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MADRID- SEVILLA 19 D E F E B R E R O D E 1930. NUMERO 10 CTS. SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. AB DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 3 GÉSIMOSEXTO N. 8,471 M V ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, SEVILLA la noche, pensando en los Reyes, no he podido despertarme. L a almendra de su ensueño se cubría de una cascara de sueño, y el impulso de su entusiasmo se avenía imprevistamente con la defensa de su salud. SUSCRIPCIONES Y CERCANA A TETUAN, U N N U E V O LIBRO D E E U G E N I O D ORS Cuando ya. esté tranquilo Se le esperaba con impaciencia, no sólo en España, sino en todo, el mundo que lee español. Acaba de aparecer, generosamente colmado de saberes y de poesía... De estas áureas páginas extraemos una. Tríptico LAS TEES HERMANAS Querríamos- -dicen, indecisos, en la tienda de, juguetes, estos compradores, en papel de. Reyes. Magos- querríamos algo sólido, de duración. Pero, ¿de dónde sacáis vosotros que duración y solidez hayan de andar juntas? Oíd una historia: E r a n tres hermanas. F u é un día dé Rey; s. A la hermana menor, los Reyes la trajeron, un frasco de perfume. A l a mediana una mantilla de encaje. A la mayor, su sortija de novia. Y aconteció que el peso del frasco de perfume, apenas encerrado en el armario de muñeca, hizo hundir la tabla que le sosten í a Se quebró el cristal, se desparramó la preciosa esencia. Y la hermana menor se quedó muy triste y lloró mucho. L a pompa del encaje, prendida por azar en un clavo cuando la hermana segunda paseaba cerca de él, desgarró la mantilla. Pero esto se pudo componer, y la niña no lloró largo rato. E n cuanto a la novia, siete días y siete noches llevó su anillo. Y hacía fulgurar orgullosamente las piedras a la luz. Transcurrió un año. Cuando el año hubo transcurrido, ya el anillo de l a novia estaba devuelto, y el perjuro, al otro lado del mar. Transcurrieron diez años. N o duró menos la mantilla. A l fin, de puro vieja, de puro desgarrada y vuelta a componer, se deshizo en polvo, entre unos dedos sin piedad y el viento que se la llevaba. Transcurrió más tiempo. Y todavía, mucho, mucho después, cada SUEÑO O ENSUEÑO vez que la menor de las hermanas abría el armario. sentía flotar el hálito embriagador Hay quien lo concilia todo. del perfume vertido. Siempre cuento lo de Totó, cuando tan N o vaciléis más, en la. tienda de ju- niño, que se discutió en familia si conveguetes, tiernos proveedores de los Reyes nía hablarle mucho de los Reyes el día 5 de Magos. -Mercad lo más frágil, lo más te- enero. nue, lo más etéreo. -S i se le excita, se desvelará... Pero también es una lástima privarle, en este II jornada de esperanzas de oro, delgoce más puro, porque no hay en él todavía esta somV U E L V E GENTIL A TODO CUANTO MIRA bra de desengaño, inevitablemente asociada a la consumación de todo placer. E s muy conocida la parábola. ¿Q u é vale más, el descanso o la poesía? E l Señor tiene para todo una palabra de indulgencia, de perdón... Hele aquí cómo ¿EÍ sueño o el ensueño... Toda la moral, avanza, con sus discípulos, por un camino toda la filosofía, toda la pedagogía del munestrecho. U n poco más allá encontrará nece- do pasan por el fiel de esta cuestión. Totó, a la mañana siguiente, la dejó resariamente al paso la descompuesta carroña de un can que yace por tierra. Y ya la amo- suelta r- c sa malicia de los, discípulos se pregunta: -i A y! -dijo, estirándose regaladamente z Como se las arreglará para encontrar entre las sábanas de su canuta- en- toda algo bueno en esta infamia nauseabunda? ¿Qué dirá? ¡Qué dientes tan blancos! -pronuncia el Señor Pero todavía cabe más generosidad. Cabe, no ya esta lucidez, que permite destacar lo excelente, sino aquella ilusión que lleva a sublimar lo abyecto. E r a una niña demasiado inocente. N o sólo conservaba su fe en el milagro que el uso infantil enlaza con la celebración de la Epifanía, sino en otros milagros superfluos. Pero aquel año, en vísperas ya de la gran jornada, había cometido no sé qué travesura. T a l que sus padres decidieron, para ejemplaridad, un castigó, haciendo que la niña encontrara en su zapato, cuando la