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Madrid, 8 de febrero de 1930. -El presidente del Consejo, G U I L L E R M O K I R K P A T R I C K O F A R R I L m a r q u é s de Altamira. o b t e n d r á usted empleando las incubadoras C H A M P I O N de Hearson, que son las mejores. Cesionarios de W Foley, Arrieta, 12, Madrid, y Avenida de Alfonso XII, 16, V A L L A D O L i I D Las mejores l á m p a r a s a gasolina STANDARD LUZ Se necesitan en muchos lados para la Gran F á brica de Licores de A D E BURGOS MAESSO, M á l a g a Propietario del A n í s Alhambra. Precios s i n compe- 1 tencia. Calidad insu- ¡perable. Fabricante: Enrique Arnaldos. C A S P E (Zaragoza) de M A D E R A Lea usted Muchos modelos para casa e intemperie. Zachariassen y Cía. Suc. Muntaner, 110, Barcelona. Cedemos a ú n exclusivas para algunas plazas. COMPRO Y VENDO AUTOMÓVILES en perfecto estado de c o n s e r v a c i ó n y uso. Hago env í o s a provincias sin compromiso de compra para el cliente. 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Y o os ¿i r é si así se hace esperar a la justicia en desacato y deservicio del Rey nuestro- se ñor y con molestia del vecindario, a quien se hace ¡esperar más de lo justo a que salga el azotado. ¡Ea, aviarle pronto, que ya son las doce, y a ver Isi acabamos antes de las cuatro! Y a sabes tú, maestro: a cada pregón, cinco azotes bien dados, con ¡penca útil, y con un minuto entre azote y azote, ¡y sin entrañas blandas. Luego veremos- si encon ¡tramos por ahí otro par de maestros y otro preRonero para- que os sacudan a vosotros el polvo. ¡Conque andando, que ya es tarde, ¡i E l verdugo y el pregonero se entraron en la entrepuerta, donde estaba esperando el mezquino de (Corchuelos, y el maese Cordelejo, que se había ¡enamorado de la Galana y estaba furioso por su ¡desprecio y por lo que por ella le sucedía, se tiró jcomo un tigre sobre el sentenciado y le arrancó ¡el jubón y la camisa, dejándole desnudo de me ¡dio cuerpo arriba. -Pero, hombre, ¿qué haces? -dijo Corchuelos- gNo te han untado sebo para que me trates bien y aprietes lo menos posible la mano? -Y a verás lo que yo te unto- -respondió Cordelejo echándole fuera- -Oye tú, Lagarto; tráete, de las tres pencas que he traído, la grande de tres fcosíuras. Se le subió al bachiller Corchuelos, al oír esto, el estómago a la garganta, le do un vahído, y los i alguaciles de la ronda del alcalde que allí estaban ¡tuvieron que acudiría él para que no cayese. Agarróle el verdugo, púsole de una sola vez a horca- Ijadas sobre el asno, le ató a la albarda por las piernas, le sujetó atrás las manos con las esposas, ly a este tiempo llegó el pregonero, entregó al verdugo una formidable penca de tres suelas, y, agarró el ronzal del asno. i. Y a estaban delante, a caballo, entre la multitud que llenaba la calle, los dos cuadrilleros que ha ¡bían venido de Medina con el verdugo; detrás, un tamborilero de la villa con la caja preparada; el l i cenciado Pedralva, con un papel sellado y escrito en la mano; el verdugo a la izquierda del reo, que estaba más muerto que vivo; a ambos lados los iseis alguaciles de la ronda del alcalde Portocarreir y con los tres de la izquierda el alguacil A n guila, que todavía tenía el carrillo levantado, y sudaba y trasudaba poco menos que Corchuelos y. no se atrevía a mirarle, y detrás los cuatro arcabuceros de Medina y otros cuatro de Madrigal, i Se había atrasado un cuarto de hofa de la que ¡se había prefijado. E l gentío era grande y las ventanas estaban llenas de gente, porque el azotado jera estudiante, y tenían a los estudiantes los del toueblo, y con sobrada razón, una ojeriza mortal. E n cambio, no se veía un solo estudiante. Los frailes agustinos, para evitar tumultos, los habían enterrado en el Seminario, y allí estaban que bramaiban. Porque los azotes dados al bachiller Corchueíos alcanzaban moralmente a toda la corporación. lEsto era deshonroso. Todos juraban largarse. de M a idrjgal en cuanto les diesen suelta, y no volver ¡más a él en toda su vida. E l alcalde Portocarrero no había podido prever hasta qué punto era trascendental su sentencia de azotes a un estudiante. L a villa de Madrigal no sabía aún cuánto debía agradecer al alcalde su sentencia. Aquello era lo inismo que cerrar el Seminario. Y aunque debía perderse en materia de consumos, era imponderablemente más lo que ganaban en honra y tranquilidad las familias. Sólo algunas muchachas debían quedar inconsolables por la desaparición de los estudiantes. i -Vamos, que ya es hora- -dijo el licenciado PeHralva al tamborilero, que apenas pyo esto arrancó ide su tambor un largo redoble. iCuando éste terminó, se oyó la voz del pregone-
 // Cambio Nodo4-Sevilla