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A B C M I É R C O L E S 19 D E F E B R E R O D E 1930. E D I C I Ó N DE ANDALUCÍA, PAG. 7 M E D I T A C 1 O N ES ECONÓMICAS Vulgarización del concepto del cambio U n el artículo que hace unos días dediqué a esta materia prescindí- -para mayor claridad- -de un factor que primordialmente influye, en el aspecto del cambio, sobre la situación del Banco emisor. Su oro responde, no sólo de sus pagarés (billetes) sino de la moneda de plata en circulación, que, según autorizados testimonios, suma $00 millones de pesetas. A los 4.490.000 miliares de pesetas de billetes emitidos hay que añadir, pues, dichos sao millones de pesetas plata. Y en resolución, los 3.606.440 millares de, pesetas oro del Banco (en metal y activo) tienen como contrapartida en la vida nacional 4.990.000 millares de pesetas papel y plata en circulación. Pero, así como el billete carece de valor intrínseco, la plata Jo tiene en oro. U n a peseta plata se cambia en el mercado por el precio del metal, en 0,40 pesetas oro. Luego, por de pronto, los 500 m i llones de pesetas plata refuerzan el oro del Banco en 200 millones, quedando- enfrentadas estas dos partidas: 4.990.000 millares de pesetas plata y papel, y 3.806.440 millares de pesetas oro. Pero el oro que hay en el país no está todo encerrado en el Banco de España. Aunque no circule, existe en otros depósitos bancarios y particulares, por cantidad aproximada de unos cien millones de pesetas, según testimonios que tengo por prudentes. Y en definitiva, las dos partidas antes indicadas sé transforman en éstas: 4.900.000 millares de pesetas plata y papel, contra 3.906.440 m i llares de pesetas oro, lo que da para la peseta plata y papel un valor de 0,78 pesetas oro, que entraña una prima de cambio de 28,5 por 100. E l cambio exacto, deducido de consideraciones puramente monetarias, debería ser éste en España. N o necesitamos expertos extranjeros que nos lo afirmen. A l contrario, a esos expertos podría invitárseles a que nos presentasen una nación, UNA SCLA, fuera de los Estados Unidos del N o r te de América- -Inglaterra, Alemania, F r a n cia. Noruega, Suecia, Suiza, Dinamarca, H o landa, Italia- en que de la situación puramente monetaria de sus Bancos de emisión pudiera desprenderse cambio más favorable para sus monedas- -libras, coronas, florines, francos y liras papel. ¿Por qué entonces- -vuelvo a p r e g u n t a r las valutas extranjeras, no sólo se cotizan más altas que la española, sino aun por encima de su valor monetario; y, en cambio, la nuestra no es estimada siquiera en éste? L a Censura habrá percibido ya que al escribir estos artículos no me mueve pasión política alguna- -ni aun legítima- que por encima de toda finalidad de segundo orden -aunque lícita y justa- aspiro a la defensa de mi Patria en el orden económico, y no puedo poner en duda que me permitirá escribir lo que al más romo se le ocurre después de leído lo anterior. Si la moneda extranjera se cotiza más alta que su valor i n trínseco, es porque el crédito (en el más amplio sentido de la palabra) la da un sobrevaler. S i la moneda española se cotiza por debajo de su valor estricto, debe ser, s i n duda, porque el crédito (obrando en sentido negativo) se lo quita. Y con ello no quiero decir que no ande en el juego la mano de la especulación. U n a de las pocas veces que yo he creído en su acción ha sido en la ocasión presente. Pero l a especulación- -no nos engañemos- -no es todopoderosa. Como al diablo, una cosa le está vedada: crear. P o r eso es incapaz de hacer surgir de la nada las circunstancias ¡que influyan en el crédito nacional. Su. po 1 der- -también como el del diablo- -se limita a aprovecharlas, con una celeridad y una técnica tan diestras, que hace creer a las gentes que las apariencias son realidades, y que las realidades tienen mayor trascendencia que la que efectivamente tienen. E n España la especulación no puede arrojarse- -yo, que he mostrado las deficiencias de la política financiera de la Dictadura, puedo decirlo con mayor libertad- -sobre la gestión de la Hacienda, en su aspecto recaudatorio, ni sobre la maravillosa expansión económica nacional, ni sobre el fomento de las obras públicas, que son ya nuestro orgullo; ni sobre nuestra acción en Marruecos. Pero la fatiga fiscal es notoria; la vacilación en la política financiera, evidente; se creó un presupuesto extraordinario para desnaturalizarlo al primer embate; se anunció que la paridad de la peseta estaba en mano del Gobierno, la víspera de la iniciación del alza del cambio: se suprimieron los derechos en oro de la Aduanas para volverlos a establecei se han aumentado los gastos públicos, sin beneficio para los servicios; se provocaron cuestiones interiores, que a la nación no i n teresaban; se agitaron los espíritus, por verdaderas minucias; después de seis años de Dictadura, no vemos que ésta haya hecho nada para entrar en la verdadera normalidad; no se supo aprovechar la aportación extranjera de oro en 1927- -origen, por reacción, de una parte de