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tS ¿B C. M A R T E S 4 D E M A R Z O reneguista. E l destino no manda en nosotros. Antes de que invada los amplios dominios de nuestro vasto querer, hay que destruirle, como Hércules destruyó a la h i dra de Lerna. S i tenéis una virtud social, útil para vuestros semejantes, no la retiréis de la circulación como si fuese moneda falsa. Imponedla con esfuerzo sobrehumano. Cuando se alejan de la liza los gigantes, la invaden y la deshonran los pigmeos. Para que la tierra no sea un planeta de idiotas calentándose al sol, como ha temido alguien, es menester que los buenos conductores de muchedumbres sepan iluminar su camino con la centella inextinguible de un ideal. E l que ha encendido su antorcha no puede esconder la llamarada debajo del celemín. E l es el m á s obligado a dar perpetuidad a su fulgor. L a vida moral de los mejores ha conquistado el derecho de ser más dilatada que su vida física. Traspuesto ya el sepulcro, sigue reclamando el respeto de los supervivientes, como luz crepuscular que sobrevive al sol que se pone. E s ilícito retirarse de lo que con frase certera se llamó l a vida dramatizada T o dos somos, queramos o no, actores en ella, y drama significa acción, como inactividad significa muerte. Cuando se muere por partes, porque se quiere morir, hay que disponerse a padecer la pena de morir del todo. Séneca vibra en Quevedo, en el autor de la Epístola moral y en Schopenhauer... A Queveclo le presta. la última frase de El Buscón. A l autor de la Epístola moral, las, renunciaciones altivas que tejen con hilo de oro su bella urdimbre. A Schopenhauer, la superioridad del sabio que opone lo que se es a lo que se representa y a lo que se tiene. Cuando Rioja o Andrade exclaman: Más triunfos, más coronas dio al prudente, que supo retirarse, la fortuna, que al que esperó obstinada y locamente D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA, P A G 7 jeros no encuentran los ríos de sangre que esperaban ver circular por las calles da Madrid, Barcelona, Zaragoza. Según esto, E s p a ñ a es actualmente la nación que m á s sorpresas y estupefacciones puede producir en el ánimo desconcertado del mundo. Pero esto será probablemente porque exista un inesperado desnivel entre la E s p a ñ a tal cual es y la E s p a ñ a como quieren que sea. ¿Q u é esperan de E s p a ñ a? ¿C ó m o quieren que reaccione E s p a ñ a en determinados instantes? Sobre todo, ¿qué especie de idea se tiene de E s p a ñ a? ¿P o r ventura no es una E s p a ñ a de museo, de vitrina de museo o de capítulo de historia, lo que los extranjeros, y muchos nacionales de primera! fila, persisten en seguir viendo? Entre tanto, España se les ha escurrido de entre las manos. Labor de escamoteo, arte de birlibirloque, que con frecuencia saben ios pueblos hacer ante las mismas narices de los espectadores. L a E s p a ñ a trágica. U n a vez discutían Jean Cassou, el unamunista, y nuestro Gómez de Baquero, el liberal t a r d í o Cassou creía en una España como de cuadro de Zuloaga, y Baquero le iba quitando a su Patria casi todo el dramatismo consagrado. ¿D e qué lado estaba l a r a z ó n? Pero de semejantes discusiones sabe también escurrirse España, dejando, en el terreno de la realidad, burlados a unos y a otros. Y si así no ocurriera sería porque nuestro país era plano, superficial y simple, fácil a las clasificaciones terminantes, y n o l a cosa vital, profunda, densa, que, afortunadamente, es. Por otra parte, ¿qué culpa se desea que expíe E s p a ñ a? ¿Q u é castigo incumplido, siempre aplazado, pesa sobre ella? Porque en esa expectación de l a catástrofe, en esa inminencia de una conmoción terrible, en ese constante esperar el estallido de quién sabe qué s u b t e r r á n e a s fuerzas vindicativas, hay como un apremio de una justicia que no acaba de satisfacerse. E s como si España estuviese en deuda con la civilización y retardase indebidamente el momento del holocausto. L a E s p a ñ a trágica debe, según eso, provocar en sí misma una hecatombe. Es su obligación, por lo visto. Pero España sabe escamotearse y buscar el camino de la vida, no por donde los tragediantes, los vindicativos y los espectadores quieren, sino por donde el propio genio de l a vida le señala. Y si un día tuviera que tomar por alguna especie de atajo, aun entonces desconcertaría o defraudaría a los espectadores, porque no sería la clase de atajo que éstos se imaginaban. Porque uno no es un muchacho, o porque crea uno que lo que ordinariamente se entiende por revolución en la mayoría de las ocasiones no hace m á s que malograr la verdadera revolución que, sin efectos teatrales, se estaba operando, lo cierto es que la mente se muestra poco propicia a aprobar la necesidad de los estallidos y los efectos como del