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S E V E N D E EN FRANCIA EN LAS SIGUIENTES POBLACIONES: ESPERAZA BEZ 1 ERS AGEN BIARRITZ FOIX AIRES L ADOUR BILLY MONTIGNY PONTAINEBLEAU ALBI GRENOBLE BORDEAUX ALGER BOUGIE HENDATE A M E L I E L E S BAINS B A G N O L E S D E L O R U E J U A N L E S PINS ANGOULEME B I A C H E SAINT V A A S T J O I G N T ANTIBES. LA N E G R E S S E CANNES ARCACHON LE HAVRE CARCASSONNE A. UCH LILLE CARMAUX ARGELES LONGWT EST COUZON AIX LOURDES BAGNERES D E CASTRES LYON CERBERB BIGORRE MARSE 1 LLE BAGNERES DE SETE MENTÓN C A P D AIü LUCHON MONACO CALAIS BATONNE DAX jMONT D E MARSAN BESANCÓN V I O T T E MONTE- CARLO MONTPELLIER MTJLHOUSE MIRAMONT NANTES NICE NARBONNE OLORON STE, MARIE ORAISON PARÍS PAU PERPIGNAN PORT V E N D R E S PERIGNEUX POITIERS ROUBAIX ST. E T I E N N E ST. J E A N D E LUZ ST. RAPHAEL STRASBOURG SALIES D E BEARIN SALIES S C H E R ST. A U B A N TARASCÓN TARBES TOULOUSE TOURS THIERS VENISSIEUR VICHY VILLEL VILLENEUVE i VITTEL S ARIEGE Encontrará usted ABC en París en ios principales quioscos y librerías y en las bibliotecas de las estaciones. PRECIO AL PUBLICO EN FRANCIA: Número ordinario, 0,60 francos. Número extraordinario, 1 franco. 276 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ E L PASTELERO D E MADRIGAL 1 273 sabe el musa, wmsae, n i el templum, tempü; no merece, pues, que se le tenga consideración por. estudiante, y he visto que es un bigardón que debe ser ahorcado; id, pues, componiendo su oración fúnebre, porque me parece que ya están torciendo la cuerda, que le falta muy poco para estar concluida; 110 hay que asustarse por esto, que yo no mando ahorcar más que a quien lo merece. Quedaos con Dios, hijos, y procurad que yo no ande en casos de justicia con los estudiantes. E l alcalde se marchó con Pedralva. -Diablo- -dijo otro bachilleróte talludo- este a l calde habla y es comunicativo, y dice que tiene cariño a los estudiantes, pero los ahorca. -S e r á necesario hacerse cartujos. i- -Y callar mucho, j -Pues callemos. r Y l o s estudiantes se desperdigaron y se fueron cada cual por su lado. Indudablemente, el alcalde Portocarrero, con su semblante afable y su palabra reposada y tranquila, se había hecho temer toas en una hora que el alcalde Santillana con todo su terrjble carácter en un año. Esto consistía en que el alcalde Portocarrero hacía justicia Sin exasperar y de 3 a manera más suave posible. Seguidamente, y como y a era hora de ser recibido en audiencia, el alcalde Portocarrero fué a. rendir el homenaje de sus respetos, como, se debía a una sobrina del Rey, a doña A n a de Austria; y después de la audiencia, que apenas duró un cuarto de hora, se volvió a su casa. CAPITULO X I E RA ya mediodía cuando Portocarrero llegó á su casa y se puso a comer tranquilamente la vianda que le habían llevado de la pastelería de Gabriel- de Espinosa. -Podéis decir a vuestro amo- -dijo el alcalde Portocarrero, cuando hubo acabado de comer, al mozo que le había llsyadq la -que puede venir cuando quiera, -Y o no sé deciros, caballero, sino que yo iba delante del señor Gabriel, cuando al ir a salir a! la calle, ese hombre se acercó a mí, me miró y me requebró de un modo grosero, y se me atrevió de una manera más grosera aún; yo grité, y entonces sobrevinieron el señor G i l López y el señor G a briel de Espinosa; he aquí todo lo que puedo decirle a vuestra señoría. Y Sayda M i r i a n que había hecho un violento esfuerzo para decir estas palabras, calló avergonzada. -E s t o es cosa concluida- -dijo Portocarrero- vuestras excelencias pueden retirarse, y dejarme mandado, si gustan, lo que quisieren. Los tres nobles saludaron ceremoniosamente al ¡alcalde, y se volvieron a su aposento sin decir una palabra n i mirar siquiera a Gabriel de Espinosa y, a Sayda M i r i a n -Vosotros- -dijo a éstos el alcalde- -quedáis l i bres, como lo estabais. -N o esperaba yo menos de! a rectitud, de la justicia de vuestra señoría, y yo me pongo a su serv i c i o en lo poco que puedo y valgo. -Habré de tomaros declaración, Gabriel de E s pinosa, y tal vez no tarde. -Cuando guste vuestra señoría. -I d al mediodía a m i casa con el ama de vuestra; ¡hija y con vuestro pariente G i l López. -Iremos, -señor- -dijo Gabriel de Espinosa siií ¡dar la más ligera muestra de turbación. i- -Pues hasta l a vista, señor pastelero, ff- -H a s t a la vista, señor alcalde, r Y Gabriel de Espinosa y Sayda. M i r i a n subieron por las escaleras. E l alcalde Portocarrero se volvió entonces, con Ja fría y tremenda impasibilidad de a justicia, a l ¡bachiller Corchuelos, que estaba sujeto por dos a l guaciles de los de l a ronda del alcalde, y le dijo- -Y o lo siento mucho, señor bachiller; pero me parece que sí. no os ahorco, que será lo más probable, doy con vos en galeras, sin que os. valgan los grados y las licencias, a fin de que los demás escarmienten y no se tomen las licencias que vos os habéis, tomado, n i insulten a mujeres honradas, iíí pongan junto a un precipicio a los parientes da estas- mujeres, n i- desobedezcan- a ilustres- priaci 1