los males que padecemos- limitándose el Gobierno a considerarla como un triunfo personal; sobre los i m puestos del Estado se cargan a los productores otros para dar solución a problemas que deben ser resueltos indiscutiblemente, pero con mayor preparación v estudio, oara lo cual de harto tiempo se dispuso; se pregonó por todas partes el proyecto de la Dictadura de preparar una nueva Constitución, y de pronto lo que se diputó como esencial se abandona. ¿L e cabe a nadie en la cabeza que todo esto, que, afectando al crédito nacional en su más amplio contenido la especulación no creó, que por naturaleza es incapaz de crear, no lo aprovechase? Por fortuna para nosotros, la vitalidad de España es tan grande, que los efectos que en el- cuerpo nacional hayan producido estos errores, por la especulación diestramente aprovechados, pueden ser prestamente eliminados. Pero ello exige en el Gobierno un patriótico cambio de mentalidad. E s preciso que se convenza de esta elemental verdad: que la especulación no hubiese hecho los cestos que deploramos si él no le hubiese dado las mimbres. Así no tendría que hacer otra cosa para la baja del cambio que quitárselas en lo futuro. VÍCTOR PRADERA ral de oliva, especialmente en lo que se refiere a la importancia global de su producción española, han aparecido en la Prensa cifras de manifiesta exageración, que pueden inducir a error a quienes sin conocimiento profundo de la materia las hayan tomado como ciertas, por la representación oficial de la persona que las lanzó. L a aceituna es un producto de composición muy variable, con arreglo a las regiones y a los años. Tomando los extremos, pudiéramos decir que una aceituna varía ea agua del 45 55 por 100 de su peso; en aceite total, del 20 al 2 S por 100. P o r lo que respecta al orujo, su riqueza en aceite oscila entre el 8 y el 16 por 100 de su peso, una vez desecado. a Con estos datos, y teniendo presente que la cantidad de turbios y borras no pasa j a más del 4 por 100 del aceite limpio de molino, pudiéramos distribuir los elementos que compone una aceituna de tipo medio en Ja siguiente forma: Agua, 50 por 100; aceite total, 24 por 100; pulpa, hueso y extracto del alpechín, todos desecados, 26 por 100. L a cifra de 24 por 100 que representa el aceite total se divide en l a siguiente form a Aceite limpio de molino, 19,24; turbios aceitones y borras, 0,96; aceite perdido en la extracción del orujo, 0,70; aceite aprovechable en la extracción del orujo (el correspondiente a cien partes en peso de aceituna) 3,10. Total, 24. Comparado, pues, la cantidad de 10,24 que representa el aceite- limpio de molino, con la de 3,10 que es la que puede extraerse del orujo, resulta ser la cantidad de aceite de orujo aproximadamente y como término medio el 16 por 100 de la producción total de una cosecha, y siendo el. actual de más de 400 millones de kilos, la cantidad posible de aceite de orujo será superior a 64 miilcnes. de kilos. D e estos 64 millones, la cantidad que pueda llegar al consumo por ser refinable sólo podría determinarse teniendo presente el estado de la aceituna, facilidades de comunicaciones, precio diferencial con el aceite de oliva, etc. pero no es aventurar decir que en el año anterior ha sobrepasado del 50 por 100 la cantidad de este aceite que se lia destinado, primero, a la refinación, y luego, al consumo, no obstante ser su definición legal la de aceites industriales. Este mismo año han concentrado su entrada los aceites de orujo en el mercado durante el principio dé la recolección, ó sea en el momento que mayor perjuicio pueden causar a la producción, y en aquél también que siempre tiene que ser obligado, pues estos aceites sólq aumentan refinación económica cuando aún no han adquirido los orujos alta acidez por fermentación espontánea. H a y también que procurar el aumento del consumo del aceite de oliva en todas aquellas- aplicaciones, como en los engrases y alumbrado, y es necesario al mismo tiempo el estudio de su empleo como lubrificante, pues: me consta que, mediante ligeras transformaciones, unas dedicadas a disminuir su acidez, y otras a aumentar su viscosidad, servirían, indudablemente, para los motores de explosión con un ancho campo de consumo. L a transformación de los aceites de oliva o de los procedentes de sus orujos en grasa consistente aumentaría, asimismo, el consumo nacional en buena cifra. U n gran premio que -creara el Gobierno para quien encontrara los medios de adaptación económica de nuestros aceites de o l i va para, estos usos, nunca, sería sacrificio perdido. Nota. -Este artículo fué escrito por su autor antes de la caída del ministerio presidido por el general Primo de Rivera. L A CRISIS M E D I T E R R Á NEA D E L ACEITE DE OLIVA Un problema de gran interés nacional P o r lo que respecta a los aceites procedentes del orujo de la aceituna, o sea de los residuos de fabricación del aceite natu- El automóvil americano perfecto. MARIANO SANCHO. S. A. Martínez Campos, 9. Tel. 2623, Madrid. K IS S E L
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