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MADRID- SEVILLA 11 D E F E B R E R O D E 1930. NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO DO. SIMO ILUSTRASE XT O) B OLIVE. A Ñ O VI G E SUELTO N. 8.464 R E D A C C I Ó N P R A D O D E S A N S E B A S T I A N SUSCRIPCIONES Y A N U N C I O S M U Ñ O Z gón, refiere de un Girón a quien llamaban el Picaro. L a respuesta aguda, desgarrada y alegre. de este Girón al escuchar que detrás de él le llamaban con el mote del Picaro. Grandeza y despreocupación; un fondo de ascetismo, de estoicismo, en los Osunas. Las. dos Casas, la de Osuna y la de Alba, en los siglos x v i y xvn. Dos conceptos de la vida y del Estado. Y entre los destellos del cristal y de la plata, acariciados por las blandicias de los encajes, el siglo xix que llega. Los Osunas en la centuria precedente. Cambio de imágenes. Tiros en la Puerta del Sol; la gente que. corre despavorida; un gallardo jinete que baja por la calle de las Carretas y se planta solo, audaz, en medio de la plaza. La Unión liberal; las tertulias; las bromas de los aristócratas sus diversiones; un palco en el Real; los tílburis; Teófilo Gautier en la calle de la Victoria, en casa de Lhardy; otra vez París y la lejana Rusia. Fastuosidad y desdén por la riqueza. Una lluvia de monedas de oro que cae por todas partes, entre las luces refulgentes de la prosa de Antonio Marichalar: entre todos estos ¡encajes sutiles de su estilo; entre el tintineo de la cristalería y de la bruñida plata. Y de repente, la decoración cambia, Una ciudad en Andalucía: Osuna. En un altozano, la Colegiata; debajo del altar mayor, en esta iglesia, un panteón. La lucecita de la cerilla y los mármoles negros. El panteón de los Osunas; su Escorial. Todo, ahora, en este momento, en tanto que el débil resplandor de la cerilla refleja en los negyos mármoles; todo en este momento reducido a este fúnebre ámbito. Las fastuosidades, las espléndidas idas y venidas por el mundo, las brillantes vanidades, los altos honores, los mandos y los títulos; todo reducido a estos negros mármoles. Ascetismo y estoicismo: el ascetismo de Quevedo, de Ribera y de Osuna. Riqueza v desdén por la riqueza. En una de las capillas de la Catedral de Murcia se ve una losa que cierra! a bajada a un panteón; en ella está escrito: Aquí viene a parar la vida Resumen de tanta grandeza, la grandeza de los Osunas, las grandezas del mundo: Aquí viene a parar la vida Y los tres nombres unidos en la Historia, la Historia de España, que significan lo mismo: Osuna, Quevedo y Ribera. AZORIN ES PAÑA Osuna Transposición en imágenes del libro de Antonio. Marichalar: Riesgo y ventura del duque de Osuna. Hay libros que dan la sensación i de un manso y anchuroso río; el estilo se desliza majestuoso, lento; tiene meandros de curvas suaves y remansos asombrados por arboledas. Otros nos producen la impresión de un camino lleno de pedruscos y baches; es difícil el caminar por entre tantas frases torcidas y ásperas. No faltan- ¡cómo han de faltar! -las obras en que nos fingimos que estarnos sobre un plano que marcha; la plataforma camina en un sentido y nosotros en otro; no podemos- adelantar nada; por más que hacemos siempre estamos en el mismo sitio; para estos l i bros se ha escrito el aforismo de Gracián: No todo lo que se prosigue se adelanta El libro de Antonio Marichalar es como un conjunto de encajes finísimos, de plata labrada y de cristalería. Por todas partes, en todas las páginas, a io largo de todo el volumen, profusión de blondas, de cristales venecianos, de bandejas repujadas con mil dibujos caprichosos. Y entre toda esta rica y espléndida profusión, la figura del autor que va manejando, trayendo y llevando tanta, riqueza, tantos cristales, objetos de plata brillante y niveos encajes. De cuando en cuando, uñ Osuna que aparece; más tarde, otro Osuna que hi. ce otra breve aparición; poco después, entre plata, blondas y vidrios, la imagen de Madrid, en 1850, la Rusia lejana, la de París fastuoso. Y al final, desaparecido ya el tráfago- de la plata, del cristal y de los encajes, una ancha estancia en la capital de España: estantes henchidos de legajos; papeles que han sido revueltos; documentos por el suelo; confusión de gruesos atadijos de cuentas y estados que han sido abiertos y dejados sin ordenar; el polvo que cubre las mesas y los demás muebles; un ambiente de abandono, de febrilidad y de ruina. Otra imagen que sugiere el libro de Antonio Marichalar. Apartado con tiento él revoltijo eáplendente del cristal, la plata y los encajes, aparece un cuarto todo en tinieblas. En el techo, pero a un lado, se ha hecho un agujerito; por ese horado se filtra una viva luz; luz vivísima, que ilumina, el brazo de un asceta, de un mendigo, de una mujer. E l pintor Ribera, que