Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i: i! lSl! l! I; lll! ll a iH ii ¡iiíiii iBiii ¡ii ii iiTM i! Actualidades: Crónica gráfica de España y extranjero ¡J El Teatro, el Cine y ios Torosa Crónicas de la semana. Artículos varios Gente SVSenydas Historietas, cuentos infantiles ¡DeporteSS Amplias informaciones ilustradas, hogar j La M ljer y 9 a Casas Modas, labores. E l arte en el j Literatsiras Una novela corta en cada número o el pliego semanal de una grande. Cuentos, crónicas, poesías, informaciones g Gran inundo; Vida social. Residencias aristocráticas Planas en color. i ni i u i i m tmm Precio: i ejempBar era toda a p a ñ a UÍ 1III! ¡I1II! ¡1! I! II! 1 I! II II! 1! ÍII 1I IW üésm gz 9 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO D E MADRIGAL pf. tesia, por lo linda y por lo discreta, y quedad adiós, niña, y mandad si os ocurre algo. -V e d ahí que lo echáis a perder- -dijo la M a r i Galana- porque estáis deseando perderme de vista, y eso no es cortesía, sino desdén. -No lo toméis a mal, porque yo no os conozco. -S í que me conocéis. ¿D ó n d e os he visto? -Aún no ha quince días, en l a plaza de M a drigal. ¿D e Madrigal sois? -N o señor, que nací en- Salamanca, y dando vueítas r or el mundo fui a parar a Madrigal. A todo esto, y sin saber cómo, entrambos, ella a la derecha y él a la izquierda, habían echado a andar lentamente. Y a sabemos que Gabriel de Espinosa tenía un gran defecto: el ser enamoradizo y dado al culto de la hermosura, fuese quien fuese la mujer hermosa con quien se encontraba. L a Mari Galana, que creía aborrecerle, -estaba, como hemos indicado, vivamente impresionada por él, y emanaba de ella ese perfume embriagador que se exhala de toda mujer bella cuando está al lado del hombre que la interesa. Gabriel de Espinosa aspiraba ese perfume y empezaba a embriagarse. Mari Galana lo notaba, y por maestría y por deseo, empezaba a poner en juego todos sus medios de seducción. L a vieja se había quedado discretamente a retaguardia. ¿O s acordáis ya de haberme encontrado, señor mío? -dijo l a Galana con un acento seductoramente dulce e insinuante. -Sí, por cierto; y os he reconocido desde el punto en que al tropezar con vos os v i me he acordado de vos muchas veces, y lie sentido no volver a veros, porque cuando os v i la primera vez me parecisteis muy bien. ¿De veras? ¿P o r vuestra salud, galán? -Y por la vuestra. ¿Y qué os importa a vos mi salud? -Mucho, porque no me habéis hecho ningún daño. -Pues lo siento ¿Que lo sentís? -Y mucho. 1- ¿Y por qué? -Vamos, señor mío, que debéis estar muy acós- tumbrado a que todo se lo hablen las mujeres, y eso no está bien, ni lo haré y o porque aunque soy una pobre muchacha, hablando con vos y para vos soy una mujer que vale tanto como l a primera. ¿Y por qué? Explicadme. -Porque os hablo con el corazón, sin- falsedad ni interés, y el corazón, señor mío, es siempre altivo y honrado cuando se da de buena voluntad. ¡A l i! Conque es decir... -S í no quería decíroslo y os lo he dicho todo. -Seguid, niña, vuestro camine- -dijo tristemente Gabriel de Espinosa- y no os pongáis bajo la) sombra del árbol maldito; si es verdad que me habláis con el corazón, huid de m í no hablemos le si sois esto o lo otro; en estos momentos para mí, y hablando como habláis, sois, como habéis dicjio muy bien, una mujer que vale tanto como l a primera; por lo mismo os hablo como quien os dobla la edad y ha sufrido mucho y es muy desgraciado: como un padre indulgente; sentiré mucho que no me comprendáis. ¡O h! Sí, sí, os comprendo perfectamente, señor m í o seguid, seguid hablándome así, porque vuestras palabras me deleitan y me consuelan, porque vo soy también muy desgraciada. -S i ésta no ha estudiado con el diablo- -dijo l á madre Martina, que iba oyendo l a conversación- ha estudiado con su nieto; y la desvergonzada me pedía consejo, cuando puede dármelos. ¡L á s t i m a que ese buen hombre no tenga minas de oro en el Perú! -L a desgracia es la herencia de los hijos de Adán- -decía entretanto Gabriel de Espinosa a la Galana- una cruz más o menos pesada con que cargar los hombros encontramos todos al lado de nuestra cuna, y aquel vale m á s que lleva su pesada cruz con m á s valor y más fortaleza. -M i r a d señor mío, que ya ha muchos días que pasó la Cuaresma, v que no sois capuchino; no se me os vayáis por en medio de un sermón, porque Sg o es huirme el bulto y no querer entenderme.
 // Cambio Nodo4-Sevilla