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A B C. V I E R N E S 28 D E F E B R E R O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 17. L a irresponsabilidad de la C o r o n a Porque muchas de las culpas que han podido lanzarse contra los hombres públicos, muchas, fueron producto de su lealtad. (M u y bien, muy bien. Y a que tomaban responsabilidades que en parte no les correspondían. (Bravos y aplausos. Y amparaban siempre la responsabilidad constitucional de la Corona. ¿H a ocurrido eso después? ¿P o r qué entonces los hombres públicos más o menos pronto se gastaban y caían, pero quedaba intacta esa irresponsabilidad constitucional a que antes me refería? Y o no quiero creer, yo no tengo datos para creer que eso se hacía malévolamente. N o entonces yo tacharía de malvado, de desertor de sus deberes a quien eso hubiera hecho. Pero, inconscientemente, la propaganda republicana, con el carácter con que se ha hecho por Esuaña en los tres últimos años de la Dictadura, a la vista está. E s a la estáis viendo todos; eso lo advierto con tristeza y con amargura. Pero es la realidad, y de esa realidad hay que partir, que no hay poder tan grande que se pueda oponer a ella; es la que contemplamos, la que expongo, la que lamento; pero la realidad. H a y pues, que inquirir, hay que buscar razonadamente, sin algaradas, sin bullanga, que desautorizan al que las realiza v aun al que las sufre, responsabilidad donde esté, de lo más alto a lo más bajo. (Muchos aplausos. L a Dictadura vino, ¡ya sabéis todos como vino! Y o dándome cuenta de lo que digo, y diciendo lo que pienso, digo que a la D i c tadura, v a la manera de venir l a Dictadura, se podía muy bien aplicar algo, que para decirlo con todos ls respetos yo he de refugiarme en mis aficiones literarias y decir que podría reproducirse, que podría repetirse aquella décima famosa atribuida por muchos a Góngora, al hablar de la muerte del conde de Villamediana: Mentidero de Madrid, decidme, ¿quien mató al conde... Y sigue y concluye de este modo: D i c e n que lo mató elCid- -por ser el conde Lozano- -disparate chabacano- -la verdad del caso ha sido- -que el matador fué Bellido y el impulso, soberano. Mucho sentimiento tengo en mi alma al decir lo que digo; pero lo digo con la conciencia de m i responsabilidad y el culto que debo, más que nunca en esta tarde, a la verdad. (M u y bien. N o cabe hablar de- responsabilidades constitucionales. Eso es, y a muchos puedo yo decirles esto a la cara, es algo que nos comprende, nuestro deber- -ya endiferentes ocasiones de palabra y por escrito he recordado todo lo que debí recordar- -podemos decir que lo que no puede hacerse, que lo que no puede ser es desdeñar, es escarnecer las funciones constitucionales, hechas en buena parte para amparar la irresponsabilidad constitucional y después de haberlas escarnecido, humillado y atropellado, pretender ampararse en esta misma Constitución. (M u y bien, aplausos. pararlo el Gobierno, por amargo que le sea. Pero es un deber, y por amargos no se abandonan los deberes. Mediante esa prueba y esa investigación quizás si eso fuese preferible, habría que crear una altísima comisión, integrada ppr las más significadas personalidades del país, de cualquier manera. Pero no; hay que hacerlo y llevarlo más tarde a las Cortes. razón, y en vano pretenderán tener autoridad los que no tienen razón. Digo, si hubiera preferido, si hubiera preferido alguno de esos movimientos revolucionarios... en los cuales, en algunos de ellos ¡quién habría de decírmelo! yo, ene- migo empedernido, reiteradamente de toda militarada, de toda algarada, hombre de gobierno con la comprensión y con la naturaleza de hombre de gobierno; hombre de responsabilidad con inclinación conservadora, he tomado parte, sin embargo, tales cosas que yo, ¡ya lo veis! por mala fortuna objetiva, con fracaso objetivo, con cierta tranquilidad subjetiva, con una compensación de eso y de otras muchas cosas que exceden por mucho a las amarguras y a las responsabilidades y a los malos ratos y a los perjuicios porque todo fué, por muy grandes que hubieran sido y aún mayor de ío que íueron, y todo eso me habéis compensado vosotros con vuestro recibimiento de esta tarde. (G n m 1 des aplausos. I Pero para seguir por la legalidad no hay más camino que la legalidad, y después de todo, ¿para qué las Constituyentes? ¿E s que unas Cortes ordinarias no pueden- -ya he dicho que las elecciones van a ser constituyentes- es que esas Cortes no pueden hacer todo lo que la Nación quiera que se haga? S í sí. Porque habiendo tomado muchos- -yo el primero en el tiempo, aunque el último en la calidad- -la bandera de la Constitución del 76, no he pretendido jamás que esa Constitución sea intangible. L a Constitución tiene la gran fortuna de ser flexible. Sin tocar a la Constitución, puede por leyes- -y eso se ha hecho en España- -modificarse todo lo que se quiera, hacer. Así lo hemos visto en España, no he de hacer la enumeración que está en la conciencia de todos vosotros. Pero tiene gran importancia, porque h u biera triunfado uno de aquellos movimientos. Y entonces no había cuestión; cuando la violencia resuelve un pleito, entonces, después del derribo hay un solar, y en el solar se puede construir y se debe, construir. Pero cuando se quiere volver, no violentamente, sino por el camino de la Iega lidad, hay que hartarse de legalidad, de los inconvenientes que ello tenga, sobre todo inconvenientes para la pasión, para el amor propio, para muchas cosas muy respetables del alma. (Una voz: Queremos el solar. L o creo; pero ahora hablo yo. (M u y bien, aplausos. N o interrumpidme, porque todos contáis con mi respeto, con mi admiración, y probablemente coincidiría con muchos en muchas cosas. P a r a mí es muy sensible y agradezco esa interrupción, porque ella me da ocasión de decir esto: Tengo que disentir de muchas personas, para mí muy queridas. Todas, queridas, o no, respetadas- -y o quiero guardar gran respeto, respetaré las opiniones- -pero pido respeto para las mías. Con tanto más motivo cuanto que por el camino de las ilegalidades se puede preparar, ha sido frecuente achaque en E s paña, lo contrario de lo que se busca; y hay una cosa- -yo os lo digo aquí en secreto- hay una cosa que, a mi parecer, es cien veces peor que padecer y sufrir una Dictadura, y es merecerla. (Aplausos; muy bien. Las elecciones serán yentes constitu- Y llegamos a la cuestión batallona, a la magna cuestión de estos días: las Cortes. De un lado y de otro se razonan y procuran convencerse los unos a los otros; despotricar, que es más fácil que convencer, contra los unos y los otros, sobre cómo han de ser las Cortes. Y o declaro que no doy gran importancia a esto, porque yo sé- -y lo sé porque vivo hace muchos años y tengo mucha experiencia- -que las elecciones que se convoquen y como se convocaren, han de ser constituyentes. (M u chos aplausos. Las elecciones han de ser constituyentes. D e l modo de convocarlas, ahora hablaremos de eso) pero las elecciones serán constituyentes, porque la realidad es esa, porque el problema que el país tiene es ese y, quiérase o no se quiera, eso será lo que se vote en los comicios, cuando las elecciones se preparen y se abran, y el caso llegue. ...Pero en la Constitución no está el camino para ir a Cortes Constituyentes. Y o doy mucha importancia a aquello que Bisniark llamó. los imponderables doy mucha i m portancia a los imponderables y he dicho, pues yo no he callado, y en escritos y en todas las formas he dicho muchas cosas, y ahí están repartidos en los periódicos o circuladas por España notas mías, y lo he dicho siempre, que cuando de veras se quisiera volver a la normalidad y si alguna vez se tenía voluntad de ello, había que volver por el camino legal, por el camino que la misma Constitución establece. Y o digo que en la Constitución 110 está abierto n i trazado el camino para ir desde la situación en que estamos a las Cortes Constituyentes. Eso a muchos parecerá nimio, ridículo quizás, yo le doy importancia porque, no cabe abominar de la Dictadura de los otros y tomar el camino que trazara. N o L o primero que hay que hacer para tener autoridad, es rener E l G o b i e r n o actual y las r e s p o n sabilidades de la Dictadura i Cómo habrán de ser exigidas las responsabilidades? H e oído reiteradamente, he leído que personas de tanto respeto para mí y que tanto respeto merecen como el general Berenguer, ha dicho que eso habrá de hacerse y habrá de depurarse en las Cortes. ¡A h n o! L a última sanción puede que sí; la sanción política puede que sí en las Cortes. Pero el Gobierno, el Gobierno está obligado a preparar la ponencia de esas Cortes mismas y eso no puede hacerse sin investigaciones, que es imposible que hagan las Cortes, que no tendrían en ningún caso a mano los documentos, las pruebas. Eso tiene que hacerlo el Gobierno y eso tiene que pre- El respeto a la Constitución su reforma y E l padre Isla, con su habitual donosura, dijo en cierta ocasión que el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra es el hombre. (Risas. E s verdad. Pero hay algo que también es verdad, y que es también muy triste; se dan pocos casos- -pero hay algunos, y España es uno de ellos- de naciones impotentes. Garantías, dicen alguno. ¡A h! Olvidaba decir- -ya lo apunté- -qué yo no soy un entusiasta de la Constitución del 76, gue vo
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