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MADRID- SEVILLA 6 D E MARZO 1 93 0. SUELTO DE NUMERO ÍO C T S CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V I G ESIMOSEXTQ N. 8.484 Ufé ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. REDACCIÓN: P R A D O D E S A N SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y altar de la Democracia, el Sr. Sbert fué re- cual tendrá que consultar velis volis la Corocibido por la efusión juvenil, que tan gra- na en días de crisis, para que no se turbe la tamente le compensa de las persecuciones paz pública. sufridas. D e l aula al G o b i e r n o MANUEL B U E N O E l Sr. Sbert, que soportó con heroico esDe Valencia saldrá para Madrid, y destoicismo el destierro que le impuso el tira- pués, una de dos, o se decidirá a quedarse no por haber salido a la defensa de la l i- en la capital de España, estudiando las asigbertad en los procelosos días en que esa naturas que le falten para concluir su carre augusta musa de la Democracia echaba más ra, o, si él estima que un título académide menos la abnegación activa de sus pala- co, más que un certificado de competendines, ha desembarcado en Valencia, proce- cia es un rótulo de la vanidad, nada tendente de Mallorca. N i el capricho del déspo- dría de sorprendente que el Sr. Sbert enta ni su propio gusto pueden retener al dis- cauzase su vocación hacia la vida públi- E l p a l a c i o d e las D u e ñ a s o d e l o s tinguido estudiante en su tierra. ¿Qué tiem- ca. A los jóvenes que descuellan precozpo ha pasado allí últimamente? Entre el mente en la política alentados por el fuego duques de A l b a período de castigo y el de reposo ha sido del temperamento y favorecidos por las cirUno de los monumentos sevillanos de protan poco, que su rostro apenas conserva- cunstancias especiales que crea una época rá las saludables huellas del sol insular. de agitación, suele ocurriries lo que a esas piedad particular que inspiran un mayor i n- ¡Qué excusable nos parece a su edad ese muchachas muy bellas, que se ven honradas, teres arqueológico y artístico es el palacio horror por el rincón natal! Los paisajes por serlo, con la investidura de reinas en de los duques de Alba. Conócesele también por el de las Dueñas, que fueron testigos y confidentes de nues- un certamen. Sus nombres suenan y sus retros primeros pasos en la vida, no nos lla- tratos andan en los periódicos, mientras dura en recuerdo al lugar donde fué edificado: man con apremio, sino muy tarde, cuando su popularidad. Luego desaparecen del es- enfrente de aquel donde estuvieron las casas el. sentimiento de nuestra invalidez y la cenario social, reemplazadas- por otras figu- del camarero mayor del Rey D. Sancho el aprensión del no ser nos obligan a pedir a ras de actualidad y ya nadie vuelve a acor- Bravo, D. Juan Mathe de Luna, y en donde más tarde se levantó el magnífico Monasterio los. recuerdos de la adolescencia un poco de darse de ellas. Sic iremsit. de Santa María de las Dueñas, derribado la euforia que nos rehusa la decrepitud. Si ese riesgo de obscurecerse en la masa Entre la pubertad y la madurez lo que nos anónima de los ciudadanos no intimida al cuando la. Revolución de 1868. Tradicionalmente, viene el pueblo dando, atrae no es lo conocido, sino lo que, por ser- Sr. Sbert, lo probable es que el caracterizanos extraño, se nos aparece lleno de prome- do estudiante adopte la resolución irrevocable después de aquellos días de revueltas, el nomsas. ¿Cómo recriminar, pues, al Sr. Sbert de concluir su carrera, como se deciden las bre de las Dueñas al palacio de los Albas, por s is andariegas inquietudes? Derribada la reinas de la belleza, extinguido el breve pe- y el Cabildo hizo extensiva la designación a tiranía, era natural que el generoso estu- ríodo de su soberanía, a reintegrarse a la opa- toda la calle, entre las de Gerona y Doña M a diante abandonase su destierro, porque a cidad familiar. Pero ¿y si las caricias del ría Coronel. Fué fundado el dicho palacio por los i n permanecer en su isla indefinidamente el aura popular han despertado en él entusiasúnico español para quien hubiera pasado i n- mos más ambiciosos? E n el Sr. Sbert no es signes señores de Casa Bermeja, de la faadvertido aquel fausto acontecimiento habría de temer que la impremeditación tuerza su milia de los Pineda, pasando a ser de la sido el Sr. Sbert. E l solo medio que tenía destino. E n los muchos años que lleva, se- propiedad de doña Catalina de Rivera, esel Sr. Sbert para convencerse de que el sol gún parece, en la Universidad, ha contraído posa del adelantado D Pedro Enríquez, por de la Liber- tad alumbraba de nuevo los. ám- ya esa experiencia intelectual, que nos su- compra a los fundadores, quienes viéronse bitos de su Patria era arribar