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CÓRDOBA. E N E L A T E N E O El. NOTABLE TA PE DERMATÓLOGO DOCTOR B E R J I T LOS D E L R I O DBSH KS D E? t; (x) OOBTERNO D E L A T E N E O MEDICO Cnj- CU M E D K O Pl r TESORERO DEL WTO N ET. P R E S I D E N T E Y -v C O N F E R E N C I A A (VOTO Di I conceptos expresados a raíz de su primera venida. Bogotá se empeña siempre en querer ser hospitalaria y gentil. E n su primera conferencia, Noel obtuvo un triunfo merecido, no obstante el poco tacto que demostró al referirse a los presentes intelectuales en los precisos momentos que se alista el país a una lucha electoral, en la cual uno de los candidatos es un ilustre poeta, que lo escuchaba desde su butaca. Por encima de esto, como decimos, Bogotá ha sonreído para el Sr. Noel. E l Sr. Góngora también ha tenido ocasión de recibir el aplauso de este público, que gusta de conmoverse y rendir su admiración a quienes son mensajeros de una cultura. Esta es la ocasión más a propósito para llamar la atención del Gobierno español hacia el escaso interés que ha demostrado en el fomento de las relaciones intelectuales de los pueblos que hoy hablan un mismo idioma. Porque es el Gobierno el llamado a acrecentar el cruce de ideas, que son las que crean los verdaderos v más sólidos vínculos. Cuando la guerra europea, emergencia de poco grato recuerdo, casi toda la América se pronunció en favor de la causa de los aliados, por la razón de que era F r a n cia y su cultura la más manoseada por nosotros. A pesar de los bellos libros que actualmente produce la literatura española, la mayor parte de esa obra permanece inédita para los lectores americanos. E n parte, por la indiferencia del editor español, que no sabe aprovechar debidamente este ancho mercado, virgen todavía, y en donde España tiene infinitas posibilidades de ser dueña absokita. bin que estas lineas tengan ilación con lo que han de decir a su regreso los señores Noel y Góngora, la mayor parte de los escritores hispanos, después de su j i r a hablan pestes de nosotros. Es una verdad dura; pero como es verdad, hay que reconocerlo así. E l caso de un fosé María- SaL. verría o García Sanchiz, que emplean su pluma o su palabra para un recuerdo benévolo, no es frecuente; mejor difiamos que es único. El conferenciante español limita sus maletas de viajero a tres países: Uruguay, la Argentina y Cuba. Precisamente donde la influencia española, por razones de inmigración, se acentúa más que en los otros. Son los países que conocen, los que llaman poderosamente su atención. Pero también son precisamente los que menos deben ser objeto de un intensó movimiento de penetración espiritual, por la razón que atrás dejamos apuntada. Colombia, Venezuela, E l Ecuador, Bolivia, Perú y algunos más, que guardan su cultura vernácula, no entran en el itinerario de los grandes escritores. Ortega y Gasset, D Ors, Asorín, Benavente, Américo Castro, no hacen un alto en su ruta de viajeros cara detenerse unos pocos días en estas tierras. Y son esas las figuras que han de venir a esta parte de América; ellos, que antes que escritores son pensadores. Si no h an de venir por su iniciativa personal, que lo hagan como enviados del Gobierno, para hablarnos de la España que hoy piensa y se agita. Para luego, a su turno, hablarles a los públicos españoles de lo que es América. D e América se tiene un concepto completamente falso en toda Europa. P a r a el grueso público es una abstracción. Es preciso que la enorme masa española. -y al decir española mejor diríamos europea, pues es dolencia general- -se dé cuenta que en estos países la obra de cultura de la época colonial no se ha perdido. A l contrario. Se ha continuado formidablemente. Cada día se enrolan más en la ola de progreso que está transformando a estos países. Porque si nosotros- pedimos que se descubra a la España intelectual que hoy piensa y cuenta en el concurso universal de las ideas, también pedimos que se descubra nuevamente a América. Que se la descubra, no en su aspecto geográfico, sino intelectual y material. Porque una raza que ha producido poetas que cantan en verso con el ritmo y la elegancia de un Silva, de Darío, de Ñervo, de Valencia o de Lugones, es una raza que ha dado una aita medida de su valor. Porque ha producido tres o cuatro novelistas capaces de situarse en la misma fila de los buenos españoles. Por eso hacemos hincapié hacia la importancia de que el Gobierno, con una clara v i sión de las necesidades del momento, organice una j i r a por América de las figuras que España reclama para sí como representativas de su cultura. A un periodista argentino que lo entrevistó hace poco, declaró un ingenio de la moderna comedia española que el Rey D. Alfonso X I I I en su viaje a la República del Plata, se h aría acompañar de dos representantes de cada una de las actividades de su pueblo. Ojalá esa idea de que América sea visitada por auténticos representantes de España se haga general, v se habrá dado un paso magnífico en el afianzamiento de las relaciones hispanoamericanas. GUILLERMO C A M A C H O Y M O N T O Y A Bogotá, enero, 1930.
 // Cambio Nodo4-Sevilla