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Abuela Martina, vamonos, no sea que el señor alcalde nos entrecoja y no lo pasemos bien- -dijo con descaro l a Galana, entrando en el soportal donde se habían quedado la vieja, P e dralva y los otros cuatro alguaciles. -Que las lleven dos hasta su casa- -dijo el a l calde- y cuando las dejaren que se vengan a mi posada. ¿Guardia nos da vuestra señoría? Pues vaya si vamos a i r bien- -dijo Galana- Lástima que todavía no sea de día claro para que nos vean con tan buenos lacayos. Vamos, abuela, vamos. L a vieja y l a moza de partido se fueron acompañadas por dos alguaciles, y el alcalde, tomando fsu vara de manos de Pedralva, se volvió con éste y con los otros cuatro corchetes a su casa. -N o hay que fiar de lo que dice esta perdida -decía para sí el alcalde por el camino- Tiene ojeriza a Gabriel de Espinosa por lo de ayer mañana, y quiere, sin duda, vengarse de él metiéndole en un atolladero; ir a casa de Gabriel de Espinosa (no sería prudente; porque si hay algo de verdad en lo que Galana dice, sería avisarle; que han salido dos hombres, fraile y seglar, de las habitaciones de doña A n a es cierto; que el fraile sea el vicario de las monjas es posible: pero que sea el pastelero Gabriel de Espinosa el hombre que visita de no che a doña A n a no lo creo verosímil. Aunque, sin embargo, este, hombre, que ha sido bastante para ¡robar de su casa a una clama tan principal como su esposa, bien podría ser que hubiera vuelto el seso a la monja. Con fusiones son éstas que son para perturbar el juicio del m á s cuerdo, y andar con muchos recados y contestaciones con el presidente de la Chanciüería sería abultar un negocio que tal ¡vez en sí nada vale y sacar, a un proceso cosas de -Cuenta con lo que dices, Galana, mira que fray Miguel de los Santos es un varón muy respetable. -Que sea respetable, que no lo sea, es el que trae y lleva de noche a las. habitaciones de doña A n a al pastelero Gabriel de Espinosa. -T ú tienes ojeriza a Gabriel de Espinosa, porque por su causa, o m á s bien por la r i ñ a que con él tuvo ayer por l a m a ñ a n a Corchuelos, está éste sentenciado a azotes, y a poco más le ahorco. -Esas son otras cuentas, y yo le juro a vuestra señoría que el tal pastelero me las ha de pagar con las setenas o he de dejar de ser yo M a r i Galana. Quitando todo eso, es verdad que los que entran y salen de noche en el convento son el v i cario de las monjas y el pastelero; y si no, si están dentro, vuestra señoría lo verá. -Pues vamos a ver si están o si ya han salido. Y el alcalde se dirigió al obscuro portal, y, Entrando en él, dijo en voz baja: Hola, ministros I c- ¿Quién es? -contestó una voz baja y bronca, -El alcalde Portocarrero. -Dios guarde a vuestra señoría. ¿Y el otro? S e ha ido detrás de los que han salido- ¿H a n salido ya? -Sí, señor. ¿P o r dónde? -Por la puerta de enfrente. ¿H a bajado alguien a alumbrarles? -No, señor; han salido a obscuras, después de háber abierto con mucho silencio la puerta, y si nó tuviéramos tan buena oreja y tan buena vista mi compañero Aironcillo y yo, ni los sentimos ni los vemos. ¿Y quiénes eran? -Ü n fraile blanco y negro, a lo que apena? D O día verse, y un hombre rebozado en un capotillo- H a c c mucho tiempo? ¡Q u é no s e ñ o r! No ha pasado ni el tiempo que se necesita para rezar tres credos, desde que salieron y los siguió Aironcillo hasta que ha llegado vuestra señoría. ¿Y por qué no habéis ido ¿ros. también, Ro 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla