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PARA CUENTAS CORRIENTES: De diez a catorce y de dieciséis a diecisiete. I I I I 11I E S C U E L A SUPEftJOR DE COMERCÍON Lea usted BLANCO Y NEGRO que ea I Balneario de la Selv i tiguo y renombrado Instituto. Clases especiales para e i j N e g r a A emanla) t an tran er 0 Si SP 0 EHRER- CALW I 1 MOTORES DIESEL ECONÓMICOS UN PORTFOLIO UN LIBRO por la diversidad de sus fotografías, por la abundancia de su texto, por la belleza de sus planas artísticas; y por la baratura de su precio. MOTO- BOMBAS Almirante, 16, Madrid UN MUSEO REGALO I I I II ¡Cazadores! ASUERO, ÉXITO Prims en el Tiro d S r, r P i c h o n flel d e Elbar esc e n e UN I y eSranierif P íl la ss e y extranjeras. p d e Vda, e Hijos de J O A Q atálogo U I N n 0 mbraaaC g ratig P a l eta o s s española, fabricantes, EIBAR. J J- E R N A N D E Z de Cuantío el aceit de oliva está barato a su molino en un AUTO- EXTRACTOR patentad i exceso de aceite que tendrá It j i de precio. José P de Graci J H MargaU, 9, MADRID. or J s p d e Gracia n s a y e r e c o m p e a fa ta y 5) I mSÍ rSJS e 3 t i s ÍU 9 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL P A S T E L E R O 1 E MADRK 3 ATJ 143 portugueses y vuestra lealtad como vasallos; yo- no quiero, yo no puedo creer que vaciléis, ni que seáis cobardes, ni que haya un solo portugués que, avergonzado de su pasada cobardía, lío arrostre bravamente el martirio, llevando por bandera el nombre del Rey don Sebastián. -Por la divina sangre de Jesucristo Crucificado- -dijo el duque de Coimbra- -y por Nuestra Señora de Belén, que los portugueses darán una muestra harto clara de su valor, de su lealtad y de su hidalguía; que ellos, señor, harto han hecho y no han podido hacer otra cosa. -i No, vive Dios! que cobardes han sido, y el recuerdo de su cobardía es lo que roe pone aún vergüenza en el rostro, y lo que es en gran parte la causa de que yo haya vivido tantos años huido, ignorado y encubierto; que lo que yo a todas las potestades de la tierra que conozco y me han ayudado he dicho de que por vergüenza que tengo del mal fin de la batalla rae he escondido, y lo del voto hecho de no reinar en veinte años, no es más que un pretexto, por no decir que lo que me ha tenido escondido ha sido la cobardía de los portugueses, porque si ellos todos y cada uno hubieran sido como su Rey, y una vez en batalla se hubieran propuesto quedar sobre el campo, o muertos o vencedores, no digo yo el Rey don Felipe, ni el duque de Alba, ni aun el duque del Infierno, sino Dios sólo hubiera podido sonrojar ni un semblante portugués, haciéndole ver puesto el yugo sobre la cerviz de Portugal; porque si la victoria a veces es imposible, morir es posible siempre, y el que muere porque vencer no ha podido, es tanto más honrado que el que vence, aunque las dificultades para vencer hayan sido casi insuperables. -Vuestra Majestad- -dijo el conde de Novoa- -mide por su gran corazón el corazón de los demás, y esto, por desgracia, no es cierto, porque si lo fuera y todos los portugueses tuvieran el heroico aliento de Vuestra Majestad, Portugal seria una nación de Reyes bravos, y serian sus esclavas las otras naciones del mundo; y porque Vuestra Majestad es así, porque su corazón sólo vale lo que un grande ejército, los portugueses, afligidos, vuelven a Vuestra Majestad los ojos llenos de lágrimas y no creen lo que ác ha dicho de su muerte, porque no quieren perder la esperanza, y V u e ¿Majestad es la única esperanza del vencido r e í Portugal, i Pero qué ha- bíamos de hacer, se Rey, divididos en ban- (dos, vencidos la maycj t de los nobles, que como no hay vino generoso, q tenga heces no hay na- ción, por hidalga quej q o tenga hijos traído- res y espurios, exagerado- otros con la ligitimidad, oyendo de una parte ipredicáf el derecho. del Rey don Felipe y por otra el poblar de Ios- tambores del ejér- cito del Rey de Espt ña. ¿n que el duque de Alba entrababa sangre y ifuegu, por Portugal? Se peleó; pero fué necesario a F j l rmas, porque nuestros J mismos hermanos se. volvíala, contra nosotros, procla- mando la legitimidad del R- jpy don Felipe, y los teólo- 1 gos lo predicaban las iglesias; las Cortes andaban revueltas y el prig d Ocrrato huía cobardemente, y ¡las mujeres arrancaban ¡as armas de las manos a sus hijos y a sus maridos. y- ¡Vergüenza oprobie! Portugal merece ser esclavo, y lo- que sucedió jayer es posible que suceda mañana- -dijo Gabriel de ifsspinosa. -No, Sebastián, no; unfpueblo con cabeza vale más y es más fuerte que un ¿pueblo desmembrado- -dijo Aben- Shariar. -Decís bien, caballerea- -dijo el duque de Coimbra- E l solo nombre d p Rey don Sebastián, la sola noticia, aunque fuese fíldsa, de que nuestro Rey pisaba la tierra portugués a, haría y hará de cada portugués un héroe, porqut vos no sabéis, señor- -añadió él duque dirigiendo la palabra a Gabriel de Espinosa- Vuestra Majes tad no puede ni aun figurarse lo que su reino le ador a; cuando un extranjero ve en las calles de las poblaciones de Portugal un hombre con la cabellera la- rga o a lo Nazareno, con la barba luenga y vestido de tosco buriel, es necesario decirle, cuando pregur- ta quién es aquel hombre: es un sebastianista; e s p e la venida de nuestro muerto Rev don Sebastián como esperan aún los judíos la venida del Mesías! -Y esos sebastiasp- -dijo con amargura Gabriel de Espinosa- -rr ¿e negarán, como los judíos negaron al Mesías, y rc ie llamarán impostor, si por una desgracia muy posib e caigo bajo el poder de Felipe II, antes de poc presentarme con la espads desnuda y la corona i ceñida de los portugueses. ra no t e or s n rpaT Ue e no sea; Ue n a c ro ar as a en r e y r v ra stas er llHBBnBiHia a