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Valores vascos. E L ARCHIVO Y BIBLIOTECA DE BILBAO, L U Z Y F U E N T E PURAS D E L N O B L E SEÑORÍO D E VIZCAYA N este pasado a ñ o mediado el curso de él, la ciudad de Bilbao, un buen día, se á presentó ufana a l a E s p a ñ a culta y la ¡lijo: H e aquí reunido, catalogado y expuesto cuanto de interés documental y bibliográfico hay en mi recinto para inquirir y saoer el pasado de Vizcaya, que en otros tiempos fué glorioso presente, y en el de ahora es recuerdo y estímulo, honor y promesa que fluye, aleccionador y amoroso, de folios y páginas, de documentos y de libros del noble señorío, engarzado a bien, secularmente, en el seno maternal de E s p a ñ a Quien por Bilbao p a s ó en las postrimerías del verano último, aunque el magnifico edificio no se a b r i ó oficialmente hasta el otoño, pudo ver con placer l a grata realidad y comprobar con justicia el tono de ufanía y júbilo de la ciudad a l ofrecer al viajero culto un templo del saber, del saber directo y de primera mano, elevado para rendir culto a. lo viejo, allí a la vera de la Gran V í a símbolo y representación d é lo nuevo, tundidos el ayer, con sus e n s e ñ a n zas y su historia, y el hoy, con su encanto y sus comodidades, para así mejor conocerse y amarse mutuamente. Quiero decir que, contra lo corriente y usual, no sólo en E s p a ñ a sino fuera de España, Bilbao, en tal día, presentaba a su viajero espiritual un espléndido palacio, cuajado de luz y de sol, atrayente y confortable, para aquellos que quisieran dese n t r a ñ a r su historia, embeberse en e l l a o simplemente conocer en su vasta extensión cualquier episodio, hombre o cosa del viejo señorío de V i z c a y a Acertamos a pasar entonces por Bilbao, y por vista de ojos conocimos el A r c h i vo y Biblioteca vizcaínos, haciendo allí propósito de darlos a conocer a los lectores ele A B C ya que bien conocen los d e m á s principales A r c h i v o s nacionales y sus fondos, por nuestras anteriores crónicas publicadas aquí bajo el título general de Los tesónos documentales de E s p a ñ a Digamos, por lo pronto, que la vida, el ilma de V i z c a y a ec las leyes, en la poli- un xm PALACIO SE ALBERGA EL ARCHIVO. tnieti 9 alapratica. l D I V I N O PlaleahíblSJotni 9 Vl FWV hdo p ¿bSoera ¿tinttS pw haaaiigpiitanI Ep ASibiaicSG Jtrartmo 5 lo pc ettemonb I miimios los iom o rcgl s o f a p i o i I licertiííuna Á í ciief gicKO iutftrdaeaK dml- B ajdcnrafwl ifciplmJiyarttSjloilllil! Kfteodelhsfoattn incoa 3 ant eo w píecepttw, n Denntt vtzcs das de ral mcfma opuúoa j- acaer: Hijftltaílan? Refpoaaeoemot con Saíomotí kzi I ir- ED E S T E LIBRO: E L ARTE DE ESCRIBIR D E JUAN D E ÍCIAR tica, en la a d m i n i s t r a c i ó n y en su propia lengua, palpita a t r a v é s de estos documentos y libros, uno de los cuales, el primero de Acuerdos del s e ñ o r í o a la vista tiene el lector. ¿Cuál es este otro documento que llama ahora nuestra a t e n c i ó n? ¡A h! el Leloaren canina, el famoso Canto de Lelo, épica expresión de un país enardecido en el furor de la guerra. Y de verdad siento que el descubrimiento de la verdadera época del Canto, indubitable, inapelable, no me consienta gozar del encanto de suponer, como hasta aquí se ha supuesto, que los célebres apostrofes de L e l o resonaron allá en aquel tiempo en que los vascos lucharon contra Augusto. H u b i é r a m e gustado m á s no saber en este instante que el Canto de Lelo n o traspasa los límites del siglo x v i Pero no, no. Vamos por orden. L a visita ha de rendirnos todo su provecho; nos a c o m p a ñ a el propio D a r í o A r e i t i o que ha enrolado su vida a la del A r c h i v o ¿Q u é es l o que hay a q u í? De las dos grandes secciones, Régimen foral y político y Guerras civiles, pronto se da uno cuenta que lo interesante, no digamos lo antiguo, está en aquélla. l o nutrido de sus fondos nos revela clara e inmediatamente el espíritu cuidadoso de V i z c a y a a t r a v é s del tiempo, en apreciar v custodiar sus documentos. B i e n que