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CASA THE FOX Plazos de 6 a 20 meses. Bicicletas de carreras, 1 G 0 ptas. Relojes de oro. Se necesitan representantes. Hacen falta viajantes a comisión. Francisco Ortiz Ángulo, Carretera de Aragón, 38. Teléfono 53001. Madrid. J O h e c t á r e a s 80 k i l ó TO metros Madrid, carretera- pista. 30.000 encinas. Palacio. V é n d e s e 650.000 pesetas. E B. Apartado 9.050, Madrid. (sin riesgo de pérdida) A los que las tienen recientes y llevan malos bragueros o vendajes; a los que Be les han hecho crónicas y no consiguen atajar su desarrollo; a los que se operaron y se les han reproducido; a cuantos, en fin, hayan contraído esta afección y ensayado inútilmente los sistemas- usuales de combatirla o de curarla, incluso los más costosos; a todos les ASEGURAMOS, CON NUESTRO MÉTODO, UNA CONTENCIÓN TOTAL Y PERMANENTE, POR GRAVES 7- i INSUPERABLES QUE A CADA UNO L E PAREZCAN LAS DIFICULTADES D E SU CASO, siendo con esta CONTENCIÓN INTEGRAL Y ESTABLE (pero nunca con la defectuo. sa que proporcionan los medios que de ordinario se vienen empleando) cómo D E LAS COCINAS desaparecen al momento todas las molestias y SE PREPARA, ADEMAS, LA VERDADERA CURACIÓN. Así lo han proclamado constantemente los más ilusPrimus- Hispania tres cirujanos de todos los países y lo corroboran, a diario, infinidad de clientes Las mejores para petrónuestros que curaron por este procedimiento, alguno de ellos aun después de haleo o gasolina. ber sufrido la operación y verse nuevamente con sus hernias. Facilitaremos los Pida detalles a antecedentes de estas curaciones extraordinarias a quien quiera comprobarlas. E O G E K JORDÁN La anterior promesa no es visa, palabra vana. E l cliente que con el aparato B E Y E S 10, MADRID da nuestra invención no lograse resguardarse de su peligrosísima dolencia con Único depositario. las máximas condiciones de eficacia, nada absolutamente nos tendría que abonar, pues ningún beneficio le habríamos reportado que mereciera ser retribuido. Es más: para dar un buen ejemplo de sensibilidad y rectitud profesional, concedemos gustosos, a todos los que lo piden, el pago de nuestros servicios en doce mensualidades. De este modo, nadie, por modesta que sea su posición, puede verLea usted se excluido de ellos, ni tampoco defraudado. Y, por último, advertimos que no podernos construir ningún aparato de los nuestros antes de ver al herniado. Sin esto sería muy difícil que se obtuviesen los resultados favorables que ofrecemos, y que siempre estamos dispuestos a garantizar en la forma que se nos proponga. He aquí una nueva demostración de indiscutible buena fe, sobre la cual debiera reflexionar el público inteligente. ¿Qué otra osa puede exigir? Con todo, ¿sabrá, orientarse bien en adelante? H o r a s de 11 a I y de 4 a 6. B IB I IBÍÍS Í I Quebraduras ¿E s pastóle Hfirarse de ellas? intiuíaíJienMts, sí ORIGINAL VENTA- S O R T E O oniikj UNA pta. ejemplar. Avenida del Conde de Peñalver, 19 (Gran Vía, entrada por Víctor Hugo) Madrid, Re FERNANDEZ Y, G O N Z Á L E Z EL PASTELERO DE MADRIGAL 355 -E s porque se acerca el momento de la prueba, el momento decisivo, y lo que sientes es, más que temor, impaciencia, ansiedad. ¿É s de confianza el sepulturero o el guarda del cementerio? -T a n de confianza, que nada sabe; es muy posible que crea que somos hechiceros o brujos, que venimos al cementerio a alguna cosa de la magia negra; pero ni aun siquiera puede sospechar que venimos al cementerio, porque aquí, mejor que en ninguna parte, pudiéramos estar seguros de ser sorprendidos; ¿quién ha de creer que se conspira por una Corona en el cementerio de los ajusticiados? -M a l agüero, Yhaye, mal agüero. ¿Y quién cree en agüeros? ¿Q u é más da conspirar aquí o en otra parte? -D i m e ¿n o podrá haber oído nuestra conversafción el sepulturero? -N o porque le tengo encerrado en su cuartucho, en el bolsillo l a llave, y no pueden ni vernos ni oírnos vete y tranquilízate; tu asunto no puede ir mejor encaminado. Adiós, y hasta que sea necesario que nos veamos. -Adiós. r Y los dos concuñados se dieron las manos. Gabriel de Espinosa se alejó y se perdió en el fondo obscuro de l a calleja. Algunos minutos después, Yhaye salió con los tres nobles, cerró la puerta del cementerio por fuera y luego tiró adentro la llave por encima de la tapia. Poco después él y los tres nobles se habían perdido a lo largo de l a calleja, en dirección opuesta a 3 a que había seguido Gabriel de Espinosa. C A P I T U L O XV H pasado ocho días, y Gabriel de Espinosa había mudado durante ellos otras cuatro veces de posada. L a M a r i Galana, que no sabía si le aborrecía o si le amaba, estaba desesperada y tenía aburrido al ABÍAN bachiller Burguillos, que se llevaba todo un día zancajeando de posada en posada, por servir a l a buena moza, hasta que daba con el paradero de Gabriel. Pero acontecía que cuando, entrada la noche, l a M a r i Galana, dejando sus sayas y sus picos pardos y poniéndose un rico traje y un manto rico, y haciendo vestirse a la madre Martina de una manera decente para parecer una dama con su dueña, iba en busca de su ingrato perdido, acontecía, detimos, que éste se había marchado de la posada sin decir adonde iba. E n vano, engalanándose cada vez más para parecer m á s hermosa, por infringir las ordenanzas saliendo a la calle sin su hábito de sayal, con sus picos en las mangas, su pañuelo atado al cuello sobre el pecho, su lazo morado en el hombro, el cabello recogido atrás y el manto azul de tercianela prendido al rodete, en vano, decimos, hecha un brazo de mar como la m á s rica dama, y cada vez más hermosa, se iba todas las mañanas a las huertas del Pisuerga o al Espolón, y daba después, entrando en l a ciudad, algunas vueltas por l a Carrera de San Francisco, y pasaba por el Ochavo y por las Carnicerías, y daba vueltas a l a Universidad, recorriendo todos los sitios, en fin, adonde solía concurrir la gente galana, valiente y alegre; veíanla dos alguaciles de la villa, y aunque la conocían, la perdonaban el abuso del traje y no se metían con ella sino para echarla un requiebro, que ella contestaba con un descocado torcimiento de boca, y l a iseguían a bandadas los galanes de todas pintas, sin que ella, seria y altiva, con una altivez que tenía mucho de desvergüenza, se dignase, no contestarles, pero ni aun mirarles, llegando fatigada a su casa, y llevando tras sí a remolque a l a madre Martina, desesperada y maldiciente, que apenas empezaba a subir por las estrechas y pendientísimas escaleras, echaba por aquella venerable boca sapos y culebras, y a decir que, con el alquiler de los vestidos y el regalar a maese Burguillos para que tuviese buenas piernas y buenos vientos para, ser podenco, y con el mal gesto de la- niña, iban a dar Jantes de veinticuatro horas en el hospicio. Mari Galana enviaba enhoramala a su fingida
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