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ABC. MARTES n D E FEBRERO D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 26. el coche ambulancia de Sanidad pasaron estos dos últimos al hospital de M a r i n a de San Carlos. DEL ACCIDENTE FERROVIARIO E N LAS MESAS Ali- C ó m o fué alcanzado el expreso de Andalucía p o r el c o r r e o de L o s que se salvaron. E n S e v i l l a Llegada de heridos. U n o de l o s heridos en el choque de trenes Valencia 10, 3 tarde. E n el rápido expreso de M a d r i d llegó anoche el capitán de Infantería Sr. Miralles, que se dirigía a Málaga para embarcar con rumbo a Cabo Juby, en uno de los trenes que chocaron en el pueblo de Tembleque. Dicho Sr. Miralles tiene una costilla fracturada, además de otras lesiones graves, que le han impedido continuar el viaje, quedando aquí en Valencia en casa de unos parientes. cante. E l momento de la catástrofe. H e r o í s m o del d o c t o r G a r r i d o graciado debió ser, pues, horrible. S u esE l momenío de la catástrofe posa, con ambas piernas fracturadas, sufrió M a d r i d 10, 6 tarde. Noticias adquiridas la amputación quirúrgica de una de ellas, ¡posteriormente nos permiten relatar cómo en el mismo apeadero de Las Mesas, y de ocurrió la catástrofe. la segunda, en Alcázar de San Juan. E l expreso de Sevilla tuvo que detenerse en el apeadero de Las Mesas por haberse H e r o í s m o del d o c t o r G a r r i d o obstruido la caja de una de las agujas, a consecuencia de la nevada. Cuando se estaL o s viajeros le ovacionan ban realizando las operaciones necesarias E l doctor de l a Universidad de Granada para dar salida al expreso, funcionó el teSr. Garrido, persona muy reputada y coléfono. E l factor que sustituía al jefe de nocida en dicha población, que cuenta seestación de Casas de la Guardia, que es l a senta años de edad, viajaba en el coche de inmediata anterior por que habia de llegar Cádiz. A l choque recibió un fuerte golpe el expreso de Alicante, avisaba que en aquel en una ceja, y perdió el conocimiento. A l momento daba l a salida al segundo tren. recobrarle, se encontró sobre una masa de E l jefe de Las Mesas, alterado por l a nohierro, de la que salía un chorro de vapor. ticia, exclamó: ¡N o lo recibo, no puedo Había quedado montado sobre l a locomotora ¡recibirlo, está aquí el expreso de Sevilla! del segundo expreso, sin sufrir más que una Detenga el de Alicante Pero el expreso de herida, que después se comprobó era de caAlicante había partido ya. rácter leve. L a sangre le cubría el rostro, y, E n vano el jefe de Casas lo repetía por aturdido por el golpe, no sabía qué hacer, teléfono. N o puedo detenerlo, ha marchacuando vio que le gritaban para que no do ya. Salgan a cortarle el paso... N o abandonase su sitio, pues era peligroso trahabía tiempo que perder. L o s discos estatar de descender. L o hizo utilizando una ban cubiertos de nieve y el maquinista del escalera, según creemos, y apenas se vio expreso de Alicante no podía ver la señal en tierra, cubierta de sangre su barba blande l a vía. A toda prisa salieron varios obreca, y parte del rostro, sin tratar de averiros con faroles para hacer las señales de guar la gravedad de su lesión, acudió al alarma y detener el tren. Todo esto no pasó auxilio de los demás heridos. Fué tanta su inadvertido del todo para algunos viajeros, solicitud, y tan noble y decidido su procey dos de ellos resolvieron apearse del vagón der, que los viajeros de ambos trenes y el de Cádiz, precisamente del que resultó personal de la estación prorrumpieron en completamente destruido a consecuencia de una gran ovación cerrada. E l doctor G a r r i la catástrofe. do curó a todos, y pudo ver, con alegría, Los viajeros pudieron percibir las luces que la mayoría de los heridos eran leves, del tren que llegaba rápidamente, por estar excepto la pobre señora a la que tuvo nesituado el apeadero de Las Mesas en una cesidad de hacer en el momento la amputagran recta; pero como habían visto a los ción de una pierna. obreros ferroviarios salir paar hacer las señales de parada, no desconfiaron de que el L o s que se salvaron tren pudiera detenerse. Se comentaba, con motivo de la catásPero sucedió lo imprevisto. Que el matrofe, la suerte de algunos viajeros del vaquinista del expreso de Alicante no vio el gón de Cádiz, que salieron ilesos del chodisco que marcaba el cierre de l a vía, y que o con ligeras contusiones, cosa apenas divisó las luces de alarma a corta distancia increíble, dado el estado en que quedó el del Apeadero, porque a los obreros que las sleeping. conducían no les dio tiempo a llegar más allá. S i n embargo, en el espacio libre pudo Entre los restos