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POR ESE PUENTE SE VA A LA ELEGIACA Y SUPREMA CONFIDENCIA D E BRUJAS, QUE ES E L BEATERÍO D E LAS BEGUINAS último, la Santa es conducida ante el príncipe M a x i m i n o orgulloso de su empenachado yelmo y su tienda con el gonfalón. E l caudillo requiere de amores a su prisionera, y a l verse rechazado condénala a muerte. Cumple la orden u n arquero satánico. S o l dados con hachas y otras armas, y unos orientales, contemplan maravillados a Ú r sula, que entorna los párpados púdicamente y eleva su diestra, una azucena. E n primer término, un galgo blanco se recostó en el suelo como en el tapiz de u n castillo. Resulta de la confusión del santoral, las costumbres de los navegantes y! os libros de caballería, el más adorable cuento para niños. L a s viñetas, prolijas y esplendorosas, poseen todas las cualidades de dichos relatos: el candor realista, la inverosimilitud, la magnificencia, una doméstica sencillez, anacronismos y moraleja. A s i los mártires referirán en el Paraíso su tránsito por la vida, o no los entedería el angélico auditorio, gue ignora la grosería de la materia y considera el martirio como u n estado de gracia. L o s personajes hállanse escrupulosamente caracterizados. Blancas las vírgenes, luminosa l a Santa, forzudos los marineros, r i j o sos los paganos, y la clerecía, ancha y apacible. Abundan unos árboles esféricos y g r a nulosos como las moras, al borde del agua sin frunces y en unas praderitas. E l colorido embelesa con su melodía y su d i g nidad verde coagulado del jade, luego el ámbar de las ciruelas muy maduras; negro, y la magia de su calma y sus profundidades morado que tornasola como las violetas secas de los libros; rojo y azul de una mineral consistencia. Tiene ese divino jugiaete del primer arte flamenco l a b r i llantez de las flores... -Su silencio... Y a poco, su perfume. FEDERICO G A R C Í A jiles alfombraron de terciopelo, guarda una capilla gótica, no mayor que una arqueta. A sus lados, en sus muros, está figurada la leyenda de Santa Úrsula y las once m i l vírgenes. Unas columnitas deslindan los episodios. H e aquí a la hija bienamada del Rey de Bretaña navegando por el R i n en una barca alta y redonda. A r r i b a a una ciudad con torreones de cera endurecida y un paisaje cristalino, por el que caminan los burgueses envueltos en sus mantos. L a s amigas predilectas de la princesa congregante a su alrededor, mientras los marineros de capellina y calzas bajan a tierra unos fardos abrumadores. Todas las damas lucen suntuosos vestidos, y la principal, uno de armiños y brochado, con la cola muy larga. E n la imagen siguiente y a llegó la cohorte a Roma, y el P a p a acude a bendecir a sus ovejuelas, que se arrodillan, suelto su hermoso pelo rubio. Transcurre la escena en una calle con palacios, arcos, escalinatas y demás pompa arquitectónica propia del lugar, y a l a puerta de un templo, en cuya pila los servidores de l a expedición, unos jayanes musculosos, se bañan en absoluta desnudez y reciben el bautismo. Ú r sula ha comulgado. A h o r a encuéntrase el Sumo Pontífice a bordo, con la tiara y escoltado por obispos y frailes. N o le engañó su visión espantosa. Vienen los paganos y matan a las doncellas. L o s sacerdotes rezan con gravedad, y las víctimas, los b r a zos en cruz sobre el pecho, extasíanse con el vuelo de sus almas hacia la altura, límpida, diáfana. E n una vela prendieron dos saetas, pero la lona continúa henchida, como si participase en el arrebato místico. P o r SANCHIZ UN RINCÓN D E L LAGO D E L ESPEJO
 // Cambio Nodo4-Sevilla