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A E C. M A R T E S n D E FEBRERO D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 17. lidades más que de promesas, pues la Dictadura tiene, en este aspecto, una acción muy fecunda. L o s ex ministros militares, entre los cuales me cuento, no formamos en ese partido- -dijo- -pero vemos con simpatía su actuación y como español tengo puesta m i esperanza en él, así como la completa confianza de que si hay unas elecciones sinceras este partido obtendrá la mayoría de los sufragios. Independientemente, la Unión. Patriótica seguirá su actuación de L i g a ciudadana. Creo que en el momento de las elecciones la Unión Patriótica prestará la ayuda de sus sufragios al nuevo partido que se crea. Insisto en que si las elecciones son sinceras los núcleos que han colaborado con la Dictadura obtendrán la mayoría. L n periodista preguntó al marqués de Estella si sus amigos políticos apoyarían al Gabinete Berenguer. Rápidamente contestó el general Primo de Rivera que él no tenía amigos políticos, pues terminada su actuación, los que habían colaborado con él se regirían ahora por un. Directorio nombrado por ellos mismos y sin su inspiración personal. S i n embargo, cree que la misión de sus amigos es la de contribuir a que el país no se salga de sus cauces y 110 reine un ambiente de anarquía, luchas y represalias, p u e s e l fantasma peor de estos momentos, lo único verdaderamente grave, es el desgobierno. Realmente, cuando un país cae en el desgobierno es lo peor que puede ocurrir. Logrando sus propósitos de a r m o n í a terminó diciendo- -nadie tendrá el deseo de levantar el diapasón y de crear desavenencias. Luego, el general P r i m o de Rivera contó al reportero cómo llegó a Barcelona esta mañana sin que nadie tuviera aviso de su presencia y, afortunadamente, protegido por la fuerte, granizada que caía entonces, pudo tomar el auto y dirigirse a Capitanía, donde sorprendió por completo al capitán general, que no esperaba su presencia, pues ayer i n tentó telefonearle desde Calatayud, pero no pudo. Después el marqués de- Estella se despidió amablemente de los periodistas, expresándoles su amistad. E n el expreso de esta tarde, que sale a las 3,42, el marqués de Estella marchó a la frontera francesa. A la estación fué a despedirle el general Barrera. Hasta la frontera le acompaña el nuevo comisario general de Vigilancia, de esta ciudad, Sr. Castro. T sa repasar la Gaceta de los años últimos y ver en ella cómo se necesitaba autorización del Gobierno para cambiar hasta una rueda de molino. E s o es una tiranía, un estambulamiento de las libres iniciativas. Esas trabas deben desaparecer, no sólo porque perturban la industria, sino porque perjudican al consumidor, que es el que sufre más d i rectamente de tales excesos. E n cuanto a los presupuestos municipales y provinciales, ¡qué hay que decir, que no esté ya en la conciencia de todos vosotros! Se decía que un recargo de cinco por ciento en la contribución para aquellas cargas no significaba un aumento de tributos, porque no figuraba en el presupuesto general. N o hablemos de cómo surgieron y se desarrollaron los Comités Paritarios. Sirvieron para asignar pingües sueldos, y se atomizaron cuanto fué posible, para que se aumentaran las presidencias y las secretarías. Eso tiene que desaparecer, y esa es la labor espinosa que nos espera, en cumplimiento de un i n declinable deber. Hemos de hablar tambin del desenvolvimiento de las obras públicas. Parece que son convenientes, y esa es la opinión general. Pero no lo son siempre. Las hay innecesarias, y causan un gravamen poderoso para el contribuyente. Como principio básico, afirmamos que las obras públicas serán buenas cuando las fuerzas económicas del país las consientan. Pedir dinero a réditos para realizarlas, no es engrandecer el país, es arruinarle. Pero para los problemas financieros tenemos grandes símbolos en nuestro partido. L o s tenemos para cuantos problemas de Gobierno se presenten. Recordemos a Cáno, vas del Castillo con su concepción amplia y fecunda del Poder público; a Silvela con su admirable doctrina de las esencias jurídicas y éticas; a Villaverde, hacendista sin i g u a l a Dato, iniciador de la Legislación social obrera. E n l a obra financiera seguiremos la labor de D Raimundo Fernández Villaverde. E s a labor tiene dos fases. U n a es Ja del. refuerzo de los ingresos; pero hasta donde lo consienten las fuerzas económicas del país. E n este particular un aumento tributario no cabe ya en España y urge, a m i juicio, llegar cuanto antes a ciertas desgravaciones. E n el año 1922 creíamos que los tributos llegaban al límite de la tolerancia nacional; pero han aumentado y ya se habla de la ruina de las industrias y de la necesidad del cierre de fábrica con l a consiguiente paralización del trabajo. Y es que, además del presupuesto general, hay tributos que han pasado a las haciendas locales y organismos autónomos que viven incluso de las multas que señalan, dándose el fenómeno de que vivan de sus propias multas y que i m pongan las que necesitan para vivir. (Grandes aplausos. Esos organismos tienen cajas especiales y los jefes de sus oficinas tienen en los bolsillos el talonario de cheque para usarlos sin otra intervención. ¿Puede administrarse de este modo un país? N o conviene que se ignoren las vías subrepticias por donde se va