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ming, los insectos, las aves de rapiña y las emigrantes, las perturbaciones originadas en el vuelo de las palomas m e n s a j e r a s or la actividad de la estación radiotelegráfica de Paterna, descubren el riquísimo venero de fenómenos radiantes que podemos incorporar a los muy conocidos que nos revela el análisis espectral. D e este modo vemos que el dominio de los movimientos vibratorios abarca la mecánica celeste, los cuerpos químicos, las plantas, los animales. ¿Q u é privilegio habría de tener el ser humano para ser excluido de este orden universal de fenómenos a que responden lo mismo el microbio que los soles hundidos en las negruras del universo? L a longitud de onda nos permite percibir esos movimientos vibratorios como electricidad o calor, como luz o sonido, de cerca o a distancias que es difícil c o m p r e n d e r según nuestro conocimiento normal del espacio; la longitud de onda determina el color en el espectro luminoso y produce efectos diferentes de las radiaciones químicas, térmicas, eléctricas, penetrantes, etc. L o s rayos más cortos de la banda de colores espectrales pueden ser inofensivos cuando sus longitudes de onda no. están entre los límites de 180 a 200 milimicrones (millonésimas de milímetro) pero los contenidos en esa z o n a métrica son mortales para todos los seres organizados. L a longitud de onda revela, pues, la función de algunos rayos; define la calidad del fenómeno radiante. ¿Revelará también la característica del cuerpo emisor? ¿N o descubrirá acaso la naturaleza del órgano en los seres vivientes? E s decir, admitiendo la nueva teoría del circuito celular oscilante, ¿no podríamos llegar a descubrir, por la longitud de onda, por la frecuencia, el origen de una radiación orgánica concreta, cardíaca, cerebral o hepática? ¿Qué efecto pueden producir en el hombre las ondas humanas? E n estas preguntas, especialmente en la postrera, hunde sus raíces el misterio de la telepatía. Veamos cómo nuestra ignorancia, en tantas cosas invencible, puede explicar algo de esos fenómenos que las gentes califican de inexplicables. PELAYO VIZUETE Láctea y de las constelaciones de Hércules y de Andrómeda. L a infinita variedad de radiaciones que llegan hasta nosotros de todas partes, d i recta o indirectamente, y hasta los fenómenos de absorción y retención de ondas que no percibimos de ninguna manera, i n fluyen sobre nuestra vida y la de todos los demás seres animados hasta el punto de hacer menos ingrata, más llevadera l a carga de nuestro paso por el mundo. ¿Q u é sería de la Humanidad sin calor y sin l u z? Y aun gozando de estas imprescindibles condiciones de existencia, ¿qué sería de nosotros si algunas radiaciones ultravioladas dé onda corta pudieran llegar a la superficie terrestre? Porque estos rayos extratelúricos, implacables destructores de la materia organizada, enemigos, siempre victoriosos, de todo ser y de toda partícula viviente, son interceptados y absorbidos por la caoa de ozono oue, a manera de impenetrable escudo esférico, protege la vida sobre la costra de la T i e r r a A s i los hechos descubren, no sólo la mera existencia de multitud de radiaciones i n orgánicas, sino los fenómenos producidos por ellas en todos los seres del globo. Pero los ¡hechos nos inducen también a incluir en ese grupo uniforme de fenómenos r a diantes otra serie de prodigios de más noble jerarquía física: las radiaciones de los cuerpos vivos y el sentido del equilibrio y de la orientación, el cual parece situado en el oído interno de muchos animales (movimiento vibratorio de la endolinfa que llena los conductillos semicirculares) E l lé LA NEBULOSA ESPIRAL D E ANDRÓMEDA, CONSTELACIÓN DE DONDE PROCEDEN LOS RAYOS CÓSMICOS. (F O TO D E L O B S E R V A T O R IO DE MONTE WILSON) UNA REGIÓN DE LA VIA LÁCTEA, DE DONDE PROVIENEN LOS RAYOS CÓSMICOS (FOTO DEL OBSERVATORIO DE YERKES)
 // Cambio Nodo4-Sevilla