está pintando en su estudio; pintando en Ñapóles. Ribera, que alcanza los últimos tiempos del gran Osuna, virrey de Ñapóles. Osuna y Quevedo. Los tres nombres que se enlazan con análoga significación; con significación profundamente española. La pintura de R i bera; sus violentos claros y sus intensas sombras; la prosa enérgica de Quevedo, con sus violentas luces y sus espesas sombras; la vida grande del gran Osuna; Osuna con, sus arrogancias y sus audacias. E l primer verso del famoso soneto de Quevedo a la prisión y muerte de Osuna Faltar pudo su Patria al grande Osuna Verso amplio, enérgico, que da idea, tanto del propio Quevedo, como. de los ensanches de ánimo, del pecho fuerte, de Osuna. Y de la pintura de Ribera. A l lado de tanto esfuerzo generoso, de tanta grandeza, la anécdota que Vicente BROCHAZOS TEMPLE AL ¡Madres españolas, desmentidme! Allá en lo hondo del sentir, me remuerde la conciencia por haber presentado varias veces, capitiminuído en estos Brochazos al gran orador Castelar, interviniendo en quisicosas y banalidades que él despreciaba o a lo menos miraba con desdén. Dos características tuvo Castelar: rendir culto a la Patria, ser el ánóstol ilr. inado y constante de los pueblos libres. No lo digo por exaltado patriotismo; lo escribe un biógrafo extranjero, el francés M E. de Varagnac. ¿Qué razón tuvo para afirmarlo? Castelar fué el primer hombre moderno, que predicó la anficiionía de todas las naciones Espinel, en su Escudero Marco; de Obreamericanas de origen español con la madre Patria, a fin de que esta agrupación hidalga impusiese la paz al mundo. Fué Castelar el primero también en concebir la Sociedad de Naciones para hacer imposible la guerra, muchos años antes de que germinase esta noble idea en el privilegiado cerebro de Wilson. La copia o la coincidencia en el pensar son tan idénticas, que el presidente norteamericano sólo parece ejecutor testamentario del pensamiento de nuestro gran orador. De vivir Castelar, no se hubiese burlado de Wilson, como Clemenceau y Lloyd George eh Versalles; pero al mariposear los l i bros del sabio profesor habría reclamado el titulo de propiedad de las ideas wilsonianas, que tanto asombraron a los beligerantes europeos. Procuraré sin dilación probar este aserto. Castelar fué el único hombre de fama mundial, que pudo decir sin despertar recelos de sus contemporáneos: Y o no he sentido envidia de nadie; a los que considero superiores a mí, los admiro y ensalzo; a los que declaro inferiores, no los traigo nunca a colación: les aplico un afectuoso trato de caridad Objetan a esto sus detractores: Castelar fué un visionario. Equivocan el calificativo; no fué visionario, sino profeta. Predijo la unidad de Italia, y la unidad sobrevino; vaticinó el fracaso de la expedición a Méjico, y Maximiliano pagó con su sangre en Ouerétaro la audacia de sentirse Emperador; la Reina de los tristes destinos la infortunada Isabel II, tan combatida por su pluma y su palabra, murió en el destierro, hurtándole antes la Constitución del 76, formada por sus antiguos adeptos, hasta el derecho de heredar a su hijo D. Alfonso X I I declaró efímera e inaceptable la candidatura de D. Amadeo de Saboya, y el Rey caballero se vio obligado a abdicar; propugnó contra la esclavitud de los negros, y su elocuencia grandiosa rompió los grillos de los míseros africanos, que la sórdida avaricia había transportado a las Antillas; predijo el retorno de la AIsacía y la Lorena a las manos, conquistadoras de Francia, y la última guerra comprobó el presagio en Versalles; dio aviso, claro aviso, de que las quiméricas hordas soviéticas estaban próximas a salir de las estepas. rusas para conquistar a Europa y detener el progreso, y la profecía se cumplió antes de que se secasen las flores en la tumba del sublime pensador. Añado ahora por mi cuenta: Castelar fué hombre de bien, vivió y murió pobre y gobernó a su país con la prudencia y la energía que le ordenaron las circunstancias Su estilo oratorio, recamado, pomposo, florido, casi asiático por las tracerías y exornos, envolvió a menudo las ideas con adorables espejismos, pero conste que ningún varón elocuente de su tiempo le superó en grandeza y excelsitud retóricas. Cuando se habla de Castelar se recuerda siempre con orgullo el celebérrimo apostrofe de: Grande es Dios en el Sinaí, cíe, contestando al sabio y discreto canónigo Manterola; pero como la cantera del genio, e s copiosa y el tópico del Sinaí está muy manido, abro la colección de sus discursos y copio a! azar algunos párrafos, separo de que han de maravillar a los lectores. Entresaco a la ventura este augurio, enclavado en un discurso que pronunció Castelar en el Ateneo viejo, el 11 de octubre de I S 6 I sobre la idea del progreso;
 // Cambio Nodo4-Sevilla