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A B C. J U E V E S 27 D E F E B R E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 de que era aquella bóveda enterramiento del Cabildo. E n solo un féretro, el noveno, había indicios de vestiduras de seglar, y esto bastó para que aquellas pobres cenizas fueran objeto incontinenti de una solemne y calumniosa identificación. H i z o el galeno minucioso análisis y macabro inventario de los huesos y los residuos de indumentos, y envueltos en papel todos ellos, numerados, cubiertos de algodón, embalados, en fin, en una caja negra con letras grises, que eran profanación del nombre de Quevedo, fueron teatralmente conducidos a la Corte y paseados en aquel famoso desfile que pretendió ser apoteosis y no fué sino impía mascarada. Para relatar lo que sigue de un modo apropiado sería menester la pluma misma del autor del Sueño de las calaveras, y a fe que el tema no era indigno de su sátira formidable. F r a c a s ó el proyecto del Panteón, y cuáles con m á s decoro, cuáles con menos, fueron todos aquellos ilustres despojos restituidos a sus huesas; todos, menos los restos, supuestos por ventura, del Señor de la Torre de Juan Abad, que volvieron, sí, a Infantes calladamente, pero fueron abandonados, con toda reverencia, en la anaquelería del archivo del Ayuntamiento. P a r a mayor ludibrio de la memoria del Caballero de la Tenaza se amontonaron sobre la horrenda tapa negra boletines, gacetas, escrituras y toda la caterva de papeles curialescos que él llamó ajuares del infierno Llevóse a extremos tales el abandono, que a ñ o s m á s tarde se perdió la llave de la caja y no volvió ésta a ser abierta. Pero fué más de una vez cambiada de sitio, alzada, invertida, y como ni pesaba- ¡liviano peso el del humano polvo! -ni producían ruido los huesos, empaquetados con esmero, se decretó que habían sido hurtados y que la arquilla no contenía nada. ¡C u a n cierto esto: nihil! N o escandalizó a nadie el sacrilego robo. Se a r r u m b ó en un rincón del archivo la caja y nadie volvió ya a ocuparse del asunto hasta el a ñ o de 1920. Y llegamos con esto a la última parte de esta macabra farsa. E l que era a la sazón alcalde de Infantes tropezó con el acta citada de exhumación de 1869; descerrajó la caja y, habiendo hallado intacto su contenido, notificó al Gobierno que habían parecido los restos de Quevedo y le pidió órdenes ¿Qué había de hacer él que fuera mejor hecho? Sólo dos voces elocuentes, ya apagada una de ellas, se alzaron en protesta y dieron en la Prensa la voz de alarma. Allá los que deban resolver- -clamaba en A B C Ortega M u n i 11 a. -Pero estimo que la fama severa y adusta del satírico no es compatible con la horrenda fábula de los sepulcros profanados. Nuestros eruditos a la violeta han pasado por alto la noticia; el pueblo ni s i quiera la ha tomado en consideración decía en El Liberal Diego San José, cuya era la otra voz elocuente. Los que debían resolver para qué citar nombres? se abstu- vieron, dejando actuar en paz al generosa- mente intencionado alcalde. Y el 14 de j u nio de 1920, después de un funeral solemne y un panegírico, se dio sencilla y decorosa sepultura a los asendereados huesos. E l epitafio escrito en la losa que los cubre consagra una superchería y un desamparo i n grato de la Patria. Y o que entonces callé por el recelo de no ser escuchado, y que hablo ahora con la esperanza de serlo, pude hacer m á s que los señores San José y Ortega Munilla. Acudí al propio Ayuntamiento de Infantes; leí el acta de exhumación levantada en 1869; comprobé que habían sido extraídos públicamente de un solo ¿retro los restos; tomé nota de los sospechosos indicios que se señalaban en el inventario a que antes aludí, y, por último, acompañado del doctor D Ángel Migallón, eminente médico de i n fintas, reconocí y examiné los restos: huesos, cenizas, una cinta de seda, dos bocamangas, un pedazo de suela y los dientes todos, dispersos, pero cabales. Del manto de caballero, botas y espuelas doradas con que fué enterrado el cuerpo de Quevedo, nada. Se afirmó desde luego mi convencimiento ele que no eran aquellos miseros despojos los del gran satírico; pero quise apurar las pruebas negativas y, debidamente autorizado, traje a Madrid conmigo las m á s interesantes piezas de convicción- -las bocamangas y los botones, -y las sometí al dictamen del Sr. Comba, catedrático de Indumentaria del Conservatorio, y del Sr. Florit, director de la Real Armería. De las bocamangas opinaron que no parecían de una prenda de vestir del siglo x v n de los botones, grandes y niquelados, afirmaron rotundamente los dos que pertenecían a una vestimenta de principios del x i x Y para el final he dejado la prueba decisiva, de valor absoluto. E l i 5 de agosto de 1635 escribía Quevedo una larga epístola al doctor D Manuel Serrano del Castillo, publicada en el tomo X L V I I I de la Biblioteca de Autores Españoles. S e ñ o r don Manuel- -le decía- hoy cuento yo cincuenta y dos años, y en ellos cuento otros tantos entierros míos... Hanme desamparado las fuerzas... huyóse el color del cabello y vistióse de ceniza la barba; los ojos, inhábiles para recibir la luz, miran noche; saqueada de los años Ja boca, n i puede disponer el alimento ni gobernar la voz N o era precisa esta declaración del propio Quevedo. Diez años más se prolongó su v i d a y sobre aquella prematura decrepitud debieren gravitar con tremendo estrago los cuatro años de la prisión estrecha de San Marcos. L o que salió de entre los muros h ú medos v helados de su cárcel, caminando coi pasos dolorosos hacia la muerte; lo que bajCal sepulcro, envuelto en los blancos hábitos de los caballeros de Santiago, debió ser un espectro. Como de sí mismo dijo el gran poeta en su última sublime poesía, 1 S o m b r a s ó l o de a q u e l h o m b r e Que naciG en M a n z a n a r e s P a j a cisne d e l T a j o y d e l H e n a r e s E n la sepultura de aquella sombra, casi septuagenaria, no era posible hallar una dentadura completa. N o iniporta mucho, acaso, que Quevedo no tenga sepultura. E n sus Remedios de cualquier fortuna debajo del epígrafe profético Carecerás de sepultura escribió Quevedo estas palabras, que eran como una aceptación del porvenir: Buscar buena muerte me importa. Lícito es desear buena sepultura; contingente es alcanzalla, y de ningún inconveniente no tenelia. pues ha de venir tiempo en que no la tenga. Se cuidó bien Quevedo, por lo demás, de erigirse en sus obras un monumento a su memoria. Burlábase D Juan de J á u r e gui, en el Retraído, de que pudiera creer D Francisco que, muerto él, buscarían e imprimirían sus obras los libreros, y no sólo se imprimen y se buscan tres centurias después de las burlas del poeta pintor, sino que muy recientemente se han traducido al inglés ios Sueños y El buscón; he ahí los restos de Quevedo. N o no importa que estén sin sepultura. Cuanto más que el carecer de ella parece entre nosotros común destino, que casi es desairado eludir de los. mayores astros de nuestro cielo esplendoroso. Substrájose a él, como vergonzantemente, Calderón; se sometieron Lope, Cervantes, Tirso, Ruiz de Alarcón, Velázquez... E l mismo Goya, cuyos restos reposan en lugar conocido y honrado, entregó a ese sino de clase el cráneo, asiento soberano de su genio. Pero lo que no es compatible con l a fama severa y adusta del satírico como Ortega M u n i l l a decía, es la fraude y la fábula de los sepulcros profanados. Tumba difusa de Cervantes llamaba D Antonio Maura, con su habitual fuerza de expresión, a la iglesia de las T r i n i t a r i a s tumba difusa de Quevedo es el cementerio de I n fantes. P ó n g a s e en su portada una lápida o hágase, como se quiera, constar que allí, entre las cenizas anónimas de la fosa común, quedarán- todavía algunos átomos de la envoltura mortal de uno de los m á s gloriosos hijos de E s p a ñ a y de los mayores portentos del ingenio humano. Y devuélvanse a su huesa esos restos apócrifos, que han pagado unas horas de apoteosis con más de medio siglo de abandono cruel. Señor conde de L e m o s L a permanencia secular de la raza de vuecelencia en las m á s altas j e r a r q u í a s de la vida española ha venido a juntar en la persona de vuecelencia los nombres titulares de diversas insignes estirpes. E l l o ha dado más de una vez ocasión a vuecelencia de mostrarse a la altura de su egregio linaje; ello me permite a mí poner fin confiado a este artículo con palabras parecidas a las que D Francisco de Quevedo dirigía en el encabezamiento de l a Política de Dios a otro procer famoso de su tiempo, ni siempre su enemigo, ni sicfnpre aciago a E s p a ñ a A l conde- duque de Olivares, ministro de Instrucción pública: D a r a leer a vuecelencia estas líneas es la mayor diligencia que puede hacer el conocimiento de su integridad... EL CONDE DE LEYVA c l o r o b o r o s ó d i c a s m e n t o l y c o c a í n a boca, g a r g a n t a toses; p r e v e n t i v a s de l a g r i p e 40 a ñ o s de é x i t o D e venta, farmacias. PastiSSas BOMALD COGNAC BISQUIT MA 1 SON E N FONDÉ 2 (8i q (CHAREfUE) F R A M C I A COGNAC BARCELONA A 6 ENT 6 GENERAL PARA CAPANA LAUR 1 A 6 6 TH. BA 1 LAC MADRID- PARÍS, S. A. Se pone en c o n o c i m i e n t o de los s e ñ o r e s accionistas que en c u m p l i m i e n t o d e l a c u e r d o n. o 4 de l a J u n t a g e n e r a l e x t r a o r d i n a r i a cel e b r a d a el 26 de d i c i e m b r e de 1923, estando y a s u s c r i t a s y- t o t a l m e n t e d e s e m b o l s a d a s las 12.0 00 acciones de l a serie B el n o m i n a l de 500 pesetas de las acciones n ú m e r o s 1 a l 24.000, a m b o s i n c l u s i v e q u e d a fijado en 250 pesetas p o r a c c i ó n y que, por l o t a n t o p r o c e d e e f e c t u a r e! e s t a m p i l l a d o de las r e f e r i das acciones, que so d e s i g n a r á n en lo futuro con la d e n o m i n a c i ó n a c c i o n e s serie A los s e ñ o r e s a c c i o n i s t a s se s i r v a n p r e s e n t a r sus t í t u l o s en las oficinas de l a S o c i e d a d A v e n i d a de P i y M a r s a l l n. o 10, en los d í a s y horas laborables, p a r a que s e p u e d a p r o ceder a s u e s t a m p i l l a d o M a d r i d 21 de f e b r e r o de 1 0 3 0 -E l c o n sejero delegado, J G o m m é s E n v i r t u d de l o que antecede, se ruega a J A R A B E CH EL V B c u r a tos, c a t a r r o s fatiga, g r i p e 4,15 p t a s
 // Cambio Nodo4-Sevilla