mañana de los regios presentes, y. sin perjuicio de que después vinieran éstos, algo muy denigrante y de gran fealdad, revelador del disgusto, de las altas potencias juzgadoras, ante la perversidad de la criatura juzgada. Y aconteció que ésta, el día antes, como leyese en su texto de Historia Sagrada que los Reyes Magos habían ofrecido al Niño Jesús oro, incienso y mirra, y le sorprendiese esta última palabra, levantó los ojos del libro para preguntar: -Mamá, ¿qué es mirra? L a madre hubo de confesarle su ignorancia acerca del producto. Pero añadió que se trataba de algo precioso, perfumado y exquisito. Mientras tanto, las doncellas limpiaban con un cuchillo el piso, por demasiadas semanas descuidado, de la pajarera grande del jardín. Y por secreto encargo de la señora, reservaban parte de los residuos para deslizar subrepticiamente, cuando la noche, en el chapín de la criatura. Donde aquéllos habían de prestar el doble servicio de afrenta sin golpe y de memorable lección. Mas no se afrenta al candor así como quiera. Llegado el memento, corría la ilusionada al balcón. Dirigíase derecha al z apatillo. Veía en él la extraña cosa... Y llevándola en la mano, volvía en una carrera al dormitorio de la madre, lanzando gritos jubilosos; ¡M a m á mira! ¡M i r a lo que los Reyes me han dejado a q u í ¡M i r r a m i r r a! Como la ciencia del Rey Midas convertía en oro cuanto tocaba, la ilusión de una i n tacta inocencia convierte en mirra hasta el estiércol. III OTRO D R A M A D E LOS VENENOS En defensa de Ja raza Hace algún tiempo las autoridades sanitarias y policiacas de nuestro país, alarmadas ante el incremento que van tomando el tráfico y el consumo de drogas estupefacientes- -cocaína, morfina, heroína y sus derivadas- lograron que por el Gobierno se acordase la reglamentación severa de la entrada y venta de esos productos. Concurrieron a la redacción del reglamento quienes tenían la competencia suficiente para hacer de él un instrumento eficaz de defensa de la salud pública contra la organización de envenenadores internacionales que- explota ese comercio criminal. E l reglamento estaba u l timado y, si no me engaño, se promulgó. Pero, poco después de darse a conocer, y antes de que se le pudiese aplicar, el G o bierno dictarial ordenó que se le dejara en suspenso. Esta determinación, que no se trató de legitimar por ningún motivo de interés general concreto, produjo asombro y enojo entre los funcionarios y hombres de ciencia que habían intervenido en la redacción del reglamento suspendido. N o sería temerario afirmar que ni siquiera el ministro a quien incumbía su aplicación estimó la suspensión justificada ni oportuna. Y como es- lógico, el tráfico prosigue haciendo estragos en las generaciones jóvenes de dos o tres grandes ciudades españolas donde desenvuelven su actividad los malvados que se dedican a esta especulación. E l hombre normal, que vive consagrado a su trabajo o a sus negocios, no tiene idea de los daños gravísimos que el consumo de drogas narcóticas está originando en España. E s verdad que en ese vicio no han caído las clases obreras, tal vez porque es costoso y quizá porque lo impide el buen sentido popular. Tampoco incurre en él la juventud i n telectual, porque el gusto de los narcóticos, cuando no se está enfermo o se padecen lesiones dolorosas o se tiene la conciencia tan cargada de culpas que, para olvidarlas, intenta uno evadirse de sí mismo, empieza por ser indicio de mentecatez. Pero lo prac- tican gentes pertenecientes a clases que, de hecho, aquí como en todas partes, tienen en sus manos la dirección de la sociedad. J ó venes de l a alta burguesía que en la absorción de esas drogas encuentran la mejor ocupación para su vida ociosa, y en torno a los cuales se ha organizado toda una maffia de intermediarios de ambos sexos, que, a cambio de un lucro desmedido, están contribu- yendo alegremente a esa obra de destrucción. L o s agentes más activos de l a o r g a nización son esas damas extranjeras a quienes, valiéndonos de un eufemismo, llamaremos vendedoras de ilusiones Arrojadas de otros países, han encontrado aquí campo adecuado en que desarrollar sa contsrcio, para el que el de sus encantos marchitos no