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MAQUINA B E CLAVAR TAPAS D E CAJA D E NARANJA. CLAVA LOS OCHO OLAVOS D E U N SOLO GOLPE cifra, los productores empezaron a encontrar dificultades para dar salida a su cosecha. H a s t a entonces el fruto se vendía, generalmente, en el árboi (como en muchas regiones dé España se hace ahora) y los compradores corrían con todos los riesgos, que no eran pocos. P o r de pronto, aún no se habían descubierto los métodos actuales de recolección, que, mediante el uso de guantes de algodón refrigeración inmediatamente después de recogida la fruta, l a vados preservativos, etc. protegen a la f r u ta de los ataques de la putrefacción en tránsito. E n segundo lugar, 5.000 kilómetros de arrastre, a través de dos tórridos desiertos, antes de que existiesen los vagones f r i goríficos modernos, y tardando veinticinco a treinta días en el transporte, y para remate, dándose con frecuencia el caso de que, al llegar la fruta a su destino, encontrase u n mercado ya abarrotado por otros exportadores. (L o mismo que sucede hoy a los exportadores españoles. E s ley financiera, que, a mayor riejgo en una Empresa, corresponde un mayor m a r gen de beneficio, para contrarrestar el peligro de pérdida total, y, siguiendo esa ley ineludible, los compradores tenían que r e servarse un amplio margen de ganancia, o lo que es lo mismo, teman que comprar la fruta a muy bajo precio. Añádase al riesgo del comprador- exportador el riesgo que corrían los detallistas de que llegase a su ciudad más fruta de l a que podían consumir sus moradores, lo que supondría baja de precios, y se comprenderá fácilmente que los fruteros tenían que revender la naranja con muy amplio margen de beneficio. E n resumidas cuentas, debido a l estado de desorganización de l a industria y a los riesgos que en ella se corrijas, los consumidores tenían que pagar precios muy altos por sus naranjas, y de esos precios, los productores percibían escasamente 10 céntimos por cada peseta. L o s go céntimos restantes se consumían en pagar acarreo, pérdidas por putrefacción, beneficio y riesgo del comprador, beneficio y riesgo del detallista, etc. (S i t u a ción muy parecida a la de la industria actual de los naranjeros españoles, a juzgar por los recortes de Prensa que tengo a la vista, principalmente de El Mercantil Valenciano y de A B C de los que c o p i o p a gándose a 1,50 pesetas arroba en los centros productores, se vende la naranja, en M a d r i d a 12 pesetas... en M a d r i d se pagan 25 a 40 céntimos por cada naranja fina... etc. 1 M a l estaban las cosas para los naranjeros de C a l i f o r n i a por aquella época, pero podían empeorar, y empeoraron, cuando, debido a la sobreproducción (eso creían los productores, pero desde entonces el consumo ha aumentado cincuenta veceí, y ha de aumentar m u cho más antes de que se llegue a la saturación de un mercado que ha creado la i n dustria naranjera en cuanto s e- h a o r g a n i zado) se negaron los exportadores a comprar naranjas, y sólo la aceptaban en comisión, esto es, que los productores tenían que confiarles su cosecha, pagar acarreo y todos los demás gastos, y contentarse con lo que el corredor pudiese obtener por ella, después de descontar su comisión. E l resultado fué desastroso, dándose con frecuencia el caso de que la fruta no produjese n i siquiera lo suficiente para cubrir los gastos de acarreo, y el fruticultor, que h a b a gastado su energía y su capital en producir la cosecha, no sólo n o percibía remuneración alguna, sino que quedaba debiendo a l comisionista. aquellos años catastróficos, a los que deben ia organización que les da su prosperidad actual, muy merecida, porque se la ganaron con su esfuerzo y su inteligencia. P o r fortuna para la industria naranjera, y para la industria frutera en general, que n o tardó en seguir las huellas de los n a r a n jeros, y por fortuna también para la Industria, c o n mayúscula, que también h a aprendido mucho de esta agrupación, los naranjeros de C a l i f o r n i a no eran naranjeros. E r a n ex banqueros, ex comerciantes, ex abogados, ex médicos. S i hubieran sido naranjeros, h i jos de naranjeros y nietos de naranjeros, h u bieran sido víctimas de la rutina y la t r a d i ción, y no hubieran sabido salir del atolladero pero, afortunadamente, eran gentes que se habían retirado con sus ahorros y su práctica de la vida de negocios a acabar sus días lejos del trajín de las grandes ciudades y del duro clima de otros Estados de la Unión. A l presentárseles dificultades no se contentaron con pedir protección al Gobierno, sino que las atacaron de frente, buscando los defectos en su origen, combatiéndolos en su origen y eliminándolos en su origen. Estos defectos eran, principalmente, competencia entre los productores; arrastres lentos, con su correspondiente pérdida por podredumbre del fruto; competencia de la fruta en el mercado de destino, con la correspondiente especulación de todos los intermediarios que manejaban la fruta, y falta de costumbre de comer n a ranja, excepto durante unas cuantas semanas cada año. Cómo fueron venciendo a sus enemigos tendrá que ser contado en otro artículo. EL MARQUES D E VILLA ALCÁZAR ingeniero a rófiomo. A l g o había que hacer, y se hizo, y se h i z o tan bien, que los naranjeros de hoy bendicen
 // Cambio Nodo4-Sevilla