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del otro, que dice a la vez abarcamiento y previsión, comprensión completa de los elementos del presente y esperanza en las posibilidades del futuro. U n mirar así constituye una garantía. Toda, en la formidable tarea, ha de ser poca. H a b r á a cada minuto que saber dónde está el Erasmo- -el buen ejemplar de Erasmo en la librería- -y saber dónde está el sarcoma, el apurado caso clínico en las camas del hospital. H a b r á además, que adelantarse hasta el rincón en que puede germinar la polilla y hasta el rincón en donde puede germinar el conflicto. A veces me complazco en imaginar al censo de la cultura en España como una hueste. Capitán Artigas, capitán Albo, bien se os debe una mención en este orden del d í a que llamo Glosas EUGENIO D ORS EVOCACIONES LLANAS SEVI- Martinito, el duende Martinito no deja en paz a los buenos vecinos del barrio de Santa Cruz. L e ayuda en sus pavorosas empresas, que a nocturno emprende, la angostura de las calles de su demarcación, retorcidas y tan sonoras, que hacen escandaloso el suspiro- y h u r a c á n la brisa tácita. Los ojos asustadizos y querenciosos del miedo, ¿qué duendes no inventarán, si las luces inquietan formas desmesuradas en las esquinas movibles de papel? E n la ramazón negra de los balcones, la maceta propala su mismo tallo, dolorido contra el reflejo. N i de la luna, alegre y sedante sobre el campo, v e n d r á su serenidad: con luna verdean las paredes, en el color de los fuegos fatuos, el del veneno y el de la pesadilla. A todo ello añádase lo que significaba el barrio de Santa Cruz en los años de Martinito. U n escritor contemporáneo, describe que en é! la luz del sol parece menos brillante, y UN EFECTO D E ESCENOGRAFÍA MODERNA E N E L SEVILLANO BARRIO DE SANTA CRUZ la limpidez de nuestro cielo es a los ojos menos pura. Hasta los edificios se diferencian, por lo genera de los del resto de la metrópoli, por su antigua estructura y extravagante repartimiento. Poco diferente, en verdad, de lo que habitaban los hebreos en el siglo x n i r sus casas de tinte amarillento, con ajimeces moriscos y arcos de herradura o peraltados; los zocos pequeños, las calles muy angostas, apenas daban paso a una persona; el aspecto sucio y maloliente daba mediana idea de la higiene de sus habitantes E n la antigua calle del Chorro, que iba- -y va- -desde los Venerables, Hospicio fundado por Justino de Nevé, de quien ella tiene el nombre hoy, hasta el Muro del Agua, a cuya música incesante debió el primitivo, estuvo la casa del duende Martinito, A ú n se hallaba entonces seguro, en su bóveda de la parroquia de Santa Cruz, destruida en los tiempos de la Invasión, Bartolomé Esteban Murillo, cuya piadosa memoria guarda el mármol de la plaza popularísirna. Cada recodo era una puerta evocadora de amores y tragedias. L a calle del Moro Muerto- -hoy Reinoso- -parecía evocar aún la lividez de la mañana que vio sobre sus piedras menudas un cuerpo atravesado de saetas. Y a su vuelta, la calle de Barrabás- -Lope de Rueda, v i gente- -retenía el nombre del presunto asesino, judío espía de Trastamara y celoso enamorado de Esther, hija del físico más famoso de su época, de proverbial belleza en Sevilla. De su raza y arrogante, hasta ser conocida por la hermosa hembra S u sona, delatora de Ja conjuración capitaneada por su padre Susón, y que vivió entretenida en malos amores, con el arrepentimiento de la muerte mandó colgar su cabeza en la ventana de las liviandades, abierta a la calle que nombramos como a ella. Se supone aquí cerca la improbable anécdota de Manara, espectador de su propio entierro, episodio tan i n corporado a la literatura como distante de la auténtica y documental existencia del H u m i l de Siervo de Dios. N o e x t r a ñ a que la primera sospecha de algo sobrenatural sea tan bien acogida y tan rápidamente corporeizada en las tertulias, trastiendas y hablillas callejeras de Santa Cruz. Las monjas de la Encarnación pedían la confusión del espíritu maligno, al que al- LA PLAZA I E SANTA MARTA, E N SEVILLA, DE N O C H E LA C A L L E D E LA VIDA. ENTRE LOS ARBOLES, E L RESPLANDOR D E LA GIRALDA, ILUMINADA. (FOTOS DÍAZ MURGA)
 // Cambio Nodo4-Sevilla