde diciembre, que comienza con el andante de Lhardy y se acelera hasta el a- corde último. Tan sólo los bombardinos y saxofones ministeriales no se enteraron del cambio de tiempos. Confundieron el vivace con el allegro maestoso; y sí que era maestoso, pero seguido de un ¡presto, presto que desembocó en el galop final. E l capítulo de L o s aldabonazos de C a m b ó es documento vivo y fehaciente. Y también es música. E n fin, la parte de crónica sobre la materia hacendística y económica ilumina claramente el epílogo, al que siguen las notas y las conclusiones. Entre éstas brotaba la principal, indeclinable e inconcusa; es decir, la inminencia del desenlace. Y si el S r Villanueva se pregunta desde la cubierta ¿Qué ha pasado aquí? es porque los n ú m e r o s del problema monetario le habían sumido en el sueño... o p o r q u e h a b í a llegado a creer seriamente en otro desenlace. Caso en el cual añadiremos la respuesta: Lo mejor que podía ocurrir, o Lo que debía acontecer. E R R O R novela, por M a r í a Sepúlveda. Unas páginas con calor de v i d a unas figuras humanas, en las que la carne palpita, la sangre circula por sus venas y el corazón siente y sufre las amarguras de la realidad, los dolores de los desengaños y las alegrías del bien; una trama sencilla y lógica y un desenlace lógico, también y sencillo, como debe de ser todo lo humano... es lo que nos encontramos en esta obra, admirable por muchos conceptos, con la que M a r í a Sepúlveda, novelista joven y de brillante porvenir, afirma aquella personalidad literaria que se reveló con su novela anterior, titulada Revelación, denominación doblemente lógica, pues servia por igual a la ficción literaria y a los talentos de l a escritora. E n esta nueva novela de María Sepúlveda, que habrá de gustar tanto o más que Revelación, de ello estamos seguros, h a l l a r á n s u s lectores aciertos de descripción y positivos hallazgos psicológicos, que, urddos al interés que enlaza unos con otros iodos los capítulos de la obra, les llevarán de sorpresa en sorpresa, sin cansancio, con un deleite sano, por la ruta de la narración, hasta llegar al término de la lectura. tinguido coronel D Manuel Lon Laga, d i rector del Depósito Geográfico e H i s t ó rico del Ejército, ha tenido la atención de remitirnos el Anuario Militar de- España del año actual, volumen esmeradamente editado, como todo lo que sale de aquellos talleres. Aires se ha publicado una nueva edición del libro, admirable del gran escritor E n r i que Larreta La gloria de don Ramiro. (Una vida en tiempos da. Felipe Ij) obra que, a su aparición, mereció de la crítica literaria calurosos elogios. L a nueva edición es un alarde de admirable buen gusto, tanto por lo que se refiere a la parte tipográfica como a su lujosa presentación, que presta a la obra- -aparte e su mérito literario- -extraordinario valor bibliográfico, LA GLORIA L E DON R A M I R O -E n Buenos E L A N U A R I O M I L I T A R de este año. -El dis-
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