el dinero. L a administración hay que llevarla a la luz del día y con la intervención del Tribunal de Cuentas. P a r a la cuestión social tenemos como antecedente la obra trascendental de D Eduardo Dato. Nosotros queremos la armonía de las clases; la convivencia de los patronos y obreros, pero dentro del progreso constante en la legislación. Y o no niego que los Comités Paritarios puedan ser ventajosos; y esto no se contradice con lo que antes expresé, porque yo me referí a la falta de garantías y derechos que en los Comités se nota y a la desorganización que en los mismos existe. De continuar en el camino emprendido, se iría al predominio de la clase obrera con el fin de! a armonía que proclamamos. Procuraremos el mejoramiento de la clase obrera estimulándole al ahorro y a la propiedad, que es indispensable a toda nación bien organizada. Volvamos la vista a Rusia y veremos que allí se ejecutó el despojo a la pro- piedad, y el obrero entonces trabajó para cubrir sus necesidades, pero no para la co- L lectividad. E l conde de Bugallal fué felicitadísimo, y ante él desfilaron todos los presentes para estrechar su mano. Manifestaciones del general P r i mo de Rivera Barcelona 10, 4 tarde. A las tres de la tarde, el general P r i m o de Rivera recibió a los periodistas en Capitanía General. Después de saludarlos afectuosamente, les dijo que la odisea de su viaje a Barcelona era ir s bien una cosa pintoresca que interesante. Después refirió cómo salió de M a drid en automóvil, pensando dirigirse a la frontera francesa por la parte de Lérida; pero, en vista del temporal, que le sorprendió en pleno Aragón, tuvo que tomar el tren para llegar a Barcelona y desde allí dirigirse a la frontera. Refirió que en Zaragoza el temporal era realmente extraordinario, y dijo que en sus ya largos años no había visto nunca una cosa igual. A preguntas de un periodista, sobre si pensaba estar muchos días en San R e m o- -a donde se dirigía el general- contestó éste que sólo dos o tres días, pues allí le esperaba una persona con la que ya tenía el compromiso de avistarse. U n compromiso puramente social. Agregó que después marchará unos días a París, y, en total, invertirá en el viaje unos quince días, que le vendrán muy bien para el descanso. Después no sabe si regresará por Barcelona o por Hendaya. Estoy seguro que durante este viaje me aburriré mucho, pero, de todos modos, no me vendrá mal, para estar unos días alejado de la campaña injustificada, encarnizada, que yo llamaría más bien inicua, que la Prensa, no interpretando un buen estado de opinión, sino impresiones personales (cosa que con mucha frecuencia ocurre en la P r e n s a) -d i j o- trata de hacer objeto de persecución y violencia a los que colaboraron con la Dictadura. Precisamente- -agregó- -yo considero un alarde de ciudadanía el de aquellos que, teniendo una personalidad en otros campos, o bien una posición independiente, vinieron a colaborar con la Dictadura, con el noble y patriótico propósito de- enaltecer a la Patria, pero la perversión de los políticos lo ha trastornado, y sus rencillas y sus luchas han envenenado la cuestión, so pretexto de unas reivindicaciones y libertades imaginarias, pues precisamente los que de este modo obran tienen de liberales- -dijo- -lo que yo de rubio, y más bien están influenciados por negras pasiones y rivalidades personales. E n fin, todo esto presenta un ambiente de violencia, de lucha desagradable, a cuyo terreno no quiero siquiera descender. Agregó que se ofrece como reivindicaciones a la docena de detenidos gubernativos, que siempre los hay en todos los regímenes, en un país de 22 millones de habitantes, y a la otra docena escasa de funcionarios públicos que, por razones que sólo el Poder Público puede saber, sufrieron durante un interregno de casi siete años sanciones gubernativas. Y o creo que esta campaña de represalias es una mala política, que ya condena con acierto el Sr. Cambó, cuando dice que esos rencores y esos odios son un camino que sólo puede conducir a nueva Dictadura. Dijo después el marqués de Estella que, precisamente hoy o mañana los ex ministros de la Dictadura pensaban hacer público el programa político a que han de a justar su actuación política; programa de rea: Regreso del señor Unamuno a España San Sebastián 10, 11 mañana. E! domingo, desde primera hora de la mañana, comenzaron a llegar a Hendaya algunos representantes del partido republicano de la provincia, y los Sres Jiménez Asúa y don Indalecio Prieto, y algún otro amigo del Sr. Unamuno. Con el Sr. Unamuno comieron todos los correligionarios citados, y durante l a comida hubo una charla muy animada. Poco después de las cinco de la tarde salió la comitiva de Hendaya, yendo, con el Sr. Unamuno y sus amigos el alcalde de Hendaya y varios vecinos de aquella villa francesa. A l llegar al puente internacional, el alcalde de Hendaya dio un abrazo al señor Unamuno, en nombre de Francia, y le dirigió algunas frases cariñosas, terminando con un v i v a a la libertad E l Sr. Unamuno contestó agradeciendo las atenciones recibidas durante su estancia en Francia, estancia que había servido para avivar sus sentimientos de cariño hacia la nación francesa. E n las inmediaciones del puente internacional, por la parte de España, no obstante la persistente lluvia que caía, esperaban 3 a llegada de D. Miguel Unamuno más de quinientas personas.