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ORILLAS D E L NILO va construyendo los nuevos barrios a l a europea. U n a serie de ensanches sucesivos lleva el p e r í m e t r o del nuevo Cairo hasta la Orilla derecha del N i l o y varios puentes permiten su expans ión al otro lado del r í o particularmente en l a isla de Gheziréh, donde se instala con elegante refinamiento el C a i r o m á s moderno, albergue de una interesante sociedad e invernadero de l a flor del cosmopolicismo. Actualmente, para el que circule por l a Ataba el K h a d r a centro del movimiento urbano, y discurra por la plaza de la Opera y el parque de Ezbekiyeh, casi es difícil sospechar la existencia de la parte histórica mencionada. Calles amplias y regulares, palacios, ministerios, teatros, hoteles, Rancos, bares, cafés, incorporan el Cairo a l tipa habitual de las urbes modernas y populosas. T r a n v í a s autocars y taxis n o sirven sino para hacer m á s e x t r a ñ a la silueta filosófica de a l g ú n camello que deambula i n d i ferente a l estruendo ciudadana E l ambiente de lujo y de diversión, el perfume de refinamiento hacen aspirar el aire voluptuoso de un P a r í s meridional, con avenidas bordeadas de palmeras, jardines asomados a l espejo mágico del N i l o y aleg r í a de v i v i r bajo u n cielo de gloriosa l u minosidad. Pero donde esta vida sibarítica alcanza su m á s muelle bienestar es en las villas floridas de l a isla de Gheziréh, TOL A PRINCESA N O F E R T D E L A I V D I N A S T Í A deada por l a milenaria placidez del N i l o mientras en el Gheziréh Palace l a espuma del turismo toma el t é flirtea y danza. L a brillantez del C a i r o actual encuentra en los ecos fabulosos del Museo E g i p cio su réplica portentosa. Asistir al desfile de treinta dinastías y cuarenta siglos de esplendor es una fiesta para l a imaginación, que nunca agradeceremos bastante a la Egiptología y a hombres como Rossetta, Mariette y M a s p e r ó Desde la estatua del escriba a la de T u t an- Kamen, desde el colosalismo monumental ai preciosismo de las artes menores, franquear l a puerta m á g i c a de este museo es asomarse a uno de los abismos m á s vertiginosos de l a H i s t o r i a humana. U n panorama sin reducción posible, un museo sin frase capaz de exprimir su emoción. Pero acaso el visitante sensible del C a i ro es posible que no insista demasiado en estas emociones, desligándose del E g i p t o faraónico por remoto y erudito y dando de lado al C a i r o actual por su ambiente conocido y monótono. S i a s í sucede, a l v i a jero sensible y a ú n m á s a l viajero español siempre le q u e d a r á el refugio amable del barrio árabe, con el encanto de sus patios misteriosos, su aroma de naranjos y jazmines, su quietud, su silencio y su intimidad. RAFAEL VILLASECA PANORAMA D E L CAIRO
 // Cambio Nodo4-Sevilla