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A B C. M I É R C O L E S 26 D E F E B R E R O D E 1930. E D I C I Ó N DiS A N D A L U C Í A PAG. en este punto se da media vuelta a la derecha, y en la hondonada, cuyo rápido declive se hace insoportable a los 20 metros, se hallará una cueva ¿cuya boca encubre frondoso boscaje de cabrahigos. L a cueva no tiene fin, y está llena de pepitas de oro de to ¿Yace el o r o bajo l a nieve de la dos tamaños. Aquí traigo muestras. Alpujarra? E l viejo, ágil como un chiquillo, se levantó, abrió el saco y me presentó, gozoContaro la historia con rigor cronológico, so, algunos pedruscos verdaderamente dessubrayando las acendradas razones de la vo- lumbrantes, con áureos reflejos, tornasolados cinglera al. i a, picara embaucadora de la de matices rojos, verdes y azules. Química, esa ciancia de las quimeras y en- ¡Aquí está la salvación de España! sueños. Procuraré no engañar a nadie; en- -exclamó, gozoso, al mostrármelos. cenderé la antorcha, y no le pondré por ca- ¡Hombre, sí que son piedras bonitas! peruza el celemín bíblico. i Qué brillo tienen! -grité lleno de- asombro Un viejo ochentón, alto, fornido, vigoro- y entusiasmo. so, que llevaba por todo equipaje nudoso g a- ¡Oro puro -contestó el viejo- Usted rrote de almez y un saco de harpillera al los manda analizar por los sabios; y cuanhombro, conteniendo algo pesado en su i n- do esté demostrada la riqueza que contieterior, entró en mi despacho oficial, con ob- nen, con poner rejas a la covacha quedará jeto según anticipó el ujier, de comunicar- el tesoro a buen recaudo, mejor que si lo me importantísimo secreto, de tan singular guardase un dragón. Ahí dejo las piedras; eficacia dinámico- social, que en breve tiem- vuelvo a la montaña; cuando usted me llame, po haría de España la mayor nación del acudiré. mundo. -Pues nada, nada; se hará lo que con- -Siéntese usted- -le dije- y hable lo venga. Muchas gracias, y ya veremos- -dije, que tenga por conveniente. Escucho atento. estrechándole la mano. E l viejo se descargó del saco, no sin emE l ochentón se despidió afectuoso, puso plear gran esfuerzo; tomó asiento en uno horizontalmente el cayado de almez sobre de los sillones de vaqueta, del. tiempo de la los hombros, cogió con ambas manos las Reconquista, que ornaban el estrado, y, des- puntas del garrote y se alejó a buen paso, pués de pasear con recelo los ojos por puer- contoneándose como si tuviera veinte años. tas y ventanas, preguntó: Era un bravo ejemplar de la raza alpuja- ¿Estamos solos, señor gobernador? rreña, raza de gigantes, que no escaían el- -N a d i e nos oye n i nos ve. cielo porque viven en la región más her- ¡S e ñ o r! A l i a va mi secreto. H e nacido mosa de la tierra. y me he criado en l a A l p u j a r r a conozco la Hablé de tan extraña visita con el secresierra palmo a palmo; hace mucho que en una cueva sin fin descubrí inagotables yacimientos de oro, y no quiero morirme sin legar a m i Patria tal riqueza. ¡B r a v o! M e gustan los hombres abnegados y patriotas- -repuse, en tono ambiguo, temiendo encontrarme frente a u n loco. -A m o a m i Patria con delirio- -me replicó- olfateo que l a muerte llega a pasos R e t a b l o s de l e y e n d a p r i m i t i v a C i n c o ptas. agigantados, y quiero que en la fosa mis huesos se deshagan gritando: ¡V i v a España! -argumentó, febrilmente, el descono- Preciados, 1. Librería: Preciados, 6. Apartado 12.250. MADRID cido. ¿N o ha explotado usted nunca el yacimiento de oro, verdad? -dije yo, admirando su indumentaria. -No, señor; todavía no. Las primeras pepitas de oro que he cogido las traigo en un saco para enseñarlas a usted. E l r e u m á t i c o es u n v e r d a d e r o m a n a n t i a l- -Entiendo peco de mineralogía. de tóxicos, a los q u e se d a e l n o m b r e de- -No importa; usted es delegado del Go- á c i d o ú r i c o C o m p r u e b a n esta aserción bierno, y yo vengo a que usted diga a los los análisis de o r i n a e n los que s o n víctiministros del Rey, o a quien sea: E n la A l- m a s de d i c h a e n f e r m e d a d E l r e u m á t i c o típico está expuesto a l a i n m o v i l i d a d a c a u pujarra existen varios placeres auríferos más sa de l a inflamación dolorosísima que sobreimportantes que los de California. Con tres viene en l o s músculos y a r t i c u l a c i o n e s S u espuertas y dos fraguas haremos lingotes sue x i s t e n c i a será entonces u n penoso c a l v a r i o ficientes para extinguir la Deuda pública. Son y a legión l o s médicos e m i n e n t e s de E l corazón de Sierra Nevada es de oro ma- E u r o p a y A m é r i c a que, afectos p o r esta t e n d e n c i a l l a m a d a t a m b i é n artrítica, l a c o m b a cizo. éxito pre e, m- ¿E x i g e ustíd algo por esa revelación ten, r n ocon e p a r a ds o rU r o n d e, n tde u s a n d o v ielt u do s de pr o mil cuyas r e sensacional? t e r a p é u t i c a s d a n fe las p r o d i g i o s a s c u r a c i o- -N a d a estoy solo en el mundo; amo a nes de e n f e r m o s d e s e n g a ñ a d o s que n o h a mi Patria, y qijiero enriquecerla antes de bían e n c o n t r a d o a l i v i o a l g u n o e n los r e m e morir. S i yo no señalo el sitio en donde yace dios de m á s r e n o m b r e L a siguiente opinión m e d i c a l es t e s t i m o n i o a montones el oro, nadie acertaría a dar con de los conceptos a n t e r i o r e s C o n e l U r o m i l él. Este es el secreto que vengo a poner en he obtenido t a n buenos r e s u l t a d o s en mí manos de usted. Quiero que España herede mismo que no dejo de r e c o m e n d a r l o e n e l mis riquezas. t r a t a m i e n t o d e l a r t r i t i s m o y todas l a s afec- -Gracias en nombre de todos los españo- ciones r e u m á t i c a s pues lo creo s u p e r i o r a les; pero... siga usted su interesante relato. todos sus s i m i l a r e s p o r su e x t r a o r d i n a r i o -Conforme se rodea por Oriente la an- poder d i s o l v e n t e del ácido úrico. cha base del Mulhacem, pasados dos conchaDr. Ángel Roselló Gómez. les rojizos, más allá de la fuente de la V í D e l Colegio de Médicos, M o n t e v i d e o bora, se tropieza con un castaño enorme; entonces, sin perder el árbol de vista, se enfila el hombro derecho con el campanario de Pitres, y se avanza, de frente hasta enwB U n i v e r d a d -B A R C E L O N A un bance de javalunas (serpentinas) B R O C H A Z OS A L T EM PLE MARQUINA EL M O N J E B L A N C O EDITORIAL REUS, S. A. i Los tóxicos úricos y ios grandes reumáticos P E N S I Ó N SELECTA tario del Gobierno, Sáenz Marquina, caballero sin tacha, de gran espiritualidad y agudeza, y decidimos que algún químico de l a población analizase las piedras. N o pongo el nombre y apellido del químico, porque nos informó equivocadamente, y como ya murió, no quiero infamar su memoria con dejos de ironía. Séale leve su ignorancia. E l informe, despojado del embolismo a l gebraico que aturdidamente entremezcló, decía: Estos minerales contienen un diez por ciento de oro Don Juan Sáenz Marquina venía radiante con el papelito; y tal importancia dimos ambos al análisis optimista, que Marquina y Paco Toledo, mi secretario particular, fueron a. visitar la Cueva de las Maravillas, sirviéndoles de guía el propio descubridor. Pero nevó y no entraron en la cueva. Mientras los dos secretarios fueron y v i nieron, yo, acordándome de que el famoso D. Lucas Malladas, amigo mío fraternal, era un sabio de verdad, le envié algunos guijarros para que los analizase con todo esmero y diese su leal opinión científica. Vino por aquel entonces a Granada el i n geniero- jefe del Creusot, M Dugosché, con objeto de reconocer cierta mina importantísima de hierro, que aquella Sociedad había adquirido del multimillonario belga monsieur Merman. Con frecuencia entraba a visitarme en m i despacho el ingeniero- jefe del Creusot para saludarme cortésmente, y como apareciese en los días de la busca y rebusca del oro escondido en un antro de Sierra Nevada, me apresuré a pedirle opinión y consejo en asunto de tanto interés para el Estado español. ¿Quiere usted, M Dugosché, hacerme el favor de examinar estas piedras, que, según un químico de Granada, contienen un diez por ciento de oro? -me atrev a suplicarle. -C o n muc! ho gusto intentaré complacerle, señor gobernador. -replica- Creo que no tendré necesidad de laboratorios- añadió, al verlas sobre la mesa. Sacó de su estuche de níquel unas antiparras de concha, levantó la cortina del balcón, cuyos bordados atenuaba la l u z cogió uno de los pedruscos, lo miró con detenimiento y dijo en español chapurreado, lleno de gracia: -E s t o es pirita de hierro, e mala; e si usted tiene muchas economías e quiere perderlas, fácilmente lo logrará comprando acciones de esta mina resplandeciente y sin valor alguno. Quedé yerto de frío y desilusión; ¡yo que trataba vanidosamente de sorprender al Gobierno con el hallazgo de un nuevo P o tosí I Pocos días después, Lucas Malladas me escribía confidencialmente: E l mineral que mandaste es pirita de hierro, sin el menor átomo de oro: te habrá sorprendido la magia del color, ¿verdad? Pues no hagas caso de colores. Envíame algunas piedrecitas, las más brillantes que encuentres; son muy lindas para pisapapeles Y a no hubo esperanza; sin embargo, mi romanticismo archifantástico me llevó a encargar al alcalde de Pitres que buscase y trajese a mi presencia al viejo embaucador, ya que simple citación no. había producido efecto. E l alcalde de Pitres, después de i n fructuosas pesquisas, me telegrafió con brevedad espartana: E l viejo ochentón a quien en la Sierra llamaban el Brujo, fué hallado muerto, ayer tarde, en una cueva cercana al pico de Mulhacem. 1 médico asegura que la muerte data de quince días ¡Descanse en paz el anciano soñador, que quiso- salvar a España con el oro de su imaginación meridional! Pero... ¿Existirán el banco de javalunas y la cueva del higuerón? ¿No habrá s n ca-
 // Cambio Nodo4-Sevilla