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visto reproducida l a misma escena secular: las viejas, viejecitas s i m p á t i c a s v fuertes, con sus pañuelos a la cabeza, y a ías mozas, guapas y garridas mozas, ataviadas con los trajes típicos, con sus pañuelos de talle y el pañizirelo sobre los- rizos, reviviendo el mismo espectáculo tradicional e inmemorial. N o faltaban junto a las segundad- ¡cómo no! -algunos mozos, también con el traje típico, cortejadores o novios, que las aliviaban de su carga, aunque el c á n t a r o pese igual. E l amor, optimista y grato, es así en Guadalupe, como en todas partes. T a m b i é n aquí los a m o r í o s conservan modalidades t í p i c a s l a ronda y la fiesta de boda que se celebra con toda solemnidad, con agasajos y alborozos, en que participan casi todos los vecinos. Fiestas algo parecidas a las de las bodas lagarteranas, con bailes y comilonas. Hemos visto otro espectáculo interesante en las primeras horas de la m a ñ a n a en las que se cumplen los preceptos religiosos, cuando acuden ai monasterio las simpáticas viejecitas y las mozas garridas, éstas con su clásica vestimenta, ataviadas bellamente con la mantilla a l a cabeza. E s otra ocasión en que los mozos se aproximan. L a s muchachas bien lo valen, y l a ocasión es la m á s propicia; los enamorados deben irse acercando a la Iglesia. Guadalupe nos reserva a ú n m á s atractivos y emociones, recoriiendo sus típicas callejas, estrechas y empinadas, desde la mal denominada calle M a y o r hasta la m á s apartada, a muy pocos pasos; todas con sus casas viejas y humildes, pero atractivas, que parecen deshabitadas, o, a lo sumo, habitadas silenciosamente por las ancianas que hemos visto en misa o en la fuente, de las que algunas cosen calceta en las puertas; pero diríase que abandonadas por las mozas, que nos hicieron envidiar a sus cortejadores. M a s sin parecer lo, en esas casitas vetustas y humildes viven las mozas de hoy, como a ñ o s h a vivían sus madres y sus abuelas; como v i v i r á n sus hijas. E l pueblo, nos d i cen, ha sido siempre así. L a s centurias han pasado por él respetando l a integridad de las tradiciones, de las. costumbres y de las virtudes. SANTIAGO LAS CALLEJAS EMPINADAS Y ESTRECHAS D E GUADALUPE CÁMARAS A (Fotos R o d r í g u e z industria del embutido, similar a la de L a gartera y toda esa región e x t r e m e ñ a L o s cacharros de cobre, el característico producto de- los guadalupenses, son muy conocidos y estimados; dedícanles las horas que les dejan libres las faenas del campo, aunque hay algunos consagrados exclusivamente a esta industria, en la que también ayudan algunas mujeres. Hemos recorrido varios talleres de estos cacharros, todos talleres caseros, personales, modestísimos, y hemos visto la operación, absolutamente rudimentaria, toda a mano, a fuerza de golpes de martillo, con los que van moldeándolos y completándolos con adornos. Tarea curiosa y primitiva. U n a buena parte de estos cacharros son vendidos en el monasterio a sus visitantes; van los demás a las capitales p r ó x i m a s i n cluso M a d r i d donde pasan muchos por antiguos. Los cántaros, en particular, abundan mucho en todas las casas del pueblo para el uso diario. Corrientemente se emplean para el agua, con los que acuden a la fuente de la. plaza del Monasterio y a la de los tres chorros en la plaza del mismo nombre; y ef curioso y típico el ver a las mujeres todas, viejas y jóvenes, porteando los cántaros, como hace cien, doscientos, trescientos a ñ o s E n la fuente de los tres chorros hemos LOS ENAMORADOS DEBEN IRSE ACERCANDO A LA IGLESIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla