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mu mr. xmmtmi H s iiti n m n i r n t H u íuiiitMnaumaiimnii II J II H mio- Hmaniinnii ririiinnit n n II ni m n f nii mm i m rmtnn ni n j i Tm frm i nm ni ii t f fm w I ea u s f e c l l o s clomiWgjos j I BLANCO Y NEGRO TM 1 n 1 ii ii i i i ii ii ii n nminii Actualidades: Crónica gráfica de España y extranjero El Teatro, el Cine J y los Toros: Crónicas de la semana. Artículos varios Gente Menuda: Historietas, cuentos infantiles Deportes: Amplias informaciones ilusj tradas. hogar La Mujer y la Casa: Modas, labores. E l arte en el Literatura: Una novela corta en cada número o el j Gran Mundo: Vida social. Resi Planas en color. ItlHinilUI pliego semanal de una grande. Cuentos, crónicas, poesías, informaciones dcnd s aristocráticas Ull! lll! ll! ll! l! l! l! lim Precio: UNA peseta; e j e m p l a r e n tosía E s p a ñ a irciirainnmir Ef MV FERNANDEZ Y, GONZÁLEZ E L P A S T E L E R O 33 E M A D R I G A L W 9 Jladolid, Madrid b Medina del Campo, se hubiera ¡creado lo que se llama opinión pública, y se hubiera hecho pensar al Rey y a todos los hombres jde las justicias menores y mayores del reino, en ¡modificar la pena de azotes, en ponerla en armonía ¡con la moralidad, o lo que es lo mismo, en sentido ¡más lato con la justicia. Pero Madrigal era una villa. como suele decirse, ¡de poco más o menos, y la opinión pública se ahogó jen ella por falta de numero y de espacio. Maese Cordelejo y maese Lagarto habían sido presos. Pero no por la responsabilidad de la muerte de ¡Corchuelos, que sólo podía hacerse pesar so ¡bre. el verdugo, sino, como hemos dicho, porque no ¡habían llegado a cumplir con su oficio a la hora conteniente. L a situación de. estos dos prójimos no iera de las más fáciles. E l alcalde Portocarrero era toiuy hombre de hacerles dar una vuelta de azotes lde lo lindo, en compensación de su falta. L a situación del verdugo y del pregonero por! ¡a 5i te la ley se había agravado con la llegada de líos dos cuadrilleros a caballo, que habiendo deshebiliado y llevádose consigo las bridas la Galana, habían entrado en el pueblo poco después de la ¡muerte de CorcKuelos, y presentádose al alcalde, al ¡que habían dado parte en queja de lo que les había ¡sucedido. Declaraban los cuadrilleros lo que era la verdad, ésto es, que al entrar en el ventorrillo habían visito amenazadas de muerte dos mujeres, la una vie ga y la otra joven, y ambas no de muy buena pin; íta; que al Jr a atar a los tres hombres que le iiabían amenazado, habían sido encerrados por las ¡mujeres que habían permanecido encerrados hasta que un transeúnte les había abierto; que los tres ¡hombres, prevaliéndose de la ocasión, se les habían escapado; que al ir a cobrar sus caballos para perseguirlos no los habían encontrado en la puerta idel ventorrillo, donde los dejaron; que se habían avisto obligados a ir a buscar los caballos a una tíehesa, donde los habían encontrado sin bridas, por cuya razón habían tardado tanto después de la fuga He los tres hombres en llegar al pueblo y presen- tarse al alcalde, y, por último, que los tres hombres fugados eran el verdugo de Medina del Cam- ipo, maese Cordelejo; el pregonero de Madrigal, ¡maese Lagarto, y el sepulturero de la villa, iiia ésé ¡Tostón. Preguntados por el alcalde si conocían a las Sos ¡princesas que habían dado ocasión á que hubiese írnérito de prender a los otros tres personajes, respondieron: que ellos eran vecinos honrados y cuadrilleros de la Santa Hermandad, de la villa de Nava; que- habían tenido aviso de que cierto sal. jteador muy dañoso andaba por los alrededores de ¡Madrigal, y habían venido con encargo de la justicia de su pueblo a ver si podían prenderle; que ¡eran, por lo tanto, en Madrigal forasteros; que no conocían a nadie, y que por lo mismo no sabían tiqniiénes eran la dama y la dueña andante que se habían encontrado en el ventorrillo, a las inmédia ¡ciones ya de Madrigal. E l alcalde envió, bajo partida de registro, presos a su villa de la Nava a los dos cuadrilleros, por haberse dejado burlar, y se fué a la cárcel a tojmar declaración al verdugo, al pregonero y al sepulturero, que había hecho prender; pero aconteció ique éstos, habiendo previsto antes de entrar en Madrigal que serían presos y encausados, se habían puesto de acuerdo, y declararon unánimes: que ellos eran antiguos compadres; que aprovechando la ocasión de encontrarse juntos en Madrigal, habíanse ido a almorzar aquella mañana al ventorrillo, y habiendo encontrado en el camino a una mujer joven y a otra mujer vieja, habíanlas convidado y aceptado ellas, pero que no las conocían (ni sabían quiénes fuesen; que lo del puñal en mano de maese Lagarto había sido una figuración de los ¡señores cuadrilleros, y que si, cuando se abrió la ¡puerta del aposento en que todos estaban encerrados, escaparon, no fué por burlar a la justicia, sino ¡porque sabían que hacían falta en Madrigal para ¡la ejecución de la pena de azotes del bachiller Cor ¡chuelos. Pero el alcalde Portocarrero tenía ya curtida la piel y estaba adobado hacia muchos años con saltea de crueldad, y haciendo poner uno tras otro a ios tres menguados en una escalera de las de mano, íes. hizo apretar los brazos con los cordeles a fin de hacerlos canarios esto es, a fin de que can- rimn rrarmnEnim. MfliMJUiiTrnim Mil 1...
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