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A B C. D O M I N G O 9 DE FEBRERO DE 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 25. respondan de los antecedentes y á los sentimientos que invoco en el presente escrito. M e adelanto a advertir que la divulgación pura y simple del auto dictado por el T r i b u nal Supremo de Justicia no daría eficaz idea de l a situación y del curso de las cosas en este singularísimo episodio de la Dictadura. Aquel auto fué acordado en la causa verdaderamente absurda que por hacer algo se instruyó cuando ya no se sabía qué intentar contra m i hermano. Refiérese a la devolución de una fianza depositada por el concesionario para la construcción del ferrocarril a Cuba del A ino, que lo era el digno presidente de l a Cámara de Comercio de Valladolid. M i hermano no acordó tal devolución ni pudo acordarla, puesto que nunca había sido ministro de Fomento, Afectando el asunto principal y directamente a amigos políticos suyos, todos ellos personas respetabilísimas, a quienes el Tribunal igualmente amparó con su auto. L o que interesa a l a verdad y a la justicia es recordar: Primero. Que en las averiguaciones y actuaciones administrativas practicadas afanosamente en todos los ministerios que m i hermano había desempeñado, no resultó contra éste n i la menor sombra de culpa que pudiera dar mérito a la exacción de responsabilidad de ninguna especie. Segundo. Que entre aquellas calumniosas imputaciones, la más grave y difundida fué la dé que mi hermano había utilizado en provecho propio fondos de los llamados reservados del presupuesto en Marruecos. Y se acreditó bien pronto, espontáneamente, por los dignos funcionarios del ministerio de Estado, que m i hermano no había dispuesto n i de una sola peseta de semejantes fondos. Tercero. Que se practicó una inspección minuciosa en el movimiento de las cuentas de m i hermano en todos los B a n cos durante los veinte años anteriores a 1923, acompañada, por cierto, de un auto de secuestro de todos los bienes del mismo, enormidad jurídica no autorizada por ley alguna y que hubo también de revocar más tarde el Tribunal Supremo. E s t a inspección acreditó el movimiento perfectamente normal de la vida económica y financiera de mi hermano desde sus comienzos. N o creo que tan larga e íntima investigación se haya nunca consagrado a inquirir la vida y la disposición de fondos de personalidad a l guna en España n i en el extranjero; y Cuarto. Que el Tribunal Supremo de Justicia, después de haber corregido disciplinariamente, como queda dicho, al aludido juez especial, fué recompensado, en cambio, por la Dictadura, primero con el ascenso a juez de M a d r i d y luego con el Gobierno civil de Valencia, y revocando sus autos dictó otro ejecutorio de sobreseimiento libre en la susodicha causa de Cuba del V i n o que lleva fecha 19 de noviembre de 1926. Expuestos así los hechos esenciales de tan odiosa persecución, y de la contumaz negatiya a la posibilidad de toda defensa pública, no regateada nunca en ningún pueblo culto n i a los más feroces criminales, renuncio a recordar algunos otros sucesos como el de la absurda y grotesca especie lanzada en reunión ante la Prensa de M a drid, apenas constituida la Dictadura, por el jefe del Directorio Militar, según el cual, el ministro de Estado dimisionario habíase llevado a Francia el automóvil de su departamento coche que cuando el jefe del Directorio hablaba, encontrábase en el m i nisterio de jornada de San Sebastián, desde el instante mismo de la dimisión del m i nistro. E l diálogo. Los antiguos partidos y el futuro Parlamento Entregada la nota, el Sr. Cambó, con un ademán, se prestó a las interrogaciones que pugnaban por salir de labios de sus visitantes. Oigámosle: ¿E s t á usted satisfecho de sus gestiones en Madrid? -Plenamente. M e han producido alegría las conversaciones que he sostenido, no sólo con las personas de que ha hablado la Prensa, sino con muchas otras de M a d r i d y provincias. Y o entiendo que lo más importante por ahora es conocer el pensamiento de lo que pudiéramos llamar selección española. Indudablemente nos encontramos en una nueva era. E n mis propósitos no entró nunca la formación de un partido, porque creo que eso es imposible de realizar, sobre todo si se entiende por partido la unión de falanges desapasionadas. E l período gregario ha pasado para nuestra época. E n cambio, creo de un gran interés el establecer contacto entre grupos y hombres representativos. Contacto en un ideario común que pudiera ser base de un programa de Gobierno, pero nada más. Evitaríamos así l a ineficacia de aquellos Gobiernos de concentración que se formaron ante circunstancias imprevistas y que frustraron siempre las mejores iniciativas! porque carecían de comunidad de doctrina, de pensamientos y hasta de temperamentos. Y o mismo, que formé parte de esos Gobiernos, soy buen testigo del fracaso. P o r otra parte, yo no me siento con temperamento de jefe de partido y estoy resuelto, firmemente, a no serlo. E l gobernante no puede atender las funciones propias de la jefatura de un partido tal y como se entiende el partido en España. Y o llego a creer que las aptitudes del gobernante son contrarias a las que ha de tener un jefe ele partido. P a r a los