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A x C. M A R T E S I I DE FEBRERO DE 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. o recamado de oro: un card nal maestro de ceremonias aguarda al orador en la puerta del Vaticano y lo introduce protocolariamente en el salón de audiencias especiales; Jos guardias nobles, abiertos en filas, dan escolta de honor a Castelar, como si fuese un Rey. E r a más que un Monarca, era el Jimperador de la elocuencia. Hablaron dos largas horas; Castelar solía narrar la entrevista diciendo: E l Papa no es un hombre, es un espíritu puro envuelto en blancas vestiduras; una sabiduría transparente; una vejez orlada de inocencia, subyuga y aniquila. E n realidad, me confesó, v al bendecirme caí de hinojos, vencido por la sublimidad de sus palabras. A l despedirme me alargó la mano imano que me apresuré a besar con respeto filial) diciendo, con ternura y con el pecho abierto: S i el destino o lleva de nuevo a la presidencia de la Retiúbixa española, Sr. Castelar, acordaos de que en el Vaticano tenéis un amigo. Guardad a la idea de Dios la misma fe que habéis guardado a la idea de libertad P o r su parte, León X I I I si he de dar crédito a. la carta de monseñor Rampolla que conservo, exclamó, al trasponer Castelar el salón de audiencias: Seguramente el Espíritu Santo inflamó con sus lenguas defuego el cerebro de este incomparable orador ¿Cuándo tendrá España otro hombre como Castelar? ¡Madres españolas, desmentidme! Que el cielo os corone de estrellas si lográis el milagro. RAFAEL COMENGE LA EXPOSICIÓN F R A N CESA DEL ROMANTICISMO N o t a s de arte Hace tres ó cuatro días que se inauguró en París la Exposición del Romanticismo. Para los parisienses, 1830 es el año más evocador de la época romántica, año cuyo centenario se aprovecha ahora para exhumar reliquias de aquellos d as espiritualmente tan remotos. Las gentes de Francia y de E s paña tal vez se pregunten en el primer momento si tal Exposición es o no oportuna, dada la opuesta manera de pensar y de sentir de. entonces y de hoy. Generosidad, abnegación, sentimentalismo no se compaginan con- el egoísmo de individuos y colectividades, con el materialismo actual y con la ausencia de emoción en la mujer moderna. Salgamos al paso- de este reparo demasiado simplista sobre la oposición de las dos épocas, aclarando que tal Exposición no i n tenta evocar sentimientos, sino ofrecer de manera más o menos metódica el estilo, la forma o el gesto con aue se exteriorizó el romanticismo francés. pecó algo, y aun mucho. N o obstante fué un movimiento fecundo. E n literatura cuando menos, acabó con el clasicismo, convertido, después de un proceso de rápida decadencia, en mera fórmula automáticamente; repetida; grave enfermedad que, cuando aqueja a un estilo, anuncia su muy próxima muerte. E n las artes plásticas, un neoclasicismo, que había agotado todas las posibilidades y negado todo lo que no fuese helenístico, amenazaba con- el hastío de una producción sin novedades ni sorpresas. Un prejuicio académico universal vedaba, como herética, toda curiosidad que no fuese dirigida hacia el arte griego. E l romanticismo dio la batalla y logró ganarla. Su principa! conquista en el terreno históricoestético fué la rehabilitación del arte gótico, considerado como algo bárbaro, absurdo. Y con la rehabilitación del arte gótico vino la del arte románico. Pintores, escultores, arquitectos, arengados por los literatos, abrieron su espíritu esclavizado a la admiración de estos estilos. Fué una revelación. Violet- Leduc, enamorado del arte gótico, convierte su actividad primera de acuarelista en actividad redentora de los múltiples monumentos góticos que, hasta entonces despreciados, se conservaban en Francia. Primero pintó. Más tarde dedicóse al salvamento de cuanto amenazaba ruina. Luego restauró; mas su fantasía, demasiado impetuosa, le llevó al terreno de la falsificación. Es la grave enfermedad del automatismo que asoma y acabará presto con el movimiento romántico. Pero bueno es apuntar en el haber del romanticismo su acción de abrir en el recinto ahogado, irrespirable del neoclasicismo caduco, amplias ventanas, que permitieron la contemplación de un nuevo y dilatado panorama, desde las que el arte románico y el gótico se ofrecían como fuentes propicias en que saciar la sed de belleza; E n tocante a la pintura, el romanticismo produjo el renacimiento del género de paisaje, considerado por los neoclásicos como tema indigno de la llamada gran pintura dedicada a lucubraciones bizantinas sobre las proporciones ideales del cuerpo humano. Con el renacimiento de la pintura de paisaje preparó el advenimiento del impresionismo, si bien bueno es aclarar aquí un concepto que circula turbiamente, no sólo entre gentes ilustradas, sino asimismo en programas oficiales de concursos y aun de cursos académicos, cual es el considerar el impresionismo como orientación estética, cuando solamente fué un procedimiento técnico. Aquellos insignificantes paisajes neoclásicos, de ruinas de cartón piedra, de árboles de receta, de puentes rústicos, de pastores de opereta apacentando rebaños de ovejas, pintadas asimismo con