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más altiva del almenado cinturón, tenía, a l tiempo de iniciarse su tratamiento arquitectónico, vestigios de habitación reciente: humazos de fogatas en los rincones mejor abrigados, y huellas de pasos frescos en sus p i sos de polvo. L a existencia de castellanos en las murallas de la Macarena no es cosa nueva; podemos creer que nunca sus castillos permanecieron vacíos: en el Archivo, municipal se conserva l a representación á la ciudad de Antón Martín, Francisco de ¡Madrid, Gonzalo Macías, Juan Delgado, A n tonio Fernández, y los demás pobres que moramos en las torres de los muros de esta ciudad contra un Antonio A v i l a que les exigía alquiler. 1 forreen 2 3 a Tía íomasa j a ls M A D R I D L A A L C A L D Í A D E CÁDIZ LLEGADA A MADRID D E L A COMISIÓN DE CÁDIZ QUE H A ENTREGADO A L PRESIDENTE D E L CONSEJO UNA SOLICITUD, FIRMADA POR 25.OOO GADITANOS, PIDIENDO SEA CONSERVADO EN SU PUESTO E L ALCALDE ACTUAL. (FOTO ALFONSO) gar indicado; la cicatrización de las más peiigrosas grietas en las cansadas atalayas, y la desaparición de las escalas artificiales, cavadas en los paramentos por la voracidad anti arqueológica del vecindario, fomentada, es cierto, por la falta de vigilancia m á s desconsoladora. E n estos auténticos peldaños tenían caminos preciosos los sucesores de Rinconete y Cortadillo, S. en C de todos los tiempos, para correrse por el grueso de la muralla, ancha m á s de dos metros, y habitar en varias torres, lonjas de sus repartos y posadas de las fatigas de tan azaroso oficio. H o y suficientemente vigilado, aparece- en condiciones de ser visitado el torreón de la T í a Tomasa se han completado sus huecos en ruina, remontado algunas bóvedas coladas por abandono de los hombres y el peso de los siglos, y coronado de discretas almenas su frente- desmantelada. Decimos que no es despreciable este n ú m e r o en las rutas turísticas, porque su interior regala el espectáculo de una arquitectura civil interesante, y porque desde su terraza más elevada entrega cuatro paisajes de agradable composición, la torre aludida. E l barrio de la Macarena, de calles retorcidas; Sevilla, cercana y blanca sobre el telón i n substituible de torres y espadañas. L a inédita perspectiva de la fuerte y ondulante muralla calzada de jardines. L a magnificencia del hospital, huertas del camino del cementerio, gozadas por Bécquer, y en la nubosa distancia el fervor y la alegría de San Jerónimo. For último, la Resolana, que se aleja con amplias lineas de gran vía hasta el río, cargada de tráficos fabriles y modernos; al fondo, los pueblos dormidos en el escalón del Aljarafe. LAS MURALLAS DE L A MACARENA CONJUNTO D E LA ANTIGUA FORTALEZA Y RONDA EXTRAMUROS. (FOTO SERRANO)
 // Cambio Nodo4-Sevilla