Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Una gran joya de arte en Asturias. Hallazgo de un Cristo de Miguel Ángel. L A noticia adquiere todos los caracteres de extraordinaria; l o es, en efecto, y como plato fuerte vamos a servirla a iniciados y profanos. P e r o antes de desmenuzarla pongamos el g r i t o en los Poderes para que se evite por todos los medios que la apatía, patrimonio en Castilla, d é lugar a que una vez m á s un codiciado tesoro del arte trasponga las fronteras de la P a t r i a en alas de las rubias libras o los rubicundos d ó lares. E n Asturias se ha descubierto u ñ a real y verdadera m a r a v i l l a un producto escultórico de M i g u e l AngeT: u n Cristo, que es razón de m á s por ser tan parca l a obra del divino artista en la figura del Redentor. E l coleccionista D R a m i r o Gavilanes, famoso por su V i r g e n de Velázquez. gran conocedor de todos los Museos de E u r o p a prestigio, pues, en el mundo artístico, lleva en Asturias cuatro meses a la caza del j a balí y del oso como él mismo nos aseguraba... -Confieso q u é éste era mi p r o p ó s i t o cuando llegué a Asturias, aunque no olvidara que aquí Ihabía amplio campo a mis aficiones, siquiera en la contemplación de la Cruz de los Angeles o en el díptico consular... L o que yo ignoraba, como todo el mundo, es que en Asturias existiese el Divino Cristo que de Miguel Ángel, el m á s grande artista que fué, posee el ilustre asturiano D L u i s S u á rez Cantón y U r i a ¿Que c ó m o una joya de esa magnitud ha vinculado en esta familia, que, aunque de abolengo, sólo son conocidas sus aficiones artísticas en el muy ilustre asturiano, padre de D L u i s Cantón, autor, poeta, pintor notable, cuyo es el nombre de l a principal avenida de Oviedo? H e reflexionado mucho sobre esto cuando a d m i r é la divina escultur a pero el mismo D L u i s me llevó de l a mano hasta encontrar en sus antepasados nada menos que a un principe de la Iglesia, oue seguramente p a s ó a l g ú n tiempo en el Vaticano con los Papas, para los oue t r a b a j ó! a inmensa m a y o r í a de su vida M i g u e l Ángel... -S í yo v i desde el primer momento que se trataba de una obra grande, excelsa, y supuse en seguida que su factura se ajustaba perfectamente a l a época de mayor esplendor de aquel genio. A l conocer lá posible procedencia de esta divina obra y a no podía poner en tela de juicio l o exacto de mis sospechas; no me cupo l a duda m á s i n significante respecto a q u i é n pudiera ser el autor, poroue sólo M i g u e l Á n g e l era capaz de imprimir a sus obras l a sublime admiración a aue eíllas ¡levan. L o s a r e ó p a g o s del arte no Dodrán discutirlo, aunque tal vez haya alguno oue, por señalarse, discurra sobre Alonso de Berruguete... L a amargura escrita en l a faz de este Cristo, sólo M i g u e l Ángel podía interpretarla. Parece mentira SOBERANA ESTE EN EXPRESIÓN ASTURIAS. DE PAZ ES LA DE CRISTO D E MIGUEL ÁNGEL, (FOTO HALLADO tado tan natural y sublime el c a d á v e r del Redentor como en este Cristo que ahora aparece en Asturias, en el que los estados de arrebato o dolor están simbolizados m á s bien por l a majestad del v i g o r corporal y por el gesto de imponente resistencia que por la expresión del rostro. E l célebre dibujo de la Crucifixión del Señor existente en la colección de la U n i versidad de O x f o r d tiene la factura de este Cristo que poseía en su casa de Cangas de Tineo D L u i s S. Cantón. E l descubierto hacia el ICXXJ por D R a m ó n Mayner, vendido en. un millón de francos, se asemeja como una gota de agua a otra... Nuestro interlocutor detiene un faxi, nos invita a subir, y en unos minutos llegamos al hotel en que se hospeda el poseedor de la joya. Don L u i s nos la muestra, y va contestando parcamente a nuestras preguntas. -M i ascendiente, el obispo fray Benito U r i a y Queipo del Llano, m u r i ó en Ciudad Rodrigo, de muerte repentina, el mismo día que e n t r ó en aquella ciudad la primer columna francesa... Aquel benedictino, que volcó su fortuna por la P a t r i a cuvo nombre a ú n suena en l a historia de la ciudad mencionada con l a aureola del héroe, tenía a su lado a mi abuelo, D J o s é U r i a A l a muerte del obispo volvió m i abuelo para Asturias y trajo el Cristo, que, colgado en una pared, estuvo, sin que nadie lo moviese de allí, ciento veinticinco años. M i abuelo tenía en el Cristo su confidente. L e hablaba con frecuencia, al decir de los m í o s pero esto es de otro capítulo, y en esta n a r r a c i ó n resulta anacrónico. E l Cristo es magnífico. L a caoba presta un suave color de carne. E l verismo es tal. que sólo puede compararse a la realidad vista por unos prismáticos del revés, alejada l a visión, pero en todo su detalle. L a figura t e n d r á unos cuarenta y cinco centímetros, y la cruz, alrededor de los setenta. E s t á adornada en sus cuatro extremos por unos remates de plata, de un sobrio y elegante trazo. E n todos ellos, como si el orfebre tratara de distinguir al autor del encargo, hay unas iniciales: M A ¿Miguel Ángel? H i c i m o s unas fotografías, y a escape marchamos al Banco de E s p a ñ a en donde qued ó depositada l a joya preciosa, que, sin duda, ha de causar grandes conmociones en eí mundo del arte. D i c h o con la sencillez de estas líneas, que transcriben, fielmente la normalidad de una conversación con el descubridor de la maravilla y el propietario de ella, la noticia h a de caer, sin embargo, como una bomba en los Museos y entre los anticuarios. J T- B U E L T A BUELTA) que l a mano del hombre haya esculpidoresculturas de l a figura humana con l a grandiosidad de las que salieron de l a de aquel genio. Bien dice el anatomista Hertker: L a s extraordinarias posturas y el movimiento de los hombres de M i g u e l Ángel alcanzan el límite extremo d é l a posibilidad anatómica, sin que j a m á s se salgan de ella L a s vigorosas formas c o r p ó r e a s y los colosales motivos d i n á m i c o s los condiciona exteriormente con atrevidos movimientos contrapuestos, como se ve fehacientemente en el Cristo del S r Cantón. Tamas se ha presen-