arreglo a. un patrón que la costumbre había hecho reglamentario, todo esto fué barrido por el romanticismo. N o hay que olvidar tampoco que el romanticismo hizo desaparecer del arte el abuso de una mitología. industrial, que, en fuerza de manoseo, se convirtiera en pedantería i n soportable. E l arte en manos del romanticismo habíase transformado en cosa de sentido más humano, más de su tiempo, siquiera tal valor de humanidad se ofreciese en ocasiones demasiado influido por la literatura. Percibir y exaltar la oroyección sentimental de la Naturaleza fué uno de los fines de la pintura romántica, que en muchos casos alcanzó a lograr. U n asunto simple, un detalle del paisaje sentido hondamente, sirvió de tema para una obra de arte. Rebordemos, como ejemplo, La encina, de Teodoro Rousseau, bello trozo de pintura romántica, en el cual puso el artista gran cantidad de emoción. E l romanticismo fué, como procedí- miento, un laborar apasionado. E l artista buscaba, ante todo, la emoción de las cosas, provocando en su. propio espíritu sugestiones estimulantes. Decíanos Charles Baudelaire, al hablar de Delacroix, por quien tanta devoción sentía, que era un artista apasionadamente enamorado de la pasión y fríamente decidido a investigar los medios de expresar esa pasión de la manera más visible Y como Delacroix, otros artistas del romanticismo dedicaron su actividad a investigar los resortes de la emoción de l a naturaleza, consiguiendo un conocimiento bastante completo del problema. Mas, igual que. a todo arte, le llegó la hora de la decadencia; en este caso, demasiado pronto. Los resortes, investigados v utilizados al principio con pasión, se convirtieron en cosa automática y artificiosa; surgió la fórmula, y el romanticismo murió, probablemente, malogrado. Así como la excesiva retórica, el énfasis, la afectación, el sentido declamatorio, m a taron el romanticismo literario, una retórica temática- -paisajes teatrales, temas r i dículos que pretendieron ser grandiosos- -envileció el ar. te romántico, precipitando su caída. E l empache le artificio traio la reacción naturalista. U n a Naturaleza. libre de atildamientos y afeites, lo más objetiva posible, fué durante buen número de. años el antídoto que se buscó como más eficaz para contrar rrestar la intoxicación romántica... E l realismo se consideró como cosa definitiva ¿qué habrá definitivo en arte? hasta que surgió el empacho... L a Exposición del romanticismo francés, organizada con método, comentada, divulgada y constituyendo tema, de moda, quizá sea fecunda én. sugerencias. L a desorientación artística actual, verdaderamente caótica, necesita una luz que la ilumine. N o juzgamos inoportuno el hecho de encender varios f a ros indicadores de rutas abandonadas... ANTONIO M É N D E Z CASAL PERSPECTIVAS Las nuevas ideas y los nuevos hombres Siempre hubo juventud, porque la cadena de la Humanidad se agranda en cada instante con nuevos eslabones. E n todo momento los pueblos tuvieron mayor contingente de- hombres jóvenes que de viejos, cuyas filas diezma l a muerte. Y sin embargo, los imperios y las naciones sufrieron su h pra de decrepitud, como si todos sus miembros hubieran caído en l a decadencia senil. Así, pues, si hacemos el cálculo de- la vitalidad de un pueblo con sólo la estadística demográfica, no llegaremos a establecer la: tabla de fuerzas operantes actuales o futuras. Las c i fras de individuos que comprende el período de tiempo que vá de la pubertad a la madurez no sirven a la valuación que nos proponemos. ¿Dónde están los hombres nuevos 0, loque es lo mismo, los hombres jóvenes capaces de reemplazar a los conocidos y viejos en la dirección del negocio público? han preguntado ahora en España. L a conclusión deducida de estas averiguaciones, si nos atenemos a las respuestas, no podría ser más desconsoladora. Casi iríamos a decir que España no puede contar con otras aportaciones que las conocidas y, en gran parte, fracasadas. O bien que es un país habitado de manera exclusiva por sexagenarios. Para alcanzar el objetivo propuesto, conviene seguir otros métodos: es preciso evitar la confusión. N o se trata de juventud física, sino de juventud ideológica, la que es independiente de las fechas de nacimien- to. L o que nos interesa es la aparición de nuevos elementos influyentes en el destinó nacional: nuevos por la- noyedad y no novelería de sus ideas y de su táctica; nuevos por el vigor y la violencia de su impulso. L a Cien años son suficientes para olvidar, i n cluso históricamente, hechos de gran relieve cuando se produjeron. De otra parte, la gente moza no ha tenido comunión espiritual, ni aun meramente narrativa, con los que vivieron aquellos días, que ya pueden ofrecerse a la curiosidad insaciable de las gentes como manjar nuevo, capaz de satisfacer por algún tiempo el paladar estragado del hombre moderno. Cuando menos- -se dirá- es un espectáculo divertido contemplar, aun cuando sólo sea históricamente, la manera de producirse aquellas gentes, enardecidas por motivos que hoy nos parecen absurdos. Esta yisión intrascendente del romanticismo es la yisióa vulgar, epidérmica. E l romanticismo
 // Cambio Nodo4-Sevilla