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MADRID- SEVILLA 4 D E MARZO D E 1930. NUMERO 10 C T S CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O VI G E OLIVE, SIMOSEXTO N. 8.482 ANUNCIOS: MUÑOZ SUELTO REDACCIÓN: PRADO D E S A NSEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y LOS SECRETOS D E L ÉXITO Los yanquis y la cuarta dimensión Francia- -ha dicho Paul Claudel- -se americaniza cada día más. Los films mudos y sonoros han familiarizado tanto el espíritu francés con las maneras y los métodos americanos, que hasta en las ciudades provincianas se discuten apasionadamente todos los aspectos de la vida económica y social de los Estados Unidos. Y Paul Morand, que acaba de publicar un libro sobre Nueva Y o r k viene a decir lo mismo. E s e libro, aparte de su interés literario, no es m á s que un indicio de la atracción que sobre los franceses, conforme al aserto de Claudel, como, por lo demás, sobre el resto de los europeos incluyendo a los rusos, ejerce el pueblo yanqui actualmente. L a ascensión a la supremacía mundial de esa nación, que, según el novelista judío Israel Zangwill, es un crisol en que se funden y del que salen renovadas las viejas razas, suscita en los que ayer mismo podían aspirar a esa misión suprema una porción de sentimientos entre los que predomina el de la curiosidad. V i a jeros, profesores, periodistas, una muchedumbre de observadores con diversa preparación, pero animados del mismo propósito de descubrir el secreto de esa grandeza abrumadora, y hasta cierto punto repentina, atraviesan el Atlántico desde nuestra Europa empobrecida y vuelven contando lo que han podido percibir. Los rusos están enamorados del maqumismo americano. L o s teorizantes de la industria británica creyeron descubrir la causa de la prosperidad transatlántica en los métodos y en la organización de fábricas y talleres. Se investigan los procedimientos pedagógicos y educativos para ver si en ellos se encuentra la raíz del carácter que da al norteamericano su fecundo optimismo. Cada publicista aporta su fragmento de verdad. Uno, reciente, de Fortunato Strowski, suspende y hace reflexionar por lo que parece contener de exacto y de agudo. E l norteamericano- -viene a. decir- -es pródigo de las cosas materiales y económico del tiempo humano. L o frecuente es que allí no se remiende ni se repare. E l par de. calcetines agujereados se tira. E l par de zapatos que en Europa damos a recomponer, se arroja. Checa al extranjero que va en los ferrocarriles aéreos y subterráneos de Nueva Y o r k la facilidad con que los viajeros se dejan los periódicos apenas leídos u ojeados. Nadie guarda el papel. Y lo mismo sucede con los trajes y con los automóviles, qué las personas medianamente acomodadas o en disposición de comprar a crédito renuevan con frecuencia. Igual acontece Con toda clase de máquinas y utensilios. Contrasta esa prodigalidad con el espíritu de conservación de las cosas materiales que impera en el viejo mundo. Desde las casas, que aquí se reparan y conservan mientras se tienen en pie, a l a ropa interior, que se usa y recompone hasta apurarla, todo lo que es producto del trabajo se guarda aquí con espíritu instintivo de economía. Pero en los Estados Unidos hav algo a que se concede infinitamente m á s valor que a los objetos elaborados, y es a la mano de obra, o sea al tiempo que en ella se emplea. Las cosas son baratas; el trabajo, caro; el tiempo, valió- sísimo. Y ahí la diferencia con el viejo mundo se repite. E l tiempo aquí- -en E u r o pa, quiere decir Strowski- -vale poco. E l obrero, el artesano, invierten en producir cosas m á s acabadas, m á s perfectas, pero de idéntica utilidad a las que la máquina produce en serie, muchas horas. E l tiempo del trabajador vale poco, puesto que se dilapida. L o s mismos objetos que allí se hacen con la ayuda de máquinas en poco tiempo y con pocos hombres, exigen aquí muchos obreros y muchas jornadas de trabajo. Y eso con referencia a Francia, donde el ritmo de la vida es m á s apresurado que en España. E l contraste se acentúa cuando se establece la comparación con esta última. cebíble que allí donde el cálculo sea, por omisión de un factor esencial, erróneo, esté fundamentalmente falseada toda la vida. Yi es positivo que cuando se ven las obras de una Catedral, de un pantano, de un ferrocarril, comenzadas hace lustros, y sin esperanza de remate en plazo cierto, se tiene la sensación de una civilización precaria, rudimentaria, que no es la que sugiere el país de los rascacielos. JUAN PUJOL GLOSAS ALGO Q U EOCURRE E N L A E X POSICIÓN D E A R T E I T A L I A N O D E E l hecho es cierto. Muchas veces, viendo L O N D R E S -E n la Exposición de arte itaa los obreros españoles que se ocupan en el liano, gloria, sol y luz del actual invierno arreglo de las vías públicas, por ejemplo, en