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GRAN SURfJDO P R S C l OSJ. I M I T E S REPARACIONES GARANTIZADAS DS C U B I E R T O S Y CÁMARAS e ESOUINA. GENERAL MADRID PORLIER Convocadas m á s de cien plazas de primera c a t e g o r í a Se exige ser abogado. E n el presente a ñ o h a b r á convocatoria para segunda y tercera c a t e g o r í a No se e x i g i r á t í t u l o Edad, desde los v e i n t i t r é s a ñ o s Para el programa, nuevas contestaciones y p r e p a r a c i ó n en las clases o por correo, para primera, segunda y tercera c a t e g o r í a d i r í j a n s e al antiguo y acreditado Instituto R e t í s P R E C I A D O S SS; ¡P U E R T A D E L SOL, 13, -y M A Y O R 1, M A D R I D E n las tres oposiciones celebradas de primera y segunda c a t e g o r í a obtuvimos en las tres el n ú m e r o 1 y 479 plazas, cuyos retratos y nombres se publican en la circular que regalamos. Tenemos internado. 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Gabriel de Espinosa sacó l a misma cartera que en otra ocasión y entregó a l alcalde Portocarrero, para que los examinase, los mismos papeles que había hecho ver a don Rodrigo de Santillana, y cuyo contenido conocen ya nuestros lectores. -Puesto que estáis indultado de una muerte que hicisteis- -dijo el alcalde Portocarrero devolviendo los papeles a Gabriel- que tenéis pruebas de h a ber servido lealmente a Su Majestad en sus guerras, de que el Papa os conoce y os aprecia, de que valéis mucho, puesto que una gran dama se ha prendado de vos y otra dama os acompaña encubierta para criar a vuestra hija, o que tal vez, perdonadme la malicia, señor Espinosa, esa misma gran señora está delante de m i encubierta bajo un humilde traje, yo os aprecio también, y os juro mi secreto; no hay por qué os ruboricéis, señora -añadió el alcalde Portocarrero viendo el encendido color que había cubierto las mejillas de Sayda M i r i a n- vuestra turbación me prueba que no me he engañado, que vos sois la gran dama con cuyo amor está favorecido el señor Espinosa; si esto nada tiene de extraño, porque el amor es el señor tiránico que hace doblar la cerviz a los más soberbios, y vos señora, seáis quien fuereis, valéis tanto, que no hay disfraz, por humilde que sea, que pueda encubrir vuestra valía. -Pues bien, señor alcalde, vos me parecéis, y creo no engañarme, un gran caballero- -dijo G a briel de Espinosa- y como tal, os demando ¡a promesa de guardar un profundo secreto acerca de lo que voy a deciros, puesto que nada encontráis en mí que sea en ofensa y deservicio de Dios o del Rey nuestro señor, -P o r m i honor, como noble v como caballero; por m i fe, como cristiano; por m i rectitud, como ¡alcalde, yo os juro olvidar lo que me dijereis para no decirlo a nadie, n i aun a m i confesor, -Pues bien, señor alcalde: yo soy lo que os he dicho; Gabriel, hijo de Juan de Espinosa y de su mujer M a r i Pérez; dicen algunos que éstos no fueron mis padres, sino que morando en Toledo 16 encontraron en el cajón de los expósitos de l a iglesia mayor de Santa María; y aunque parece probar esto el que m i partida de bautismo n o se encuentra, n i como expósito, n i como hijo legítimo de los antedichos, ellos por su hijo me tuvieron, su hijo me confesaron y herencia me dejaron como a h i j o Gabriel de Espinosa me he llamado siempre, y noble soy, y a sea legítimamente expósito, porque bien sabéis que los expósitos los adopta el ¡Rey, y los tiene por hijos y los cría. -Decís bien, señor Espinosa- -contestó el alcal- de Portocarrero- pero continuad, porque vttes ¡tra relación me interesa. -V i v í a n mis padres en Toledo cuando empecé ja ser mozo, y como, aunque nobles, eran pobres, ¡y no podían enviarme a Salamanca, me pusieron a oficio, y f u i tejedor de terciopelos; pero el telar y l a lanzadera me enfadaban, que no había y o n a cido para oficios mecánicos, y habiéndose trasladado mis padres a Madrigal, dos años después de su nuevo avecindamiento, al cumplir mis dieciocho, como pasase por l a villa un capitán de reclutas, tomé bandera con licencia de m i s padres y fuíme á Italia, donde peleé cuatro años con los franceses, en l a compañía de hombres de armas del capitán Avellaneda; volví con licencia al pueblo, y por taque! tiempo fué l a riña en que maté a u n hombre írente a frente, y con peligro y con razón, como mucha gente que aún vive en el pueblo lo sabe; y huyendo del rigor de las pragmáticas, que castigan a sangre los desafíos, escapé con buena fortuna, y pasando a los Países Bajos tomé bandera en l a compañía de infantes del señor don H u g o de Moneada, en la cual, por mis buenos servicios, alcancé indulto del homicidio, por los buenos oficios de m i capitón y por la clemencia del R e y nuestro señor, que Dios guarde, y ya libre despena, seguí mis aventuras de soldado. N o extrañéis n i toméis a mal que desde este punto os oculte por donde anduve, porque si os lo dijese vendríais a ¡feacar en limpio de gué familia es. m i esposa, y. su
 // Cambio Nodo4-Sevilla