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NUMERO EXTRAOR DINARIO 20 C E N T S AÑO VJGES 1 MOSEXTO. ABC N UMERO EXTRAO RDINARIO 20 CENTS. AÑO VIGÉSIMOs g SEXTO. Pasado y porvenir de Ia máscara hace varios años- -ya lustros- -me fué dado contemplar en el Museo de Atenas la mascarilla de oro descubierta en la cámara del Tesoro de ¡os Atridas, de Micenas, bajo la competente dirección dei sabio alemán Schlíetnann, toda mi concepción anterior acerca del empleo y jocosidad de la máscara se vino a tierra. Para la contemplación reverente del escaso caudal del tal tesoro jue se. guarda- en el Museo dicho, bailábame preparado, como ungido, por la fuerte sugestión del drama dannunziano La Citta Marta, que había visto, trémulo de emoción admirativa, en Roma, pocas semanas antes. Toda! a civilización micénica, rebosante de legendario heroísmo, aparecíase a mis ojos como cendensada en aquella mascarilla áurea, que, reproduciendo los rasgos del rostro que había cubierto, sirvió para que el espíritu del personaje en cuya tumba toé encontrada pudiera reposar tranquilamente en la otra vida. Ni las máscaras de la tragedia, ni las de la comedia gnega, que en mucho mayor número podía contemplar, y que traían a mi memoria escenas patéticas de los desgarradores dramas de Eurípides, como Hécuba, o de las mordaces comedias de Aristófanes, como Los babilonios, podían distraer mi pensamiento de! a obsesión que me produjera la mascarilla de oro en cuestión. N i durante aquella tarde importaron gran cosa para mí los admtra bles objetos descubiertos en la patria del insigne Venizelos, y que, rememorantes del laberinto de Knossos y! as luchas cruenUANDO T C LA MASCABA D E L DIABLO DE Y LA MASCARA EL CARPOPULAR. NAVAL RECUERDOS CUANDO ERA UNA C E RELIGIOSA. CARÁTULAS CONSERVAN CONTRE- REMONIA CURIOSAS QUE ZA, SE E N E L MUSEO D E SUI (FOTOS Y RAS VILASECA) tas que en él libraran el invicto Téseo y el pavoroso Minotauro, con la muerte del último y la definitiva liberación de sus víctimas predestinadas- -carne fresca y ágil de adolescentes de ambos sexos- permitían a mi imaginación turista vagar por los palacios de la ya dicha Knossos, de Faestos, de H a ghia Triada, de Gurnia y los antros zeúsicos del prestigioso monte Ida. L a máscara acaparaba toda mi atención en aquel entonces. Como la solicita ahora ante esas fotografías de interiores humildes de casas menestrales de Alemania, donde las mujeres y también, a veces, los hombres se entregan durante meses a la labor de preparar las caretas que en unos momentos de frenesí han de ser destruidas, sin que con ellas se trate, como en los tiempos legendarios, de espantar demonios aterradores, sino más bien de entregarse a ellos a favor del
 // Cambio Nodo4-Sevilla