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ROMA. SU EN LA PLAZA DE SAN PEDRO AL F I R M A R S E K I P A C T O UE L B T K A V S A N T I D A D E L PAJ A PTO X I EN S U PRIMERA S A L I D A D E L V A T I C A N O E N IQ 2 Q, (l- OTO V I D A L) 0 escr. te y se proionga en las inacabables! 1 que ate o desate, enlázase o se desliga en I nturas de la futura y gloriosa las manos de Dios. I H i l o de oro que une la tierra con el Cielo, J. P O L O B E M T O! PRINCIPIOS DEL P A P A J 923 E l primer recuerdo del Papa es una mañana de nieve. H a c í a muchos años que no se había visto en Roma una nevada igual y- -del Vaticano al Laterano- -un vasto augurio blanco esperaba que el Conclave se abriese para proclamar al que desde el primer instante llamaríamos E l Papa de las Nieves E l Conclave se abrió una mañana de cielo frío y p á l i d o un cielo para los pinceles florentinos o urrrbrianos de antes de Rafael, cuando un mundo geométrico, candido y cristalino era el mundo de las Madonnas y los á n geles. Todo el aire renaciente y barroco de la gran plaza de San Pedro se desvanecía en esta m a ñ a n a un poco glacial de cielo antiguo. L a sfumata apenas se vio. blanca y levísima. E l Papa de las Nieves era Achule Ratti, cardenal de Milán, que sibi- uomen sumsii Pius XI. Papa de las Nieves como ninguno en la historia del Pontificado. Hacía poco había recibido el título de socio de honor del Touring Club por sus ascensiones alpinas a las cumbres del Monte Rosar. Su escudo de Pontífice iba a ser también alusión a las cumbres, el águila, con el mote cantando Raptim transit (pasa volando, pasa de prisa, en un rapto) Acaso el Papa nuevo, el Papa blanco, el Papa de las Nieves, podría haber elegido una cima nevada, con la perpetua nieve de un eterno candor, y por mote, el latín ilustre de Tácito Mons fidus nivibus Siempre llegan las primeras nieves como si alguna cosa inaugurasen en la tierra y en nuestro corazón. N o nos defraudaba el augurio. Desde hacía muchos pontificados, ninguno de tanta emoción inaugural como el de P í o X I Recién proclamado, reanudaba audazmente la vieja costumbre- -interrumpida después de P í o IX- -de bendecir al puefolo, congregado en la plaza, desde el balcón central de la Basílica. L e rindieron así honores las guardias pontificias y las tropas ctól Rey de Italia. Los clarines pontificales de UN R E C I E N T E RETRATO I F. S S A N T r n A D (ro ro l ORKY l
 // Cambio Nodo4-Sevilla