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MADRID- SEVILLA 5 D E MARZO 1930. SUELTO DE NUMERO Í 0 CTS. D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES CERCANA A TETUAN, DIARIO DO. S 1 M O N. 8.483 Y ANUNCIOS: ILUSTRASEXTO OLIVE, A Ñ O V 1 GE- REDACCIÓN: PRADO MUÑOZ SEVILLA I saludado por el griterío de una muchedum. Y el viajero, cautivo de sus preocu 1 bre que se ha desprendido de un dinero paciones íntimas y subyugado por la poesía para presenciar sus sufrimientos y su mar- del ambiente, medita y sueña. tirio. Plantado en mitad del ruedo, parece Rap jsodia ibérica MANUEL B U E N O decir: Pero ¿a qué me han traído aquí? E l que piense internarse en Portugal por ¿M e habré equivocado de puerta? ¿P o r que Ciudad Rodrigo, febrero, 1930. la Beira media no perderá el tiempo dete- vocifera toda esta gente? Luego, al sentir niéndqse una hora en Ciudad Rodrigo. E s se enardecido por los capotes de los peones, una etapa del viaje, que no le desvía. Quin- debe pensar: A l que lo coja, lo parto... ABC EN VI E A Aquí, en la dehesa, su mansedumbre no t a ñ a r y yo hemos partido de Salamanca después de almorzar. E l coche dobla el puen- tiene nada de desdeñosa. Acostumbrados a El baile del Pen- Club te romano, y nos encontramos en la carre- la presencia del pastor, que no les hace lintera. E l Tormes, muy crecido por las llu- gún daño, no ven en el hombre sino un se- Te. aseguro, amigo m í o que na llegué a vias torrenciales de estos días, quédase a mejante que anda en posición vertical, fe- formar parte del Pen- Club Español, porque nuestras espaldas. Sus aguas, de un color nómeno que tal vez les cause admiración. por aguéllós tiempos, aún no era yo n i poeocre, susurran viejas leyendas románticas, Reparada la avería, reanudamos el viaje, ta, ni ensayista, n i novelista... Hoy. soy un que el enorme cerro que sirve de asiento a y media hora después la silueta de un cas- chispirritín de todo. esto; pero me a g r a d a r í a la magnífica urbe oye con indiferencia. E l tillo nos anuncia que Ciudad- Rodrigo está que. no me lo tomases muy en cuenta. cielo ha aclarado y el frío es soportable. cerca. Nuestro proyecto es, pernoctar aquí, M i afirmación primera, la de que no alM i ánimo sigue embargado por la emo- y mañana, muy temprano, entrar en Portu- cancé los días de ágapes literarios en M o l i ción de lo que acabo de ver. Salamanca gal por V i l a r Formoso. nero, me da- cierto aire de juventud... En está dentro de mí, y. su imagen se. avecina- ¿Qué crees t ú que es ese castillo? -me rigor, y puesto- que ello es cierto, yo podría con la remembranza de Florencia, sin que pregunta Quintanar. dejar las cosas en este, punto- sin aclaraciola una supere o eclipse a la otra. L a me- -Una fortaleza en ruinas, de la Edad nes molestas para ese aire juvenil; pero la moria humana es tan. hospitalaria, que no Media. Me gustaría visitarlo. ¿Está bien verdad es que el tal vieiitecillo pasa por una crea, entre dos recuerdos- atines, la menor conservado... sierra nevada que divide poco graciosamenrivalidad. E n sus ámbitos pueden morar te el mapa de m i cabeza y, al llegar a t i vie- -P r e p á r a t e a una sorpresa... indefinidamente dos ciudades, que nos enE l coche se mete por una calle angosta, ne ya demasiado- frío para que logre concantaron, y dos mujeres que nos quisieron. pero bien pavimentada, y, zigzagueando un vencerte. N o tiene límites. Se acorta o se ensancha s eM e sospecho que no tienen un, gran interato, emboca una pendiente, que va a dar gún la quietud o la agitación de nuestra precisamente en el castillo. Sus fosos, relie- rés estas excusas m í a s pero es indispensavida. Shakespeare ha dicho que el olvido vienos y apisonados, franquean la entrada en ble que, por una vez al menos, trate de disne al corazón como el sueño a los ojos. Eso aquella fortaleza, que es actualmente uno dé- culpar el mal paso que me condujo a estos no es cierto. L o que se ha vivido apasionalos mejores hoteles que tiene España. Los. reprobables camines de la poesía, el ensayo damente, con ansias desesperadas de poseTrastamaras, que la construyeron para su y la novela. E n Francia, cuando un caballesión, lo que nos sedujo y nos conquistó, seguridad y la defensa de sus dominios, es- ro se ha desembarazado por cualquier proobra de arte o amor de mujer, perdura. Puetaban lejos de presentir que dentro de sus cedimiento de una buena parte de su- famide ocurrir que en una existencia muy sacumuros habían de hospedarse, andando los si- lia los Jurados le tienén- muy en cuenta, ¡jara dida por las emociones, lo que estaba en el glos, gentes tan pacíficas como suelen serlo reducirle el castigo, las h a z a ñ a s que reai: z: primer plano del recuerdo retroceda, porlos turistas. U n ciudadano benemérito, a; sen ia -gran; guerra. Esto íesperfectamenteque otras imágenes han invadido la concienquien llaman con razón aquí e l Buen A l- explicable; él