Londres, figuran, préstamo de la Galería choca la lentitud con que realizan su tarea. Poldi Pezzoli, dos retratos famosos, dos Es proverbial y auténtica la parsimonia con perfiles, que parecen con bastante evidencia que aquí se construye todo. Pero el fenóme- obra de l a mano única. Ocurre, no obstante, no parece, en grado mcuor, común a todo el que acerca de la paternidad de cada una de viejo mundo. Y surge una reflexión, que estas obras propongan los críticos las m á s no es de Strowski, con la que se pretende divergentes hipótesis. Uno de los retratos es explicar la superioridad americana. Puesto dado, por Bode, a Domenico Veneziano: que, según una hipótesis científica, admitida por Berenson, al Verrochio; por Venturi, a l generalmente- -Maeterlinck ha publicado en- Pollaiuolo. E l gemelo de aquél, mientras sayos de divulgación sobre ella- el tiempo tanto, es costumbre hoy atribuirlo, bien. a es la cuarta dimensión, un pueblo que lo Domenico Veneziano, bien a Fiero della mide y lo valora, ¿no tiene una real venta- Francesca; después de haberse visto en otras ja sobre los que todavía se imaginan vivir épocas remontado nada menos que hasta C i prácticamente en un universo de sólo tres mabue. dimensiones? E n definitiva, no hay m á s suPrescindamos hoy de cualquier comentario premacía indiscutible que la consistente en a esta divertida disensión, que pudiese agraseñorear el mundo material, en someterlo, var nuestros amagos de pirronismo en mateen modificarlo. Todo lo demás entra en la ria de atribuciones artísticas. Tomemos l a región de los sueños. Pero si esa idea de la lección por otro lado. Desde él, y al recorcuarta dimensión corresponde a una reali- dar que tan azarosa rebusca de paternidad dad, la raza que opere sobre el mundo te- queda inscrita precisamente en el período dá niendo en cuenta sus cuatro dimensiones, fa- mayor riqueza y elevación que haya conotalmente acabará por someter a las que sólo cido j a m á s la historia de la pintura, nos atredesenvuelven sus cálculos sobre tres. Como vamos quizá a suscitar algunas dudas, acerlas últimas serían superiores y subyugarían ca del dogma de la primacía de l a personacon facilidad a seres hipotéticos que del lidad tan. característico del arte moderno; mundo material conocieran dos dimensiones como, en términos generales, de toda la vida únicamente. L a vida de estos seres sería me- moderna. nos complicada y en apariencia m á s cómoCon excesiva facilidad hemos dado por; da. Pero los que conocieran la tercera d i mensión los tendrían a merced suya. Idén- entendido que el primer valor de un homtico resultado se produce cuando se afrontan bre, de un artista, era el carácter un carazas que ignoran la condición preciosa del rácter inconfundible; la nota de originalidad tiempo con la que, en rigor, hace de él un propia que separa a un individuo de los dornas... H e aquí, sin embargo, algunos nom valor supremo. bres egregios que pueden verse incluidos, i n distintamente casi, dentro de una serie. E g r e Y en efecto. L o s americanos son el puegios, digámoslo otra vez. Se trata nada meblo que, de un modo relativo y absoluto, nos que de Cimabue, del Verrochio, del P o l construye y utiliza en el mundo mayor n ú laiuolo, de Domenico Veneziano, de Piero mero de máquinas. S i un visitante de otro della Francesca. De Piero della Francesca, planeta apareciera de repente en el nuestro, que es probablemente el artista cuya gloria y hubiera de decidir a quiénes correspondía ha quedado más alta en la Exposición italiaía superioridad entre todos sus habitantes, na de Londres. no vacilaría en designar a los que en mayor Siento un malestar casi físico, cada vez medida dominan y transforman a fines útiles la materia. Pero ésta, ¿n o es precisa- que advierto que me imitan ha escrito P a mente una consecuencia de su apreciación blo Picasso, en una carta dirigida hace a l de! tiempo como valor real, como dimensión gún tiempo a la revista rusa Ogoniok. M a l que hay que conjurar con las tres que los hecho, Picasso. M a l hecho, y, por otra parte, hombres del viejo mundo, y singularmente no sin riesgos de un reproche ingratitud... los españoles, hacemos entrar en nuestros Aunque en realidad nadie tiene la culpa de cálculos? Y el desdén con que valoramos el no haber nacido en el siglo de Piero della tiempo, o, mejor dicho, lo reputamos dimen- Francescasión despreciable, ¿n o será la explicación Por m i parte, creo qtte nuestra época no matemática, exacta, de fracasos que quienes producirá un verdadero estilo, es decir, una disertan sobre nuestra historia buscan en verdadera civilización, hasta el momento ert motivos m á s vagos? Puesto que el cálculo que puedan ser atribuidas, a cada uno d matemático es el instrumento primordial d nosotros- -siquiera por los no muy entera- dominio del hombre sobre el mundo, es con dos- obras apócrifas. 1