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T A K E N C H I SEIHO. MONOS simo, cuyo resorte se adivina a través del momentáneo reposo. De los otros dos monos, uno, también sentado y medio vuelto de espaldas, se rasca pacientemente, con el gesto apurado que adoptan siempre los animales para ejecutar tal tarea, alargando el simpático. hocico, que avanza entre la aborrascada pelambre de las blancas carrilleras. E l otro mono es el más inquieto. Ejecuta sobre el banco un gesto extraño, que le hace doblarse en una postura casi inverosímil, gracias a la cual las patas parecen haber cambiado de lugar y surgen por sitios que no son los habituales y corrientes. Una expresión de intensa astucia frunce el rostro de este tercer simio, ensancha ávidas sus chatas narices, hace erizarse sobre los ojos los rígidos pelos del entrecejo, mientras la boca apretada, doble oblicua línea finísima, se cierra herméticamente, y una mano aparece junto a ella, preparando los dedos rapaces y ladrones a trincar velozmente lo que la bestia ansia con todas las fuerzas de su obscuro espíritu. Los mansos conejos, pacíficos, idílicos, prolíficos, emparejan sus blandos movimientos y ia calma de su reposo con la agitación de los simios. Los conejos están en un amplio cercado, por cuyas grietas asoman flores y hierbas del libre campo. U n cesto caído muéstrase en un ángulo. Y en el espacio libre, los conejos descansan. muelleme te recostados ios unos, moviéndose con torpes andares lentos los otros. Los hay blancos, pardos, leonados, grises, negros, de un solo color y con diversos matices. Las orejas, inmensas, abanicadoras, de cartílagos rosados, se alzan erguidas o caen sobre los lomos, recogidas en la confianza del corral tranquilo. Algunos conejos duermen profundamente; otros dormitan tan solo, aún abiertos los ojos, cuyo brillo parece empañar el próximo sueño. En primer término, un conejo pardusco procede escrupulosamente a su tocado, limpiándose una pata con minucia gatuna. Otro, blanco, anda con el paso torpe y desmadejado de las altas patas traseras, hechas tan sólo para el salto salvador y para la veloz carrera al través de la ancha campiña. L a seda de la piel, la exactitud de los movimientos, la anatomía de los cuerpos, todo en el cuadro es la vida misma. MU iiiniHinuTiinTriTn i irrnM iMDKninriiriiiíliriliir