caballero a q ú é P s e acostumbró cia, pero no se desvanece del todo jamás. calde D Manuel Sánchez Arjona, ha i n- a la matanza, y. ahora no sabía en qué entreL a suave melancolía de la senectud no tievertido el dinero y el talento necesarios para tener sus ocios; cayó- en este feo vicio a ne otra explicación. que le. empujaba el ejemplo recibido. Pues transformar un castillo imponente en una bien, yo en mi favor, asimismo, invoco- la Hemos dejado la ciudad atrás, y el co- residencia cómoda, decorada y amueblada con atenuante de- los malps ejemplos y de las che se hace dueño de la carretera. E l pai- el mejor gusto. E l Sr. Sánchez Arjona, que perversas compañías: Empecé a tratarme saje abre a nuestra curiosidad austeras y es persona amable y distinguida; el tenien- con literatos; y me hundí en el pecado... Solo dilatadas perspectivas. E l verde claro de los te coronel Sr. Gallarza y el capitán Sr. F i- tengo en m i disculpa, a m á s de lo aportado, prados y ei verde obscuro de los encinares gueroa, hijo del señor duque de Tovar, nos la de quespor mucho tiempo logré refrenar divierten nuestra mirada, como divertiría reciben afectuosamente, y, a no ser porque 1 Impulso de- los malos instintos y n o m e nuestros oídos el acorde de dos voces sinto- el tiempo apremia y queremos. ver la ciudad dejé- arrastrar- por ellos de buenas a. primerasnizadas por una canción. A lo lejos azulea el antes de que cierre el crepúsculo, habríamos como otres desgraciados... dorso. de la sierra de Gata, y sobre su que- alargado aquella grata compañía. Yo sé- muy- bien que el Decálogo- -conbrado espinazo dibujan las nubes el perfil L a administración del Sr. Sánchez A r j o- fieso que no estoy muy següi O de que sea de una segunda cordillera. Todo el campo visible es dehesa. De trecho en trecho inte- na ha mejorado notablemente la población. el Decálogo- -nos. dice que debemos ganar él rrumpen esta monotonía una casa dé labor, H a enlosado ¡as calles, ha abierto plazas y pan con él sudor de nuestra- frente; pero el que despide al aire el humo de su cocina, ha hecho de la higiene el primer capítulo de: hombre hace poco caso dé los preceptos d i una majada que pastorea al cuidado de un. la organización municipal. E l vecindario, vinos y procura s u d a r l o menos posible. H e hombre que reflexiona o se aburre sentado agradecido, le secunda con un desinterés tal, aquí por qué, de c u á n d o e n cuándo, se hace en un ribazo, una ganadería de toros, que ni que, en cuanto el alcalde pide un subsidio banquero, general, político, torero o literato, siquiera se vuelven a nuestro paso, -cuan- para una mejora o una reforma de carácter cosa para las que no es necesario una prepado les sería tan fácil saltar de un; brincó estético, acude todo el mundo al llamamien- ración laboriosa... S i n embargo, quisiera que la cerca que les separa del camino, o una to, según sus medios. E l Sr. Sánchez A r j o- nos tuvieras en cuenta, tú, hombre justo, que. punta de vacas, tan indiferentes como dos na, que es artista, cuida de que toda. inno- vas todos los días a tu taller o a tu oficina, lo dulce que es la pendiente por la, que nos toros a todo lo que no sea su libertad de ru- vación ornamental conserve el gusto arcaico español, que es, a la vez. elegante y severo. deslizamos los que no seguimos tu lumino- miantes. Una leve avería del coche nos obliHemos visitado con él la Catedral, bello sa huella... U n día se recibe una cantidad; ga a detenernos precisamente, a cincuenta de dinero por un artículo o por un par de. metros de un cerrado de toros, y Quintanar, monumento románico, ¡y. -luego nos hemos banderillas al sesgo, se roba un bolso de se que tiene a ratos el humor travieso de un sentado unos minutos en el glacis; del cas- ñora o se gana media docena de batallas- adolescente, se pone a silbar para ver, se- tillo. Desde el adarve de la fortaleza el pa- ¡Y a es uno hombre al agua, nunca más sé- gún dice él, cómo ando yo de facultades norama es espléndido. E s t á expirando el día vuelven a coger los honrados útiles del tra- taurinas. Felizmente, las reses no nos hacen y sus vacilantes claridades reflejan sus tor- bajo! Afortunadamente, p a r a l a Plumanidad el menor caso. E l toro es un animal noble, nasoles en las mansas aguas del río, que ex- no es tan frecuente la crasién e romr un que no acomete sin provocación. L a faci- tiende sus meandros entre chopos y fresnos. combate como l a de dar unos c i 0 lidad agresiva e inmotivada es un privile- E l vivo escarlata de las nubes alumbra toda A h o r a me pregunto yo para c, he hagio del hombre. N o hay nada tan patético la lejanía de la vega, y en. el recogimiento como la mirada de estupor del toro al en- del anochecer el campo se pone su vestidu- blado de todo esto, y. no estoy ím uro de encontrar una contestación vazo. Creo contrarse de pronto en medio de la plaza, ra de misterio. POR ESOS C A M I N O S 1