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Convocadas más de cien plazas de primera categoría. Se exige ser abogado. E n el presente año habrá convocatoria para segunda y i tercera categoría. Ko se exigirá título. Edad, desde los veintitrés años. Para el programa, nuevas contestaciones y preparación en las clases o por correo, para primera, segunda y tercera categoría, diríjanse al antiguo y acreditado Instituto Reus PRECIADOS, 23; PUERTA DEL SOL, 13, y MAYOR, 1, MADRID. En las tres oposiciones celebradas de primera y segunda categoría obtuvimos en las tres el número 1 y 479 plazas, cuyos retratos y nombres se publican en la circular que regalamos. Tenemos internado. OPOSICIONES A SECRETARIOS DE AYUH? AEV 3 ÍEH? 0 Lea usted Blanco y legro que es! I T W S J HORNILLO COCINA ESTUFA RADIADOR Nuevo Exprés para American para gagasolina o petró leo. solina. 4.000 calorías (íasto, 5 cents, hora. Toda clase de piezas hora. Gasto, de 15 a de repuesto. 25 céntimos. 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Los ayudas de cámara no podían llegar a Corchuelos, porque sus señores, Sayda M i nan, Gabriel de Espinosa y G i l López, revueltos todos, les obstruían el paso, y las mozas de l a pastelería, y los mozos con sus inútiles garrotes en las manos, miraban estúpidamente aquello. -A h o r a veremos si se puede negar impunemente a un ministro del alcalde mayor- -decía A n g u i l a llegando y deteniéndose a una respetuosa distancia, por temor a un segundo bofetón, y con l a mano puesta sobre el carrillo dolorido, por el primero- ahora veremos si se aporrea a los alguaciles de la Cnancillería de Valladolid, que son hombres de pelo en pecho, como se me aporrea a mí, que soy un hombre de bien. L o s estudiantes que habían sobrevenido se escurrieron prudentemente al ver venir al alcalde, al escribano y a los seis alguaciles de l a ronda, que venían a todo correr, y sólo Corchuelos, que estaba distraído cruzando sus improperios con los de Gabriel de Espinosa, no los vio. D e repente, la ronda del alcalde, que estaba efectivamente compuesta de hombres de pelo en pecho, como había dicho muy bien Anguila, cayeron sobre el bachiller, le sacudieron, le quitaron la espada, le amarraron codo con codo, con una destreza y una serenidad admirables, y l e tiraron a puntaipiés y bofetadas dentro de la pastelería. Aquella gente brava no sabía prender de una manera m á s suave. E r a n verdaderos perros de presa. ¡Gabriel de Espinosa dejó de luchar y de gritar fcuando vio caer a sus pies al estudiante, que se levantó ayudado por los alguaciles, que de otra 1 manera no hubiera podido, por tener atados los brazos, y dijo al alcalde Portocarrero: -Perdonad, señor alcalde, si me encontráis demudado y colérico; ese hombre (y señalaba al estudiante) se ha atrevido a insultar dentro de m i icasa a una honrada mujer de mi familia: al ama de cría de mi h i j a no he podido tenerme, y no sé qué hubiera hecho si no me hubieran sujetado; perdonad también, mis señores- -dijo más sereno- si he podido ofenderos irritado; tenía delante a ese hombre que me provocaba- -añadió, dirigiéndose a ¡los tres nobles portugueses. E l alcalde Portocarrero callaba y escuchaba, revestido de toda la severa majestad de su cargo. E l duque de Coimbra dijo: -Perdonado estáis por nosotros, señor pastelero, porque estabais poseído por una justa cólera; que de otro modo, os costaría muy caro el haber faltado de tal modo al respeto a tres grandes de Portugal. ¿Grandes de Portugal son vuestras excelencias? -dijo el alcalde Portocarrero. -E l duque de Coimbra sov yo. -Y o el marqués de Almeida. i- -Y o el conde de Novoa- -dijeron, uno tras otro, tos tres señores. ¿Y son criados de vuestras excelencias esos tres que tienen aún las espadas en las manos? -Son nuestros ayudas de cámara, a quienes llamamos para evitar una desgracia; idos. Los tres criados envainaron sus espadas y desaparecieron. -Permítanme vuestras excelencias les pregunte por qué están aquí- -dijo el alcalde Portocarrero. -Hemos venido a visitar a la señora doña A n a de Austria, sobrina del Rey nuestro señor- -dijo con énfasis Coimbra- llegamos anoche, hemos tomado aposento en esta pastelería, y al oír hace poco una acalorada disputa, en que parecía que dos hombres iban a matarse, liemos bajado, por evitar una desgracia, a interponer nuestra indudable autoridad como grandes de uno de los reinos del Rey nuestra señor. -Y en nombre del Rey nuestro señor yo doy fias gracias y aplaudo a vuestras excelencias por lo
 // Cambio Nodo4-Sevilla