tercer acto de ópera italiana. Piensa uno además en el paralelismo de las armas y las conmociones modernas. E l poder automático de las armas de fuego es tan formidable, tan terrible y rápida la energía de los modernos explosivos, que hoy es cuando verdaderamente se puede aconsejar, a todos que no jueguen con semejantes m á quinas de destrucción. D e l mismo modo se han hecho inmensamente peligrosos los juegos de las barricadas y otros deportes parecidos. Pero yo no soy m á s que un modesto aficionado a la ciencia de la política. Cedo, pues, a otros m á s documentados y diestros l a tarea de especificar si, efectivamente, nuestra nación está en deuda con la justicia histórica y tiene de veras que purgar su culpa, tiene forzosamente que dar un buen espectáculo trágico al mundo. LOS C O R R E S P O N S A L E S EXPECTANTES Interpretaciones De nuevo tengo que hablar de los corresponsales defraudados y desconcertados. Esos corresponsales de los grandes periódicos extranjeros, que caen sobre E s p a ñ a a cada sospecha de cataclismo, dispuestos a telegrafiar sensacionales noticias, y que tienen, por fin, que conformarse con estar bebiendo aperitivos en las terrazas de los amenos, cafés madrileños. Todavía no. Por esta vez tampoco ha sucedido lo que se vaticinaba. F r a caso. Es la misma perplejidad que invade los espíritus de esos turistas norteamericanos, que han pagado sus buenas cuotas a las Agencias para ver ¡a España de las corridas de toros y de las majas ardientes, por lo menos tal como pintan a las corridas y a las majas los peliculeros de Hollywood; otros vienen con la esperanza de que los asalten los bandidos. Pero no encuentran bandidos ni majas ardientes, ni los toreros son ya más que unos laboriosos padres de familia, que hacen su trabajo como pueden. Igualmente los corresponsales extran- Escrsensación de HINCHAZÓN DESPUÉS DE LAS COMIDAS invitan a la muerte parcial a que hube de referirme. N i creamos en el bien, que no existe, del OS disturbios estomacales no siempre retiro ni pensemos en los frutos espontáse manifiestan por los dolores intenneos de la esperanza. sos y se inician frecuentemente por somnolencia. sensaciones de pesadez c hinE l padre del apólogo, que dejó a sus h i chazones después de las comidas. Aunque jos un tesoro soterrado al pie de una viña, tales disturbios sean unas veces graves y los indujo a cavarla para encontrarle. Pero otras aparentemente anodinos, reconocen el tesoro no estaba debajo del suelo; estaba casi siempre por causa la hipercloridría, la sobre la haz de la tierra; era la misma viña, cual altera las digestiones y motiva fermenque con el trabajo de la cava para buscarle taciones secundarias en los alimentos, al floreció y cuajó en apretados y dulces ramismo tiempo que provoca gases, dilatacimos... ciones estomacales, nauseas y hasta posibles palpitaciones. Tales molestias asi como las Loca es la esperanza del labrador, si! a acideces de consecuencias funestas se pone en la semilla que cayó fuera de labrancombaten eficazmente con el uso de la tío. Aliadla con la razón y con el trabajo, Magnesia Bisurada la cual al mismo tiempo y os dará triunfos y coronas. protege a los delicados e irritados epitelios estomacales. Es completamente inútil conPara los pueblos perezosos, la duración tinuar soportando por más tiempo tales del sol en el horizonte es la medida del trahinchazones y sensaciones desagradables, bajo. Sol y juventud forman comunidad. ya que se consigue un alivio inmediato Para los pueblos diligentes, la jornada se tomando la Magnesia Bisurada después de prolonga sin luz diurna. A l que nada quiere las comidas. Este insuperable neutralizador hacer, Je anochece tarde. A l que es todo acEe vende en todas las farmacias. tividad le parece corto el día. Como el sol juventud, es vejez la noche. Actuad cual si A ésta no hubiese llegado. E n vuestras manos está vuestro mismo remozamiento para que no pesen los días sobre vuestros hombros. A la moral que se condensa en la frase: Abstente y sufre hay que substituir con es el remedio soberano contra estos tiempos duros la otra moral que tiene LA DISPEPSIA, GASTRITIS, F L A T U L E N por fórmula: L u c h a mientras vivas, y vive CIA, GASES, ACIDECES e para combatir y para vencer S i n razón se queja del mar el que otra INDIGESTIONES. vez navega escribió también mi filósofo. Pero hay que navegar para hacer la traveHOMEOPATÍA sía de nuestros itinerarios ideales, aunque el mar nos traicione en cualquier punto de la Materia médica Kent, completa, 60 ptas. Pedidos a su traductor, Dr. Hernández Jorrut dán. Gta. de S. Bernardo, 4, Madrid. TraJ S R O C A M O R A tamiento de tuberculosos y cancerosos. ÓE es consecuencia de la INDIGESTIÓN L LA MAGNESIA SURADA J S MSOÉ SALAVERRIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla