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libertinaje que fla careta permite por la ocultación dé la personalidad. 4 ara esta ocultación, qfce el miedo ha favorecido- desde el tiempo inmemorial de. las civilizaciones neol í t i c a s la humana fantasía no ha encontrado límite. Máscaras casi siempre feroces, con que ocultar la cobardía ante los maleficios que demonios más o menos auténticos podrían causar, han merecido en todo momento el favor de las gentes. Y aunque parezca extraño, las caretas o máscaras cómicas y grotescas no alcanzaron en momento alguno igual aprecio, menos aún en los momentos actuales. El carácter religioso y sacerdotal que ha tenido en muchos de los pueblos de la anti- FABRICACION D E CARETAS: LAS CARETAS (FOTO DE CARTÓN A L SALIR QRRIOS) güedad la c a r e t a ha ido perdiéndose poco a poco, desapareciendo la máscara ante el empuje de la civilizac i ó n destructora de supersticiones. Esto no obstante, persiste enf algunos pueblos orientales y en otros semisalvajes, como sobre ello lia podido aleccionarnos él c i n e m a t ó g na f o, reproduciendo escenas de las danzas sagradas del Tibet y de países del África ecuatorial. E l extraordinario prestigio de la m á s c a r a deriva del teatro, y, entre éstos, del teatro griego. Y en el teatro persiste en la actualidad; ya que el maquiliage a que el artista somete los rasgos de su fisonomía para adquirir la que ha menester en conso- nancia y de acuerdo con el papel que representa, no es sino D E LOS MOLDES una máscara moldea- da por medio de pas- ta y color sobre su propia cara... Con lo cual- -como para obedecer a la teoría de Herácíito sobre la eterna vuelta a las co- sas- -se ha ¡llegado al punto de partida en lo que a la máscara respecta, ya que ésta, en su utilización como medio de expresión teatral, no fué desde un comienzo objeto fabricado, de quita y. pon, sino simplemente deformación de los propios rasgos fisonómicos, o, acaso, más bien formación de otros distintos, gracias al embadurnamiento de la faz, que los primeros actores griegos realizaban al untarse las caras con la hez del vino y prestigiarlas con luengas barbas de vegetaciones filamentosas, que se producen parasitariamente en. algunos árboles o. que es posible obtener mediante la preparación de plantas a propósito para tal finalidad. La mujer- -delicioso ser humano, ente dv. sempiterna ficción- -cultiva hoy con inextinguible entusiasmo esta transformación o formación de sus rasgos fisonómicos con un arte de suti! caretismo, que jamás fué superado. E l rojo volcánico de los labios que la fiebre de la tuberculosis incipiente empalidece; el agrandamiento de los ojos de aspecto abismático- -casi siempre superficiales en la realidad- el arrebol de las mejillas, que pudiera hacer pensar en una sana vida ai aire li bre- y a la luz solar, y que no es sino carmín perfumado y hábilmente extendido sobre ellas para triunfar a la luz tamizada o indirecta de las bombillas eléctricas- -amén de lá depilación de las cejas y el repestaña- mievi. o o el alargamiento de las pestañas- -so medios que, unidos y armonizados, constituyen la atractiva e incitante careta que la mujer lleva siempre sobre el rostro, y que, lejos de hacérnosla temer, nos la ofrece y representa como mil veces más codiciable, con sus encantos y atractivos centuplicados... multiplicados casi hasta lo infinito en el silencio y... desvanecidos, en la mayoría de las ocasiones, cuando, al hablar, se cae err la cuenta de que la careta sutil, quz parecía consubstancial e inseparable del atractivo rostro, no pasa de ser una vuígar máscara de quita y pon- -de pastas, grasas, colores, esencias- que deja al descubierto la inanidad del personaje que la ostenta. Pero el triunfo de la máscara está en el Carnaval: fiesta en que el alma se destapa, levantando la losa de las conveniencias sociales que amordazan el espíritu, para po- clcr permitirse toda suerte de libertades. Todo el furor de las bacanales antiguas, PINTANDO LAS CARETAS, (FOTO CONTRERAS V VILASECA)
 // Cambio Nodo4-Sevilla