de éste apareció un peel maquinista del expreso frenar rápidarrito lulú y una jaula con un pájaro, que mente, y hasta dio contravapor, logrando- no sufrieron daño alguno. casi detener el tren. De suerte que puede E l hecho de haber frenado rápidamente decirse que, con unos cuantos metros más, el tren de Alicante evitó una gran catásla catástrofe no se hubiera producido. L a trofe. E s sabido que los viajeros de este fatalidad, no obstante, dispuso las cosas de último convoy no sufrieron daño. otra manera. L a máquina del tren de Alicante alcanLlegada de algunos heridos a S a n zó al último coche del expreso de AndaluFernando cía, qué era un sleeping, del cual habían descendido I C J dos viaieros a quienes nos refeSan Fernando 10, 1 tarde. H a n llegado rimos anteriormente, y que presenciaron lo a esta población algunos heridos en el choocurrido como ante l a pantalla de un c i- que de trenes ocurrido en l a línea de A n liematógrafo según sus propias frases. dalucía. L a locomotora destrozó el coche- cama, y Dichos heridos son D Celedonio Rey lo arrancó de su plataforma, conyirtiéndolo Jeny, comandante de Infantería y nuevo en astillas. Quedó el coche debajo del que delegado gubernativo en Cádiz, quien, con ocupaba el segundo lugar de la cela que, al su señora e hijos, venía de Salamanca. E l sentir el choque, se elevó y montó sobre Sr. Rey está herido leve en una pierna y aquel. Los escasos viajeros que ocupaban su esposa en un brazo. E l oficial de Infanel coche destruido- -que, repetimos, era el tería de M a r i n a apellidado Reu, grave; v último del expreso de Sevilla- -salieron dese! teniente de navio Sr. Gupián, leve. E n pedidos en varias direcciones; pero uno de ellos, D Santiago Marcelo Guerra, quedó aprisionado contra la techumbre del vagón, y así resistió, con esfuerzos desesperados, PLANTAS, CLAVELES, ROSALES algunos momentos, sin que fuera posible J P. M A R T I N M A L L E N 21, S E V I L L A libertarle de su ptisión. L a muerte del des 1 En Sevilla. L l e g a n viajeros h e ridos P i d a n catálogo ilustraflo. A las siete y cuarenta de la noche del domingo llegaron a Sevilla, fusionados, el expreso de M a d r i d y el directo de Barcelona y Valencia, en el que venían los viajeros que habían sufrido los efectos del accidente ferroviario ocurrido cerca de Tembleque. E n los andenes esperaban familiares de los viajeros del expreso. Entre los viajeros figuraban, como heridos, D Alfonso M o y a Ortega, de Paterna del Campo, y la señorita Asunción Montaño, vecina de Triana. E l primero tenía una herida en el labio inferior, y la señorita heridas en l a pierna izquierda y magullamiento general. E n la estación fueron reconocidos por el médico de l a Compañía Sr. Terán. Viajaban en el expreso la señora viuda de D José Marañón, madre política del marqués de las T o r r e s D Juan C o n r a d i jefe de Obras Públicas, de Huelva, D A r turo Díaz Rodríguez; D L u i s Medina V i llalonga y D Jacobo B o x También llegaron en dicho tren siete j u gadores del Iberia Sport- Club, que debieron haber jugado ayer con el Betis Balompié. Cerca de las doce de la noche del domingo llegó el rápido de M a d r i d que trasladaba a tres heridos del accidente ferroviario. E l médico de servicio de la estación de l a plaza de A r m a s S r Terán, fué avisado a L o s Jerónimos para que asistiese a los heridos, pues estos viajeros iban para Cádiz y l a Compañía de M Z A había i n teresado de la de los Andaluces l a formación de un tren especial para el traslado a Cádiz de dichos viajeros. E l Sr. Terán esperó la llegada del rápido en Los Jerónimos y allí recibió a los heridos. Estos eran el comandante de Infantería D Celestino Rey y Félix, su esposa, doña Mercedes Ruiz Páez, y su hija María del Carmen. E l Sr. Rey sufre contusiones d i versas; su esposa, heridas contusas en l a cabeza y magullamiento general, como así María del Carmen, que también sufre heridas, pero de pc a importancia. Doña Mercedes R u i z quedó aprisionada, al ocurrir el choque, entre los restos del vagón. L o s viajeros refieren el accidente en la forma que ya queda detallada. Todos refieren el horror de los primeros momentos, aumentados por l a crudeza de la noche, cuando aún no se sabía si el accidente tenía proporciones de catástrofe. L o s primeros auxilios se realizaron con grandes dificultades, pues la nieve interceptaba las vías. E l expreso de M a d r i d llegó el lunes a nuestra ciudad a las doce en punto de la mañana. Entre los viajeros llegaron el jefe del A r c h i v o de Indias, D Cristóbal Bermúdez Plata y el doctor Muñoz Rivero. L a vía ha quedado expedita en la madrugada del lunes.
 // Cambio Nodo4-Sevilla