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A B C. D O M I N G O 16 D E F E B R E R O D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 39, EL TRIBUNAL TUTEL A R D E MENORES D E SEVILLA Toca, por fortuna, a su término la construcción de los dos establecimientos auxiliares- -Casa de Observación y Reformatorio- que la ley considera imprescindibles para que pueda ser autorizado el funcionamiento de este Tribunal. E n breve, los menores de dieciséis años que en Sevilla o su provincia incurrieren en alguna de las acciones u omisiones que el Código penal o leyes especiales califiquen de delitos o faltas, como también los que cometieren infracciones de las consignadas en los Estatutos provincial y municipal, encontrarán, en vez de la frialdad y dureza de un régimen penitenciario que acabe tíe deformar sus espíritus, la acogida patern a l y el tratamiento técnico de una institu; ción capacitada para llegar al fondo de las almas jóvenes, rectificar sus juicios erróneos, encauzar sus energías dislocadas y suscitar en ellas, con el goce de la hombría tíe bien, el sentimiento de la propia estima- íción. E l Tribunal Tutelar, haciendo honor a su ¡nombre, no impone penas n i inflige castigos como sanción de las transgresiones legales atribuidas al menor; n i siquiera restringe su ¡libertad, pues los Reformatorios, para no aparecerse en nada a las cárceles, carecen de! rejas y cerrojos, siendo el convencimiento del ¡beneficio alcanzado la única y suave cadena que sujeta en ellos a los acogidos. Porque el Reformatorio no es el lugar de expiación y tortura, despiadado y aborrecible; es el holgar confortable, es la escuela, el taller, la g r a n j a es el refugio saludable donde se bor r a para siempre el pasado afrentoso y se prepara la formación de un porvenir honrado y fructífero. Bien puede decirse, por lo tanto, que el Tribunal Tutelar es, ante todo y sobre todo, un decidido y constante defensor de los derechos del niño delincuente; defiende su derecho a ser bueno, a regenerarse, a salir del ambiente nocivo en que se iniciara su corrupción. P o r eso tiene competencia para juzgar a los malos padres, para privarles de la patria potestad y, en una palabra, para reprimir severamente cuantos actos se realicen en perjuicio de los menores. Pero esta acción tan hondamente bienhechora, que busca el mal en sus propias raíces, requiere, para su completa eficacia, un ambiente francamente propicio, una inteligente y cariñosa asistencia social. Prescindiendo de la cooperación activa de aquellas personas íntimamente adictas a la obra, que, con el nombre de delegados, se prestan a practicar, servicios de investigación respecto de los menores sometidos al régimen de libertad vigilada, y también en cuanto a los padres y guardadores de dudosa moralidad; sin contar, decimos, con esa intervención directa de muy diversos elementos sociales en las funciones del Tribunal, necesita éste de otra forma de cooperación mucho más amplia, pero también mucho más sencilla y factible, puesto que estriba tan sólo en una j u i ciosa y perseverante conducta de abstención. Todo el mundo sabe, aunque suele proceder como si lo ignorase, que la calle es para los niños una completa universidad de p i cardía; hacerles agradable y aun productiva la permanencia en el arroyo, mediante limosnas insensatas entregadas a ellos o a sus acompañantes, equivale a favorecer la explotación de los mismos y a sembrar en sus débiles almas gérmenes de criminalidad y prostitución; la población de los Reformatorios se íiutre, en gran parte, de niños callejeros, de precoces profesionales de la vagancia y la mendicidad. N o era posible que el legislador desconociera la existencia de un mal tan grave, y así en el vigente Código penal figuran las prescripciones siguientes. Artículo 850. L o s padres, tutores o guardadores, cuyos hijos o pupilos menores de dieciséis años fueren detenidos por hallarse mendigando, vagando o pernoctando en paraje público, si no probasen ser ajenos a tales hechos, serán castigados con la multa de 10 a 250 pesetas, y, además con la pena de arresto de uno a treinta días. E n igual pena incurrirán las personas que se hagan acompañar de menotes de dieciséis años, sean o no de su familia, con objeto de implorar la caridad pública. Artículo 851. Los padres, tutores o guardadores que maltrataren a sus hijos o pupilos menores de dieciséis años, para obligarles a mendigar, o por no haber obtenido producto bastante de la mendicidad, serán castigados con la pena de arresto de quince a treinta días, y multa de 100 a 500 pesetas. E n la misma pena incurrirán los padres, tutores o guardadores que entreguen a sus hijos o pupilos menores de dieciséis años a otras personas, para mendigar. S i la entrega fuere mediante precio, recompensa o promesa de pago, la multa no será inferior a 500 pesetas, sin que llegue a 1.000. Igual pena se impondrá también a los que con ellos se hubieren concertado o procurado el pacto. A los menores de dieciséis años mencionados en este artículo y en el anterior, y cuyos padres o tutores fueren suspendidos en el ejercicio del derecho de su guarda y educación, se les internará en establecimientos adecuados. Claro es que para que puedan darse semejantes hechos, es indispensable que haya personas que los amparen, más aún, que ayuden a cometerlos, prevalidas de que el Código no se ha decidido todavía a castigar a los que entregan limosnas en la calle, y sí únicamente a los que las solicitan. Pero no es en pueblo de tan elevado todo cultural, como el nuestro, donde deba notarse la falta de esas depresivas sanciones; les bastará a los sevillanos un momento de reflexión para persuadirse de que no hay pureza de propósito n i arranque de sensibilidad que justifiquen n i disculpen la viciosa práctica de colaborar en la ejecución de actos que una ley vigilante y sabia ha calificado de punibles. Huyamos de elaborar el mal con los instrumentos del bien; pensemos en nuestros deberes y también en nuestras responsabilidades para con los niños; y si alguien no encuentra suficiente estímulo para ello en sus instintos de padre, en su conciencia de cristiano o en sus conceptos de humanidad y ciudadanía, que se inspire en su propia conveniencia, recordando que, como advertía un insigne sociólogo, dentro de la solidaridad en que viven las ciudades modernas, así como protegemos nuestra salud cuando miramos por la salud de los demás, así también educamos a nuestros hijos cuando apartamos a los ajenos de la perniciosa escuela del arroyo. Contribuyamos, pues, unánimemente, a suprimir por completo en nuestra ciudad el vergonzoso espectáculo de la vagancia y la mendicidad infantiles. -Amante Laffón. ASOCIACIÓN NACION A L V E T E R I N A R I A ESPAÑOLA Solicitada la rehabilitación de la Sociedad Nacional Veterinaria Española, fundada en mayo de 1922, que funcionaba al amparo de Ja L e y de Asociaciones y que fué suspendida por Real orden de 29 de octubre de 1925, 3 no habiendo motivo que obligue a mantenes esta disposición, S. M el Rey se ha servido disponer que quede sin efecto la Real orden mencionada, reintegrándose a su vida profesional la A s o ciación Nacional. Veterinaria Española con la junta que estaba al frente de dicha entidad; la que seguirá rigiéndose con arreglo a los Estatutos que tenía aprobados por ei Gobierno civil de M a d r i d Teléfonos de A B C en Sevilla Dirección Redacción 32.679 32.188 Administración. 32.689 Oficina: Calle Muñoz Olivé (antigu da Lombardos) 23.524
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