primeros son consustanciales la rapidez, la energía y la resolución. P a ra los segundos, los paños calientes, los emolientes y los aplazamientos. I r a unas Cortes con los mismos partidos antiguos, con los mismos hombres y con los procedimientos y vicios, y sin ideales claros, y precisos, sería engendrar un P a r lamento condenado, fatalmente, a la esterilidad. Tengo la convicción de que si sucede así surgiría una verdadera anarquía y estaríamos expuestos a que reapareciera la Dictadura, porque no debemos olvidar que ésta, en sus principios, fué saludada con gran alegría por el pueblo. ¿Cree usted que el Gobierno por sí, sin Parlamento, puede hacer la revisión total de la obra de la Dictadura? ¡Pero si ya lo está haciendo! ¡S i en pocos días de vida ha hecho ya muciio! L a revisión de la Dictadura se imponecon una fuerza incontenible. E l régimen dictatorial en sus dos primeros años, o sea en aquellos del Directorio militar, no hizo nada. Fueron dos años verdaderamente felices. Los cuatro años siguientes de la Dictadura, llamada civil, sí que están pidiendo la revisión por su fecundidad principalmente; han sido cuatro años demasiado frondosos. Y o digo que me inspiran lástima los ministros del actual Gobierno, sobre todo aquellos que sucedieron a los ministros de la Dictadura calificados por su fecundidad y su actividad. Y de éstos tenemos un ejemplo en el ministerio de Fomento. Jamás ministro alguno se ha encontrado, como el Sr. Matos, ante una situación tan grave. L a disyuntiva es fatal; desde luego, ineludible. O se paralizan las obras o hay que ir a una emisión de billetes de Banco, con la consiguiente baja de la peseta. Y de ahí no se puede salir. Repito que la revisión ha de hacerla el actual Gobierno, porque a las Cortes ha de ir el que l e v e la responsabilidad de haber variado por completo li obra de la Dictadura p la responsabilidad de haberla mantenido. ¿Entiende usted que dentro de l a M o narquía se puede i r a la pacificación total de los espíritus? E l Sr. Cambó medita un momento y contesta -E s o las Cortes lo dirán. E s a es la interrogante que pesa sobre el futuro Parlamento. -S e han dado diferentes versiones- sobre su negativa a formar parte de este Gobierno. ¿Puede usted decirnos qué causa fundamental le determinó al apartamiento? Silencio. Luego, sonriente, el Sr. Cambó exclama: -L a causa fundamental... la verdadera causa... no la puedo decir. ¿C u á l es, a su juicio, el problema más grave de España? ¿Qué entiende usted por el más grave? -É l más urgente, el que reclama una resolución más inmediata. -E l más urgente, el que se alza ante nosotros con trazos más enérgicos, es el de restablecimiento pleno, absolutamente pleno, de la soberanía del Poder civil. E l mismo Ejército ha de comprender que es de supremo interés para todos su reconocimiento de que está al servicio de la Patria. Y o quisiera que hubiera una demostración terminante, hasta espectacular si se quiere, de este reconocimiento del Poder civil por el Ejército. Se iría, después de esto, a la deseada compenetración íntima entre el pueblo y los elementos armados. ¿Intenta usted una propaganda por E s paña? -Propaganda sí, pero al modo que yo la entiendo. Recorreré todas las provincias y celebraré conferencias, conversaciones con personalidades, cuyas opiniones me i n teresan. Nada de espectáculos. E l Sr. Cambó, después de la entrevista, autorizó a los fotógrafos para que tiraran unas placas del grupo que formaba con los informadores. U n a s frases del conde de R o m a nones Anoche marchó a París el ex presidente del Consejo de ministros señor conde de Romanones. Regresará el próximo miércoles. Enterado de las declaraciones del señor Cambó, el conde de Romanones hizo esta afirmación categórica: S i no se va a l a reconstitución de los grandes partidos, uno, dé tendencia conservadora, y otro, de tendencia liberal, con cuantas modificaciones aconseja la experiencia de estos seis años últimos, el régimen puede hundirse. Y o afirmo que la M o narquía ha necesitado siempre y necesita ahora estos dos grandes núcleos nacionales. U n escrito al jefe del G o b i e r n o Recibimos la siguiente carta: S r Director de A B C. M u y señor mío: Habiendo aparecido en algunos diarios de la mañana de hoy una referencia de una entrevista mía con el excelentísimo señor presidente del Consejo de ministros, para tratar de asuntos relacionados con m i hermano D Santiago Alba, me complazco en incluirle, como aclaración de la finalidad de aquélla, copia del escrito que he tenido el honor de entregar a dicho señor. L e ruego que se sirva publicar esta carta en el diario de su digna dirección y acierto, con la expresión de mi reconocimiento. y seguridad de mi distinguida consideración. -César Alba. -Madrid, 8 de febrero de 1930. E n el escrito de referencia se dice, entre otras cosas: Piden en justicia al Gobierno que publique un acuerdo de Consejo, nota oficiosa, Real orden, comunicado u otra forma que la considere acertada, en la cual E l fiscal del S u p r e m o Madrid 9, 2 madrugada. Mañana lunes, a las doce y media de la mañana, se posesionará de la Fiscalía del Tribunal Supremo el magistrado D Antonio del Valle, nombrado en sustitución del Sr. Oppelt.
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