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ACADEMIA Y E U L L A MAGDALENA, ¿MADRID Lea usted todos los d o s g s mn o FINCAS r ú s t i c a s en toda E s p a ñ a J M Brito, A l c a l á 94, compro. Madrid. BLANCO Y aBS FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 87, Cuando el doctor Poitocarrero los vio alejarse, pe metió para dentro murmurando: -Mucho hombre me parece éste para pasteler o princesa es ella sin duda, que a l a legua se la conoce que ha sido nacida en cuna altísima; y aunque él prueba lo de soldado y lo de pastelero, hay momentos, ¡vive Dios! en que parece Rey y pone en temor con sus ojos y sus palabras; papeles falsos se hacen para encubrir secretos, y cosa es esta para poner en confusión al m á s avisado y no saber qué haga para cumplir con su obligación como ¡debe. E l alcalde, que había entrado en l a sala baja, se sentó en su sillón y se quedó profundamente meditabundo. Entretanto, -atravesando la plaza, decía Sayda M i nian a Gabriel de Espinosa: -M e parece muy imprudente el aspecto que has ¡tomado delante de ese hombre. -Ese alcalde, con su semblante afable y sus bueñ a s palabras- -respondió Gabriel de Espinosa- es mucho m á s peligroso que don Rodrigo de Santi; llana con su carácter violento y descortés y sus palabras duras. E n la ocasión en que nos encontramos es necesaria de todo punto l a audacia, a fin de maravillar a ese terrible alcalde. Ganemos unos días, ¡que después nada hay que temer. E l alcaide Portocarrero estaba dando vueltas a una cuestión teológica para encontrar un sofisma que le sacara de la situación en que se encontraba. ¿H e aquí l a proposición que aquel juez se hac í a a sí mismo: ¿E s lícito faltar al juramento v al sigilo prometido, en servicio de Dios y del R e y? L a cuestión era ardua; porque, tirase el alcalde por arriba, tirase por abajo, se encontraba siempre con que faltar al secreto que había jurado a G a b r i e l d e Espinosa era incurrir en traición. P e r o aquí de l a argucia: Si por no cometer una traición en daño de un solo individuo, se incurre en traición contra Dios, ¡contra el Rey y contra la República, ¿se peca? S i l a traición menor evita l a traición mayor, si l a traición menor causa menos perjuicios que l a traición mayor, debiendo evitarse con un perjuicio menor u n mayor perjuicio, la traición menor no sólo es lícita, sino que también justa y necesaria. L a traición menor causa un menor perjuicio, y la traición mayor perjuicios mayores; debe evitarse el perjuicio mayor, aun a costa de un perjuicio menor; ergo la traición menor es lícita, l a traición menor es justa, l a traición menor es necesaria, la traición menor es obligatoria. E l alcalde Portocarrero no hacía otra cosa que sumar y restar. S i n embargo, su ergo no era l a conclusión de un silogismo, sino la conclusión de un sofisma; porque los términos de l a proposición eran precisos. S i el que jura el sigilo le quebranta, peca, y debe evitarse el pecado; el que ha jurado el sigilo debe guardarlo porque no debe incurrir en el pecado; el pecado no es lícito; quebrantar el sigilo es pecado; ergo no es lícito quebrantar el sigilo prometido, E n aquellos tiempos la argumentación entraba en todo y para todo. se echaba mano de ella, porque el escolasticismo era hasta tal punto el espíritu de los siglos x v r y XVII en España, que hasta en las comedias de nuestro teatro antiguo se encuentra i n filtrada l a argumentación escolástica. E l amor en aquellas comedias toma l a doble f o r ma del pleito y de ¡a argumentación, y l a proposición y el ergo asoman por todas partes, y l o que a muchos parece hoy gala de ingenio, no es otra cosa que el alambicamiento de l a argucia y del sofisma. E l alcalde Portocarrero se quedó tan repleto y. tan satisfecho con l a solución de su argumento, que sin vacilar tomó un pliego del áspero y moreno papel que en aquellos tiempos se usaba, puso a su cabeza una cruz muy semejante a una t y escribió por baio lo siguiente: S e ñ o r presidente de la Real Chancilleria. de V a lladolid. -Muy señor m í o y amigo: E n esta v i l l a he tropezado, con ocasión de. una riña, con un pastelero tai, y con una tal ama de cría, que me han puesto en gran confusión y cuidado. Tiene él cara y palabras tan poco verosímiles en un pastelero j hombre bajo, y tan propias. de hombre principalísimo y aun de príncipe o Rey, y tan dama parece
 // Cambio Nodo4-Sevilla