lo antes posi- ministran los lugares en que otros expusie- necesitados a vender la finca para rescatar ble, y por cualquier vía, a la Península. E n ron sus ideas. Su mismo apego a ese Centro con su precio al caudillo D. Juan de Pineda, el supuesto improbable de que el Sr. Sbert del saber humano, y su resistencia a aban prisionero de los moros en el desgraciado se hubiese emperezado prolongando inmo- donarlo mediante una licenciatura precipita empeño de la Ajarquía de Málaga. Y más deradamente su estancia en Mallorca, -el en- da, parece indicar que él no se encuentra a tarde pasó a ser del ducado de Alba por su tusiasmo de la clase estudiantil, impacien- gusto más que en el jocundo y romántico enlace con el marquesado de Villanueva d e l te por aclamar a su caudillo, no le hubie- ambiente estudiantil. Ensayadas victoriosa- (Río, que tuvo sus comienzos en D Fadrique ra tolerado evasivas modestas ni dilatorias mente unas aptitudes de proselitismo y de Enriquez de Rivera, perdurando la referida inoportunas. N o había, pues, mas remedio caudillaje, que son bien manifiestas, ¿quién propiedad en el presente a favor de los i n que partir, aunque el cariño familiar se obs- nos dice que ei Sr. Sbert no sueña ya con signes duques. tinase en retenerlo en su cautiverio. Con referencia a lo arqueológico, puede despedirse de títulos y de egoísmos profeLlegó, pues, el intrépido estudiante a M a- sionales, arrojándose con todo el brío de su afirmarse que cuanto queda del maravilloso drid a recoger el homenaje de sus- cámara- carácter a la conquista de un ideal político, palacio constituye un admirable testimonio das; de Madrid salió para Barcelona, y en que quizá sea todavía una nebulosa en su. de la unión de los estilos mahometano, ojival y plateresco, transición del mudejar al una y otra ciudad probó lo que ya habíamos conciencia juvenil... Renacimiento, cuya manera tenía un gran presentido nosotros: que su temperamento España es un país privilegiado. Aquí los predominio en el siglo xv. a lo Rienzi está interinamente ahogado por una vocación de tribuno, que no encontra- estadistas suelen ser menos interesantes U n experimentado crítico ha enjuiciado de rá, por desgracia, en la actualidad frecuen- cuando peinan canas que cuando se asoman este modo, ocupándose de la arquitectura imberbes a la vida pública. Viejos viven en tes ocasiones de ofrecernos la medida de sus del palacio objeto de estas líneas: L o s artívuelos, ya que en esta época de conciliación una constante vacilación entre la rutina y fices sevillanos, amaestrados o influidos por todos los elementos de la política están coin- la novedad. L a historia de nuestros desas- el estilo del Renacimiento italiano, lograron cidiendo en un programa de orden, delque tres coloniales es un De profundis entonado dejar en él muestras inequívocas de su gran probablemente será excluida la simpática por una senectud más pendiente de sus reupericia, combinando de un modo singular las clase escolar. matismos y de sus bronquitis que de las i n fantasías platerescas y sus peregrinos ornaquietudes de la Patria. -Todos aquellos anLas últimas palabras que oímos del joven tos con los atauriques y almocárabes mahocianos de la restauración, que hemos quericaudillo fueron de cordura, como corresponmetanos, y con las frondas, tracerías y flamí- do inmortalizar en estatuas destinadas a desden a los tiempos nuevos, en que todos los geros lincamientos del arte alemán, llamado plomarse solas en cuanto las sacuda el huderechos parecen garantidos en el paranintambién por excelencia cristiano racán de indiferencia de las generaciones fufo de esta Universidad de Barcelona, que A la- entrada de la espléndida mansión turas, eran más funestas y menos pintorestantas veces ha sacrificado su pasión por el cas que esta juventud de ahora, que preten- hay un gran arco blanco y amarillo, que luce estudio a su amor por la Libertad. Luego de gobernar sin haber estudiado. L o que es- en su tímpano el escudo ducal de Alba pinse embarcó para Mallorca y ahora vuelve a tamos viendo en nuestra época parece de- tado en azulejos planos. entrar en la Península por c! puerto de V a mostrar que a los poderes intermediarios Constituye esta pintura una interesante lencia, donde era de esperar que, estando que funcionan en una democracia- horma ha obra de la cerámica trianera, ejecutada a los estudiantes tan dispuestos como sus cavenido a incorporarse otro que no había pre- fines del siglo x v n o a principios del x v i r r maradas de todas las provincias a inmolar visto Montesquieu; la juventud escolar, a la Sigue al arco aludido un amplísimo jarsus nobles impaciencias intelectuales en el EL NUEVO PODER MONUMENTOS QUEOLÓGICOS VILLANOS ARSE-
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